“Ser cónyuge”

Viernes, 5 agosto, 2011

Pienso que todos podemos estar de acuerdo en que el ser humano existe como persona femenina y como persona masculina, es decir, como mujer o varón. En él la sexualidad es algo que empapa “al todo” de la persona. Todo en el ser humano se ordena al amor. Y más su aspecto “esponsal” (entendido como el amor a un varón o a una mujer), pues en este caso se ordena a un amor comprometido, es decir, más capaz establecer un orden de preferencia entre los demás amores.

Aunque parezca obvio, conviene recordar que casarse es “hacerse esposa/a”, comenzar a ser cónyuge. Es decir, cada uno comienza a querer al otro no solo como se quiere a sí mismo, sino con el mismo amor con que se quiere a sí mismo (cfr. Santo Tomás de Aquino).

Ser cónyuge, ser esposo, es un rasgo de identidad que se instala en el mismo ser: “soy” cónyuge. Por ejemplo, uno puede echar café y echar leche en un mismo recipiente: pero si lo hace, ya no hay café y leche separadamente, sino “café-con-leche”. Uno puede detener el río con una presa: pero si la abre no puede ya hacer ir para atrás la corriente.

Uno es cónyuge de la misma manera que uno es madre, padre, hija o hermano. Incluso de un modo más fuerte porque ha intervenido muy expresamente la libertad de la persona.

Aquí os dejo con estas breves reflexiones. Espero que os aprovechen. Espero estar de vuelta y con conexión de internet dentro de poco. Saludos desde Brañillín.

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