El carro volcado

Martes, 13 septiembre, 2011

Venía un hombre caminado por un estrecho y poco transitado camino, al girar en una curva, pocos metros mas adelante, se encuentra frente a un pesado carro que había volcado y le impedía el paso.
El campesino que conducía el carro, y que había estado en vano intentando ponerlo nuevamente en pie, le pidió al viajero que le ayudase a levantarlo.
¿Como podrían solo dos hombres levantar una carga tan grande? se pregunto el hombre. Así que le contesto:
-Es inútil. No podremos. Es imposible.
Entonces, el campesino le miró un poco enfadado y con educación pero con firmeza le dijo:
-¡Claro que podemos, pero tu no quieres! ¡Esa es la verdad! ¡No quieres, en realidad no quieres!
El viajero, para demostrar al campesino que no se trataba de eso, puso manos a la obra de inmediato. Busco entre la maleza y encontró unos maderos. Con esfuerzo ayudó al campesino a introducirlos bajo las ruedas. Luego con otra rama grande hizo una especie de palanca. Ambos hombres, hicieron fuerza y contrapeso con todas sus fuerzas. Los bueyes también tiraban. El carro oscilo, parecía enderezarse pero costaba. Se movió un poco. Tomaron aliento y con un nuevo esfuerzo, consiguieron enderezarlo.
El campesino acaricio el lomo de sus bueyes, que jadeaban y volvió a colocar la carga en su sitio.
Poco tiempo después el carro,  tirado por los bueyes, se puso en marcha. El viajero le dijo al campesino:
-Permíteme que te acompañe durante este tramo del camino.
-Con mucho gusto, será un placer. ¡Acompáñame! le dijo el campesino
Se pusieron a andar uno al lado del otro. Tras unos momentos de silencio, el viajero le pregunto al campesino:
-¿Cómo es que has podido pensar que yo no quería ayudarte?
-Precisamente lo he pensado porque tu dijiste que no podías. Y nadie sabe que no puede hacer algo antes de haberlo intentado verdaderamente…
-Pero parecías tan seguro de que podríamos hacerlo ¿Por qué estabas tan seguro? Volvió a preguntar el viajero
-Bueno. Era solo una idea. Eso es todo.
-¿Que quieres decir con eso de que era solo una idea, eso es todo?
-¡Pero, que insistencia!  ¿En verdad quieres saberlo? -Si, dijo el viajero.
– Pues bien, se me ocurrió al verte aparecer. Pensé que Alguien podía haberte enviado a mi encuentro.

-¿Cómo?, pregunto el viajero. ¿Entonces tu crees que tu carro se ha volcado, sólo para que yo pudiese ayudarte?
-¡Pues claro! Ahora ya estoy prácticamente seguro ¿Qué otra razón podría haber, amigo? -dijo el campesino, sonriendo antes de despedirse…

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