Estamos de fiesta en Asturias. Hoy es la fiesta de la Santina, advocación cariñosa con la que llaman aquí a la Virgen de Covadonga, y esta noche hubo Vigilia mariana en torno a la Cueva y está mañana estará a rebosar de hijos que van a felicitar el cumpleaños a Su Madre, madre espiritual de Asturias y de España como a los astures gústales decir.

La fecha de su nacimiento el 8 de septiembre es exactamente nueve meses después de la Inmaculada Concepción (8 de diciembre). Y es que se trata de un cumpleaños singular, porque si nos preguntáramos ¿cuántos años cumple la Virgen hoy? Habría que responder que para Ella el tiempo ya no pasa, porque ha alcanzado la plenitud de la edad, esa juventud eterna y plena que nace la participación en la juventud de Dios que, según san Agustín es el más joven de todos.

¿Qué hacemos, en el fondo, cuando celebramos un cumpleaños? Celebrar el cumpleaños de alguien querido es festejar que está con nosotros, que existe tal como es, que vive entre nosotros y queremos compartir con él la alegría de tenerle con nosotros, la alegría de que haya nacido y podamos quererle. Celebrar un cumpleaños es decir al interesado: “es muy bueno que existas”. Y cuando hacemos un regalo a alguien le decimos en el fondo que se trata solo de una correspondencia al regalo de su presencia entre nosotros.

Por eso hoy a la Virgen María le vamos a dar gracias por existir. Porque el regalo es Ella. Y antes de pensar en hacerle nosotros algún regalo –pobre porque podemos poco-, vamos a saborear con inmenso gozo lo que significa en nuestra vida el regalo de María.

¿Qué hubiera ocurrido si el día que hoy celebramos no lo pudiéramos celebrar porque no tuviéramos a la Santísima Virgen? Yo recorro mi vida, desde que nací hasta hoy… y me entra un ligero escalofrió, porque a Ella me ofrecieron nada más nacer, y tengo la certeza de que a Ella le debo la vocación y la perseverancia en el sacerdocio. ¡Cuántas veces la invoqué de joven adolescente y acudió en mi auxilio! Cuantas  ocasiones Ella estuvo ahí dándome la fortaleza que necesitaba. Cuantas las decisiones tomadas bajo su amparo… Me resulta muy difícil imaginar mi vida sin su presencia maternal y cariñosa…

No te parece que la Santísima Virgen es un extraordinario obsequio de Dios en tu vida. Y ahora al pensar en nuestro regalo a María hoy ¿Cómo la obsequiaremos? Pueden ser unas palabras amables, pueden ser –junto a las palabras- algunas pruebas de sacrificio o un regalo.. Echamos una mirada a nuestra vida, y ¿hay allí algo para entregárselo? ¿Hay alguna flor, alguna fragancia, algún aroma? Poca cosa encontramos ¿verdad? Hasta es posible que en el jardín de nuestra alma encontremos más espinas y cardos que flores y frutos. No te importe: es la hora de decirle a tu Madre: ya ves lo que tengo, no se dar más que esto, pero Madre, seguiré trabajando en este jardín; seguiré luchando un día tras otro, para lograr que los días que celebremos en la Iglesia tus otras fiestas puede ofrecerte, ya con las flores de ternura crecidas, un bonito ramillete de amor.

Y mientras tanto te rezo esta oración que aprendí de pequeño de labios de mi madre: ” yo te ofrezco, en este día / alma, vida y corazón / mírame con compasión / ¡No me dejes, Madre mía!”…

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