Contrasta las prisas de los apóstoles con la actitud del Señor: Al atardecer se acercaron sus discípulos y le dijeron: El lugar es desierto y ya ha pasado la hora; despide a la gente para que vayan a las aldeas a comprarse alimentos. Pero Jesús les dijo: No, no tienen necesidad de irse. (Mt 14, 15-16). El Señor quiere estar con nosotros, no quiere despedirnos, quiere que nos quedemos con Él, y hace el milagro: inventa la eucaristía. Y es que no son buenas las prisas para las cosas del amor, el amor sabe esperar.

Y es que la Eucaristía es cosa de Amor: es la presencia amorosa de un Dios que se entrega por nosotros: “Considerad la experiencia, tan humana, de la despedida de dos personas que se quieren. Desearían estar siempre juntas, pero el deber -el que sea- les obliga a alejarse. Su afán sería continuar sin separarse, y no pueden. El amor del hombre, que por grande que sea es limitado, recurre a un símbolo: los que se despiden se cambian un recuerdo, quizá una fotografía, con una dedicatoria tan encendida, que sorprende que no arda la cartulina. No logran hacer más porque el poder de las criaturas no llega tan lejos como su querer. Lo que nosotros no podemos, lo puede el Señor. Jesucristo, perfecto Dios y perfecto Hombre, no deja un símbolo, sino la realidad: se queda El mismo. (Es Cristo que pasa, 83).

Se lee en el Cantar de los Cantares el sobresalto que le causa al alma la cercanía del Señor: ¡La voz de mi amado! Helo aquí que ya viene, saltando por los montes, brincando por los collados. Semejante es mi amado a una gacela, o un joven cervatillo. Vedle ya que se para detrás de nuestra cerca, mira por las ventanas, atisba por las celosías. (Ct 2,8-9). Ha sido frecuente ver en esas ventanas o celosías a las que se refiere el Cantar, una imagen de la Eucaristía. Es como Dios se asomase desde el cielo y por medio de las celosías o ventanas formadas por un mosaico de los miles de sagrarios del mundo, nos buscara. Sí, es la imagen de un Dios enamorado que nos busca y nos espera, e inventa la Eucaristía para poder llegar hasta nosotros.

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