El tranquilo mediador

Jueves, 21 abril, 2011

Seguimos con los caracteres humanos. Esta vez le toca al tranquilo. Aquí ponemos algunas características que nos parecen más significativas. Estas ideas están sacadas de varias páginas de internet, de la observación personal y de comentarios de algunos buenos amigos.

Definición

Es la resistencia a profundizar en uno mismo. Vive como anestesiado con respecto a sí mismo, desconectado de sus propias emociones y pensamientos, y evitando inconsciente todo lo que pueda despertarlo de su “sueño” existencial. Al no estar en contacto con sus propias necesidades, suelen vivir la vida a través de la de otros, volcándose en proyectos ajenos. Prefiere dejar a otros, evitando los conflictos y no afrontando los problemas.

Es el tipo sobreadaptado, conformista y bondadoso, aparentemente tranquilo. Alguien de quien se dice “no tiene personalidad”. Tiene mucha dificultad para las confrontaciones directas y suele transigir demasiado o minimizar los conflictos por mantener la paz. Es la persona que en aras de “no tener problemas con nadie”, por la mañana está de acuerdo con alguien y por la tarde con otro, así entre ambos haya diferencias grandes de opiniones. Pueden llegar a ser obsesivamente ambivalente, considerando todos los puntos de vista.

Es la tendencia a abandonarse, a inactividad, a dejar para mañana lo que tendría que haber hecho hoy, a dejarse influir por el humor del momento o por las decisiones de los demás. Sus desasosiegos son las “omisiones” y las cosas que no han hecho, las oportunidades que han perdido y las cualidades que han reprimido y han mantenido ocultas.

De aspecto sano, se parecen al campesino satisfecho, Sancho Panza. Tapan la realidad para no enfrentar el dolor. “La vida es simple, no sé por qué la gente se complica“. Aparenta no tener problemas, si bien va experimentando un empobrecimiento.

Manifestaciones

Este carácter  puede presentar las siguientes manifestaciones:

- La resistencia al cambio. La acidia o pereza psicológica es una inercia espiritual, que entraña no sólo un no querer saber —una «política de avestruz»—, sino una sobreestabilidad, una resistencia al cambio. Se trata, por lo general, de una persona sobreadaptada a los deseos de los demás, demasiado complaciente y de poca iniciativa. Su estado interior es algo así como un ir medio dormido, medio muerto por la vida. Se trata de un carácter desapasionado, flemático, aunque frecuentemente el apagamiento de sus deseos personales coincide con una disposición jovial y gregaria. En las relaciones humanas, sin embargo, es una  persona demasiado abnegada, demasiado resignada, pasiva, conformista; es generalmente una persona sencilla, «sin problemas» —aparte de su excesiva intolerancia a lo problemático y su excesiva dificultad a la hora de decir «no», que a menudo la hace blanco de la explotación.

- El olvido de sí mismo: es debido a la dificultad para la introspección y para la conciencia de las propias necesidades. Renuncia a sus deseos por responder a las expectativas ajenas. Tendencia a desacreditarse. Necesidad de pasar inadvertido. Se encargan de mantener la paz, de mediar, de estar de acuerdo con los otros. No discuten nada, enseguida asumen la opinión ajena. Son lentos, se pierden en los detalles y dan rodeos. No llegan al grano de la cuestión. Sin embargo toda esa tolerancia guarda dentro de ellos mucha ira o rabia. Contienen la ira pero la expresan como terquedad y agresión pasiva.

- La compensación: busca compensaciones que de algún modo llenan el vacio de la inercia de su vida con actividades  como la dependencia del alcohol, de la comida, de la televisión, de la lectura o de un hobby. Trata de narcotizarse para no enfrentarse a las situaciones difíciles.

Los acidiosos, y particularmente un subgrupo de ellos, se permiten, sin embargo, una forma especial de amarse a sí mismos, una forma particular de amor a sí mismos que es a la vez una desviación o perversión: el amor comodidad. Por mucho trabajo que pueda dar el ponerse cómodo, es un sustituto del verdadero amor a sí mismo, un compensar a través de la comodidad, el no conflicto y la suavidad una frustración más profunda. Expresiones de ese amor comodidad son, el alcohol, el tabaco y el comer. El efecto inalcanzable, es sustituido por tales estímulos.

- La distracción: como no tiene objetivos de fondo hacia los que orientar el propio esfuerzo, tiende a despilfarrar las energías en intereses del momento. Por cuanto la adaptación a los deseos y exigencias ajenas se hace predominantemente a través de la conducta, su amor es un amor activo. Tiene mucho de madre, como si el dador se identificara con el rol de madre; aunque en su momento le faltó un profundo amor y se ha resignado a no sentirlo, sin embargo es como si quisiera llenar esa carencia con su propio dar a otro, proyectando su necesidad en un tercero. La renuncia es altruista y la necesidad del otro pasa a ser la propia, el otro pasa a ser, pues, un sustituto de sí, de su ser.

- Cantidad sin calidad: el amor institucional del perezoso puede tener un aspecto aberrante como abnegación o benevolencia sin la experiencia del amor (caridad sin cariño). Se trata de un amor institucionalizado, ajustado a un rol social acostumbrado. La desatención o desinterés con respecto a la experiencia más íntima del otro se puede entender como una revancha por su excesiva deferencia para con el otro: una «agresión pasiva». Otras formas de lo mismo son la  negligencia, los actos fallidos, los olvidos e, incluso, la obediencia automática cuando ésta resulta destructiva.

- Intensidad a través de las pertenencias: La imagen que tiene de sí mismo está mediatizada por sus contextos de pertenencia a la familia, al ambiente de trabajo o el grupo de amistades, etc., que contribuyen a definir sus funciones y su identidad. La búsqueda de “fusión” con los demás es para compensar su débil identidad personal.

Resumiendo:

Nombres: el perezoso amable, el sociable, el pacificador, el mediador, el conciliador, el árbitro, el soñador

Pasión: Pereza, desinterés, desidia

Desea: Que lo quieran y que se mantengan unido a él. Estar tranquilo, en paz. Por eso se ve así mismo: Como una persona tranquila, serena y relajada; que todo está bien y no hay por qué preocuparse. Su pensamiento íntimo es: “Yo estoy bien si juego a tu juego”. “Tú estás bien si me dejas jugar a tu juego”.

Teme: Tener que separarse, perder la conexión, la fragmentación. Y por eso huye de los conflictos.

Su tentación es: Olvidarse de sí mismo y acomodarse como sea. Por eso se queja: De que le presionan y quieren hacerle cambiar. Pero el deseo de estar en paz, puede degenerar en terca negligencia.

Automatismo: pasar de todo, que nada perturbe su tranquilidad. Por eso su trampa: es la indolencia.

El Perezoso se dice a sí mismo: “Si yo puedo mantener mi mente abierta a todas las posibles estrategias y conservar las relaciones con todos,  quizá estaré seguro”. Por eso los demás le dicen: “Despierta, muévete, enójate, defiéndete, no te dejes.”

Su interés y preocupación se centra más en la resistencia y control del entorno, por eso a veces reaccionan con agresividad pasiva y testarudez, que son expresión de la represión de la ira que llevan dentro.

Infancia

Fueron niños que quizás se sintieron ignorados durante su infancia, no se sentían escuchados y las necesidades de los demás eran más importantes que las propias. Se adormecieron y olvidaron sus verdaderos deseos procurándose pequeñas comodidades como sustitutos para el amor. Al darse cuenta de que sus prioridades probablemente no serían consideradas, aprendieron a anestesiarse y a olvidarse de sí mismos. Aprendieron a perder el contacto de lo que ellos quieren, fusionándose con los deseos de los demás. Por eso, tienen dificultad en decir que no. Al entablar una relación ni siquiera se han preguntado su necesidad sino la del otro.

Más inconscientemente que en otros caracteres, sin embargo, se trata de un amor seductor por cuanto la persona empezó pronto a sentir que necesitaba renunciar a sus propios intereses para ser aceptable. Tal vez no estaba segura de su situación familiar -como en el caso de un niño adoptado- y ha sentido que no merece, que no está a la altura, que podría perder su lugar. O ha sido el séptimo hijo de una familia de diez y, para hacerse ver y escuchar, para sobresalir, no ha encontrado otra manera de hacerlo que no dando problemas. En otras palabras, su regalo a los padres es la negación de su necesidad, de su frustración, de su reclamo o exigencia.

Otra posibilidad es que recibieran una gran protección y llegaron así a identificarse plenamente con sus padres. No aprendieron a ser ellos mismos, necesitando a otra persona de la que depender para manifestar su identificación. Buenos chicos. Buscan estar bien con todos, se retiran de las riñas y discusiones. Se sienten insignificantes e ignorados.

Recomendaciones a seguir

Consejos

Conectarse con el cuerpo y con cuidarse. Que adviertan cómo y cuándo “bajan el volumen” de sus sentimientos y sus estados de ánimo. Que detecten el continuo olvido de sí mismo en función de cualquier otra necesidad de otro.

Lograr mostrarles que la desesperanza (es bueno que conecten con ella y con sus pocas ganas de vivir) actúa en ellos como un mecanismo y no debido a razones objetivas.

Han de ejercitarse en conectar con el sentido y propósito de su vida.

Evitar a toda costa presionarles.

Virtudes

Los mediadores mejoran mucho desarrollando la virtud de la diligencia (del lat.”diligere” = amar con predilección). No lleva a las cosas automáticamente (piloto automático), sino todo lo contrario, se trata de un amor lúcido y activo, un amor que “hace” porque antes experimentó la presencia interior y transcendente del “Bonum diffusivum sui“: del Bien que se difunde y expande por sí mismo.  

Esta virtud se cultiva mediante la práctica de actitudes como las siguientes:

-         asumir la responsabilidad por los dones recibidos, implicándose en la vida y con los demás. El Señor espolea: ¿Qué hiciste con tu talento perezoso?

-         encender el fuego interior de la motivación y apretar algo más el acelerador.

-         afirmar el propio valor y dignidad, conscientes de que no es posible amar al prójimo sin amarse a uno mismo.

-         desarrollar la pasión por la vida, sacando a la luz las propias energías y capacidades. Amar al mundo apasionadamente.

-         expresar las opiniones propias y afrontar de manera constructiva los conflictos y las diferencias, evitando hacer creer a toda costa que todo es paz y armonía.

-         establecer límites y plazos en la realización de los proyectos, sin perderse en infinitas distracciones o cosas no esenciales.

-         aprender a centrar la atención tomando la iniciativa, estableciendo prioridades y tomando decisiones.

Espiritualidad

Aunque todo parece ser paz y amor, dada su característica adaptabilidad y capacidad para desaparecer en medio de los demás, pero detrás de esa aparente armonía interna, el perezoso esconde un profundo adormecimiento espiritual; y un intento de no ser molestado por nada ni por nadie para gozar, imperturbable, de su mundo de fantasías ó falso santuario interior.

Se puede pensar en el amor perezoso como el de alguien que no está plenamente vivo. Un amor tibio, a «medio fuego», en el que la persona no está entera; se lo puede caracterizar como un amor flemático. Igualmente cabe decir de él que sea un amor distraído. Está dispuesto a dar mucho en el plano de la acción, pero le falta atención a la verdadera necesidad del otro. Mucha cantidad pero poca calidad.

Al examinar los aspectos fundamentales del amor vemos que predomina, el amor al prójimo mientras que el amor por sí mismo es sentido como la más profunda prohibición. El amor a Dios tiende a ser una experiencia menos prominente que el amor humano, aunque una fuerte tendencia religiosa puede llevar a que a veces no lo parezca. La tendencia religiosa de este tipo de personas suele ser resultado de la identificación con los valores de la sociedad y del amor al rito. Puede tratarse de una persona activa y a la vez piadosa, y sin embargo desespiritualizada en cuanto a que su relación con lo divino no entraña una disposición a (o un interés en) la vivencia mística.

Parece, sin embargo, que en algunas personas el amor a la actividad artística constituyese un puente entre lo material y lo espiritual: el arte es un hacer, una actividad (especialmente el esculpir o pintar, cuyo producto es concreto) y, no obstante, un vehículo de experiencia espiritual y emocional a veces velada. Me ha llamado la atención, al revisar diversas biografías, encontrar tanto políticos como artistas en este tipo de carácter. Pareciera que unos son los perezosos «propiamente tales» y, hay otros que han encontrado el contrapeso a una vida excesivamente práctica, en un quehacer artístico enriquecedor.

La falta de amor a sí mismo se manifiesta en el desconocimiento de sus propias necesidades profundas, la desconexión del niño interior, la pérdida de espontaneidad lúdica, el haberse hecho adulto antes de tiempo y muchas veces, de forma muy visible, la toma de responsabilidades.

Pueden ser excelentes mediadores, pacifistas, consejeros, negociadores.

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One Response to “El tranquilo mediador”

  1. maria Says:

    Venía a desearte felices Pascuas y me he quedado enganchada a esta entrada. Es muy interesante
    Voy a mirar las anteriores. Si es posible sigue con los otros caracteres que faltan
    Gracias y muy feliz y esperanzadora Pascua de Resurrcción¡


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