Pentecostes… Amor que fluye

Miércoles, 8 junio, 2011

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos”… “Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar” El comienzo de la Iglesia no fue muy épico que digamos, unos hombres asustados detrás de una puerta cerrada. Aquellos hombres tenían fe, pero la fe estaba encerrada por la desconfianza tras los cerrojos del Cenáculo. “Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos”… “De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban”… Pero, como siempre, tuvo que intervenir Él. Al principio fue un soplo suave como una brisa, pero después fue un ruido ardiente, apasionado, como un grito capaza de hacer saltar por los aires todo aquel cobarde retraimiento.

Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno”… Me parece que sólo quien ha amado ha sentido este fuego. Quienes viven enamorados saben que es sentir abrasarse el corazón. El Espíritu Santo, que es el Amor de Dios hecho Persona, es fuego que incendia y quema purificando todo lo que toca. Lo sabe bien el hombre viejo ve como en medio de un dolor gozoso, la marca del pecado se va deshaciendo, y se van grabado a fuego en el alma los rasgos de Cristo. Se van fundiendo en el Amor de Dios todos los egoísmos que impedían sanar las heridas.

Y es que la santidad no está en el mucho correr o esforzarse, sino en sentirse amado y amar hasta más allá de donde seamos capaces. Por eso el Espíritu Santo es “Amor”… Amor que fluye entre el Padre y el Hijo; Amor que el Hijo derrama sobre los hombres; Amor que llena el alma hasta hacerla rebosar de gozo…

Qué fácil es entonces escuchar al Maestro decir: “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”… “Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras”… ¡Venga, vamos a llenar el mundo de Dios! Unidos a ti, Madre Nuestra, vamos a prepararnos para la venida del Paráclito, para que nos haga cristianos valientes, locos de Amor ¡Ven, Espíritu Santo!

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