“Juan le decía: no te es lícito tenerla…” (Mt 14,4). Detrás de muchos problemas morales lo que se esconde es falta de fe y falta de formación… Hoy he vuelto a leer este gran relato de José-Fernando Rey Ballesteros: Un minuto de vértigo. Y como me ha parecido que venía como anillo a la frase del evangelio, os lo copio:

“Entró en mi despacho un hombre a quien no conocía de nada. Él tampoco me había visto nunca; ni tan siquiera había entrado en la iglesia con anterioridad. “Mire, padre” -me dijo- “realmente no sé qué hago aquí. Pero hoy voy a comenzar a vivir con una mujer que no es la mujer con quien me casé hace diez años, y, al pasar por delante de la iglesia, he sentido con muchísima fuerza que tenía que decírselo a un sacerdote. Por eso he entrado”.

No dudé, ni por un momento, de que a aquel hombre me lo enviaba Dios. Se trataba de un “rescate de última hora”, de un salvavidas lanzado “in extremis”, y ese salvavidas, el bote que debía recoger al náufrago para devolverlo al barco -como nos sucede muchas veces a los sacerdotes- era yo. Por tanto, dejé todo lo que estaba haciendo y me dispuse a escuchar atentamente.

Cuando mi visitante terminó su discurso y enjugó sus lágrimas, le expliqué, intentando aderezar el respeto a la verdad con la delicadeza requerida por la situación, cuál es la doctrina del Evangelio respecto a circunstancias como la suya, y le confirmé -él ya se lo temía- que sus proyectos iban contra el plan de Dios. Le animé a ser fiel a una mujer de la que llevaba dos años separado, pero a quien le unía una promesa sacratísima realizada ante el altar… Nadie hubiera dado un céntimo por mis palabras en semejante momento. Y, sin embargo, yo notaba que aquel hombre asentía mientras le hablaba, y se decidía a obedecer la Ley de Dios mientras las lágrimas caían por sus mejillas como si algo se estuviera fundiendo detrás de sus ojos. Se estaban gestando un “sí”, un “sí” que nacía entre grandes dolores y se lanzaba al camino que han transitado los santos.

Pero, de repente, aquel proceso de muerte y de vida que estaba teniendo lugar en su interior se paró en seco. Como si despertara de un sueño, mi interlocutor me miró extrañado y, cuando creí que iba a preguntarme: “¿Qué hacemos usted y yo aquí?”, abrió sus labios para dirigirme una pregunta aún más punzante: “Oiga, y si, al final, todo esto mentira… ¿qué?”.

Me quedé helado por dentro. “Si, al final, todo esto es mentira” -pensé- “yo soy mucho más idiota que usted, pero usted tiene derecho al segundo puesto”. Desde luego, no se lo dije. Pero me di cuenta de que, quizás por primera vez, aquella persona estaba arriesgando su vida por Dios. Había puesto cuanto tenía en sus manos, y sentía el vértigo de quien se lo está jugando absolutamente todo. No supo, no quiso afrontar el envite. Se levantó y se marchó de mi despacho tal como había entrado.

Yo no moví un músculo. Había demasiado trabajo dentro de mí como para gastar energías fuera. “Si, al final, todo esto es mentira”… Me acordé de muchas personas a quienes conocía y trataba a diario… “Éstos podrán decir que tampoco les ha ido tan mal. Han vivido, han disfrutado, ha tenido salud, dinero y amor, y, además, han dormido tranquilos con la ilusión de un dios que les cuidaba. Podrían decir que han perdido media hora a la semana en asistir a misa -no mucho más de media hora, porque buscan siempre la misa más breve-, pero, de otro modo, la hubieran gastado en no hacer nada, como les sucede a muchos. Aparte de eso, su vida no ha sido menos gratificante que las de millones de personas que no creen en Dios. Si, al final, todo esto es mentira, no creo que tengan motivos para sentirse idiotas. Sin embargo, cerca de la parroquia vive, en un piso de apenas cien metros cuadrados, un matrimonio que, por amor a Dios, ha tenido once hijos. Nunca han disfrutado de vacaciones, pasan frío en invierno y calor en verano… De haberse conformado con uno o dos niños, habrían podido vivir en un chalet con todas las comodidades del mundo… Si, al final, todo esto es mentira, este matrimonio ha actuado como un par de idiotas. Y yo…”. Ahí lo dejé. Yo sé que “todo esto” es Verdad. Lo que es mentira es la juventud de la mujer con quien el hombre de mi despacho iba a comenzar a vivir. Aquí si que podíamos tener certeza absoluta: esa juventud se marchitaría como se marchitan todas las flores de este mundo.

Di gracias a Dios por mi “apuesta”; me alegro, como el matrimonio en quien pensé, de habérmelo jugado todo. Y sigo creyendo que no es posible experimentar la aventura de ser cristiano cuando todo lo que uno tiene que perder por Cristo se reduce a “media hora a la semana”. Y usted, amigo lector… ¿Qué?” Leer el resto de esta entrada »

Llevo unos días en Brañillín descansando y estudiando un poco de Escritura Sagrada. Un buen amigo, D. José Antonio Íñiguez, me envía este escrito que me ha parecido tan sugerente que lo pongo en el blog.

En la trilogía de ciencia ficción de Frank Herbert, titulada Dune, cada capítulo comienza por una máxima que se supone escrita por una Princesa filósofa hace miles de años. Una de estas máximas afirme: «La verdad, cuando se la agota, sufre.»
En efecto, sufre porque, al agotarla ya no da más de sí y lo que se sigue escribiendo sobre ella cae en el reino de la fantasía, escapa de le verdad.
Esto puede ocurrir con la investigación sobre la Sagrada Escritura, tanto en lo que se refiere a su contenido como a su texto, la trasmisión del mismo y a quien sea su autor.
Y puede ocurrir que al final de su trabajo, el estudioso se sienta con una fe menos firme, llena de dudas sobre si los Evangelistas son los autores de los Evangelios, sobre si éstos contienen la vida y las palabras de Jesús, sobre si todo no será una expresión de la fe de la Iglesia primitiva del siglo I y II, por supuesto, así querida por el Espíritu Santo, etc.
Esto sucede porque no se han manejado con exactitud las leyes del estudio y de la investigación histórica.
Para salir al paso de este peligro, comencemos por diferenciar las tres clases de verdad que se pueden dar en el entendimiento humano, al investigar tres tipos de realidades.
Primero, la verdad metafísica: se origina por la comparación de los términos de una proposición abstracta, por ejemplo: «el todo es mayor que una parte del mismo,»
Segundo, la verdad experimental que bien puede llamarse verdad estadística, y que procede de la observación del mismo resultado para la conjunción de los mismos elementos físicos, y se afirma cuando el número de observaciones parece suficiente.
Tercero, la verdad histórica, que procede de poseer un numero suficiente de testigos aptos del suceso que se investiga.
Si se mezclan elementos propios de otra verdad al estudio del fenómeno, las consecuencias son fatales.
Pondré un ejemplo, imaginario, que puede aclarar eficazmente todo lo expuesto anteriormente.
“¿Es Vd. D. José Antonio Íñiguez?”.
“Sí”
“¿Sus padres fuer6n Francisco Iñiguez Almech y Pilar Herrero Serra?”.
“Sí”.
“¿Cómo lo sabe?”
“Porque los dos últimos me han llamado siempre su hijo, mis abuelos su nieto, mis tíos y tías su sobrino, mis primos su primo, figuro así en el NDI…?”
“¿Es verdad que nació en Alcalá de Henares?”.
“Sí.”
“En una finca de su abuelo que estaba junto a la zona de los gitanos?”
“Sí. En la Calle de la Estacón.”
“¿Y no pudo ocurrir que , cuando fueron sus padre allí, de recién casados, vieron a un gitanillo recién nacido que le llevaban para dejarle en la Inclusa, les dio pena, le cogieron de sus padres y le inscribieron en el Registro como suyo?”
“¡Hombre! Posible, es.”
“Entonces, no puede Vd. Estar seguro de ser hijo de sus padres.
Si esto fuera así verdadero, todo el mundo necesitaría hacerse una prueba de ADN para confirmar su filiación, lo que es una locura.
¿Qué ha ocurrido en el ejemplo? Pues que se ha mezclado una pregunta propia de la verdad metafísica “¿no pudo suceder?” en un tema propio de la verdad histórica. Teóricamente en cualquier caso puede suceder cualquier cosa. Quien otorga la certeza sobre que algo haya sucedido son sólo los testigos y sus testimonios, como hemos visto. En el caso anterior se ha matado al mensajero y nos hemos quedado con un menaje imaginario. Leer el resto de esta entrada »

Bueno, llevo dos días en Brañillín, en un albergue cerca del puerto de Pajares- Si no me equivoco estamos a unos 1500 metros de altitud y lo que si os aseguro es que hace bastante fresco, y las nubes en forma de niebla son compañeras habituales de por aquí. Estaré unas semanas. El problema es el de siempre que aquí no hay internet. Sí, no hay internet. Y además el teléfono tampoco va muy bien. Así que vuelvo a pediros disculpas, porque habrá días que no podré poner nada.

Creo en internet: vídeo

Lunes, 25 julio, 2011

Me envía este vídeo estupendo Antonio González y la actividad Congreso “Creo en internet”: cómo educa internet, menores ante la red y valores en internet, que ha organizado me parece genial. Enhorabuena:

Ya solo quedan 24 días

Domingo, 24 julio, 2011

Spot Madrid es Joven JMJ 2011 – Madrid is Young WYD 2011

“La pérdida de la inocencia”

Sábado, 23 julio, 2011

Anders Behring Breivik,

“La pérdida de la inocencia”, titulaba esta mañana una de sus piezas la BBC sobre la tragedia noruega. Copio este texto del blog papeles pintadosç porque me parece iluminador de lo que puede haber pasado en el atentado de Oslo

“Si hay un fenómeno que ha marcado el mundo editorial mundial en los últimos años es el boom de las novelas negras nórdicas. Son países muy diferentes y también son autores muy diferentes; pero tienen características en común, los países y los escritores. Los estados nórdicos han sido siempre un ejemplo de sociedades extremadamente avanzadas: en los derechos de las mujeres o en su capacidad para acoger  refugiados, en su apuesta por la justicia social, sus sistemas de salud… Como ha escrito el periodista Misha Glenny, “Noruega es el único país del mundo que utiliza sus inmensas reservas de petróleo para ayudar a los desposeídos del mundo, el país más admirable”. Sin embargo, las novelas negras que producen estos países reflejan una profunda inquietud, un sentimiento extremo de que algo va mal. Los autores más famosos, Henning Mankell y su detective Kurt Wallander y el fallecido Stieg Larsson y su extraño mundo de hackers, periodistas, asesinos, violadores y sádicos de todo pelaje, reflejan en sus libros ese malestar, ese mal que ha aparecido el viernes en el centro de Oslo y en la isla Utoya.” (…) (Stieg Larsson en) Milenium, tres volúmenes de casi mil páginas cada uno, refleja incluso con más oscuridad que Mankell ese malestar en el paraíso del frío: torturas, magnates siniestros, asesinatos, venganzas nunca olvidadas. Pero Larsson, que como reportero conoció muy de cerca los círculos de la ultraderecha nórdica, describió sobre todo una sociedad que se alejaba lentamente de la utopía para sumergirse en la realidad de un mundo herido y violento. En el fondo, nos cuentan que no existen sociedades perfectas, sólo seres humanos.

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Un poco de humor con la ONCE

Sábado, 23 julio, 2011

Simplemente genial. además soñar no cuesta nada:

 

 

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