El goloso disfrutón

Viernes, 8 abril, 2011

Seguimos con los caracteres humanos. Aunque resulte un poc0 largo prefiero ir poniendo así cada uno.

Definición:

Se trata de un carácter seductor y cariñoso, bastante generalizado en nuestra sociedad del bienestar, que favorece la cultura de la gratificación y la inmediata satisfacción de todos los deseos y apetitos.

En el goloso hay un predominio de la pasión del antes, más y mejor. Se trata pues de una desmesura, de una falta de moderación o destemplanza que tiende al exceso en casi todo. Por eso no quiere cerrar ninguna de las opciones positivas que se le presenta, necesita mantener abiertas todas las expectativas. No se trata de un exceso cuantitativo en una cosa sola, sino más bien en una tendencia a probar de todo, en la búsqueda del máximo placer que se le puede ofrecer continuamente. Es un disfrutón nato, que tiende a idolatrar el placer e idealizar su satisfacción.

Es de mente rápida, asociativa y concibe ágilmente nuevas posibilidades. Puede fantasear en su mente con múltiples proyectos e iniciativas, que suele abandonar fácilmente por ser imposibles o en cuanto surge el primer inconveniente.

Aunque a primera vista encontramos en el goloso una gran capacidad para abarcar lo múltiple, tanto en planes como en enfoques, en un segundo momento, descubrimos que  detrás de esa amplitud mental a menudo se esconde un trasfondo de ansiedad que le hace proyectar mucho y definir poco, además del desgaste de energía y la frustración que esto comporta.

Este carácter centra su interés y preocupación principalmente en crear estrategias y mantener creencias que le permitan superar sus problemas de inseguridad y ansiedad, generados por un secreto sentimiento de temor y complejos. En el interior del goloso hay mucho miedo. Miedo que intenta manejar intelectualmente y que se expresa comúnmente en el miedo a aburrirse, porque el aburrimiento facilita su conexión con la realidad del dolor, el sufrimiento del vacío o la culpa. Sabe que se hunde y deprime al contactar con ellos y por eso teme y evita a toda costa su contacto.

Manifestaciones:

Esta destemplanza o falta de moderación se puede manifestar en varios niveles:

  • 1) Nivel cultural. Lo vemos en la necesidad de asistir a cursos, de hacer viajes, de tener reuniones como sea, de tener nuevas experiencias culturales. Se trata de una gula espiritual e intelectual. Es probablemente el más curioso de los caracteres. Puede llegar en su curiosidad a los temas esotéricos, misteriosos y exóticos.
  • 2) Nivel corporal o físico. Comidas exquisitas, placeres físicos, sensaciones nuevas placenteras y gratas, drogadicción, etc. El placer de comer es quizás la manifestación menos importante, incluso puede aparecer como una preocupación dietética originada en un inconsciente sentimiento culpable de su gula, y queda así oculta o reprimida. Encontramos golosos entre los vegetarianos, aficionados a la dieta macrobiótica o a la medicina natural. Puede tener una imagen idealizada de la mujer, el goloso suele ser un adorador de su madre, en cuanto que la mujer representa todas esas cosas gratas y placenteras de la vida.
  • 3) Nivel social. Tener y establecer nuevos contactos, conocer a nuevas personas, vivir nuevas e interesantes aventuras. Así se expresa su afán de gustar, de agradar, de recibir admiración, de ser popular. Logra atribuir a los propios actos una motivación diferente y socialmente más admirable o aceptable que la real, negando la parte golosa y aprovechadora, y desplegando de forma llamativa un estilo generoso, dadivoso y servicial.

La tendencia al exceso puede manifestarse personalmente de las siguientes maneras:

  1. Permisivismo. Este carácter es autoindulgente y necesita ante todo un amor indulgente que al igual que el aprecia que no se le exija ni se le pongan límites, también el ofrece al otro permisividad. También en materia de paternidad, el amor de los autoindulgentes es menor de lo que aparenta ser, debido a su talento persuasivo y su encanto. Un padre puede apenas estar presente en su hogar y hacerse querer a través de regalos y sonrisas, de modo que sus hijos no se enteren hasta ya crecidos de su ausencia. En este caso, parte de su ofrenda amorosa será la permisividad -sólo que a veces los hijos llegan a percibirla como un no querer molestarse e intuyen que se sentirían más queridos si se les pusiera límites.
    2) Narcisismo. La buena imagen de sí y el sentirse con derechos en virtud de un talento especial, se aplica al Goloso tanto como al narcisista. Pero aunque la persona proyecta una buena imagen de sí y en mayor medida que otros se siente bien, gracias a una continua auto-propaganda ante los demás y ante sí mismo, lo que pretende en realidad es compensar una gran inseguridad. Por eso la buena impresión que se esfuerza en causar en el otro no es orgullosa ni presuntuosa, aunque espera un reconocimiento especial no sólo por su talento sino por su modestia y su disposición fraternal. Para lograr este nivel de bienestar tiene que engañarse a sí mismo y mantener una fachada encantadora. No olvidemos que para el goloso, más importante aún que el deseo de placer, es la evitación del dolor. El carácter goloso está a medio camino entre el cobarde y el lujurioso. Podría describirse como una cobardía enmascarada en la que la persona huye de la angustia refugiándose en lo grato; y podría, por otra parte, entenderse como un hedonismo suavizado: porque busca más la dulzura que la intensidad del placer.
    3) Seducción. El ideal amoroso del goloso es suave, tranquilo y a salvo de problemas. Un amor “agradable” que busca agradar y que podría llamarse “amor galante”. Este fenómeno de un amor tan liviano y de este carácter amable y jovial que ni quiere pesar sobre el otro ni recibir el peso de nadie, bien podría denominarse amor-cómodo, lo que implica tanto el aspecto grato y apacible de esta forma de vida amorosa como de su limitación intrínseca. El que un buscador de placer se bata en retirada ante la persona o situación que anuncia molestias, compromisos, obligaciones serias o restricciones es, seguramente, uno de los factores que hace del amor goloso un amor inestable, y siempre exploratorio, amén de que la personalidad del goloso es de por sí curiosa y exploratoria, y siempre lo lejano le parece más atractivo que lo cercano.
    4) Hay en él una actitud amistosa generalizada. Se trata del individuo que va al restaurante y, al rato, conoce al camarero o a la cocinera; conoce también a la gente de las tiendas y entra en conversación fácilmente. Su actitud igualitaria contribuye a ello, y es parte de su carácter amable, simpático y seductor. ¿Cuál es la base de esto? ¿Camaradería? Hay un aspecto exploratorio y, además, una búsqueda de novedad y de experiencias, una búsqueda de posibilidades, de marketing, por parte de quien está siempre buscando promoverse. Recuerda al hombre de negocios que busca un mercado y, sea quien sea con quien se encuentre, quiere conocer la situación para ver si entraña una oportunidad. También destaca el aspecto de juego: como es una persona lúdica, se acerca al otro como lo hace un niño respecto a aquél con quien puede jugar.
    5) En la medida en que el goloso se parece al lujurioso, va por la vida de Don Juan, en busca de una presa, y por más que se nos muestre como un galán, lleva dentro de sí al aprovechador. Esta forma de egoísmo sería inaceptable para los demás si no estuviese compensada por una dosis al menos equivalente de generosidad galante.
    6) Falta de perseverancia. Precisamente, la dificultad de satisfacerse en el aquí y ahora del mundo real es otro problema importante de este carácter, que constantemente los empuja hacia lo ideal, lo imaginario, lo futuro o lo remoto. Una profunda insatisfacción les motiva a una continua huida hacia lo diferente. Y es que el ideal de dulzura indulgente que busca el goloso no puede darse en la vida real más allá del período de encantamiento de una actividad o de enamoramiento de una relación nueva. La vida tiene sus problemas, y en el mundo real todo tiene su roce y su desgaste.
    7) Rebelión. El goloso en cuanto carácter intemperante manifiesta también rebeldía. Pero no se trata de una rebeldía abierta y directa, sino indirecta y sutil, mejor sería decir que es alguien anti-convencionalismos, o también desmitificador. No olvidemos que este carácter menosprecia lo tradicional y vulgar mientras le atrae lo inusual y la innovación.
    8) Locuacidad. Más que glotón es un charlatán. Es locuaz, pero su locuacidad está al servicio  tanto de la exhibición de conocimientos especiales como para envolver, zamparse, a los demás convincentemente en sus ideas, proyectos y deseos. Es un «atrevido» que consigue lo que quiere por su simpatía y sus ingeniosos argumentos; pero la persuasión que logra no radica tanto en sus argumentos como en su encanto. Un rasgo importante de este carácter es el humor. El charlatán no sólo es un hablador simpático, sino persona que divierte y se divierte: sabe reírse de sí mismo, sabe divertir y también reírse de los demás, defendiéndose así de tomarlas completamente en serio. Correlativo a la necesidad del charlatán de ser oído es naturalmente su no saber oír, aunque puede que el mismo no se percate de esto, ya que ofrece gran empatía en su actitud atenta.

Infancia:

En su infancia eludieron el miedo escapando por medio de las infinitas posibilidades de la imaginación. Suele haber un padre al que se han rebelado. Se han sentido privados del afecto (real o imaginariamente), teniendo que buscar disfrute para compensar la carencia afectiva. Traviesos y aventureros. Buscan constantemente la compañía de otros.

Resumiendo:

  • Nombres: el golosos, el Inestable, el disfrutador, el epicúreo, el escapista, el aventurero, el encantador, el aprovechador. “El animador”; “el realista”.
  • Pasión: Gula, Glotonería, tendencia al antes, más y mejor.
  • Fijación: Planificar alternativas.
  • Teme: Sufrir, padecer, aburrirse; ser un desvalido o quedar atrapado en el dolor. Por eso huye de: Sufrir, aburrirse, comprometerse.
  • Desea: Ser feliz en todo momento. Este deseo puede degenerar en escapismo.
  • Se ve a sí mismo: como alguien que es feliz, encantador y el alma de toda reunión. Por eso su queja es: soy feliz, pero podría serlo más si tuviera todo lo que deseo.
  • Su tentación es: idealizar su satisfacción, idolatrar el placer
  • Piensa íntimamente: “Yo estoy bien si estoy contento. Tú estás bien si me haces sentir contento”.
  • Automatismo: No comprometerse para poder ir y venir. Huir de la monotonía y de los compromisos.
  • Se dice a sí mismo: si me distraigo con cosas gratas y evito pensar en cosas negativas, entonces todo irá bien, estaré seguro. Por eso su trampa consiste en: hacer planes y programas para no quedarse sin salida.
  • Los demás le dicen: comprométete, madura, cumple con tu palabra, no todo va ser fiesta.

Recomendaciones a seguir:

Consejos generales:

En un buen clima y con humor puede ver los mecanismos que utiliza para huir de las responsabilidades. Es muy importante que aprenda a “quedarse” en lo que siente, y no eludirlo escapándose. Ha de aprender a enfrentarse con aquello que teme. Entre otras cosas conviene cultivar en él la práctica de actitudes como las siguientes:

  • - valorar cada momento con todo lo que de bueno y creativo puede ofrecer.
  • - llevar adelante los compromisos adquiridos, sin buscar evasiones, distracciones o cambios.
  • - escuchar al que sufre sin necesidad de pintar las cosas de color de rosa, ni cambiar de tema continuamente
  • - saber discernir prudentemente las prioridades. sin dejarse llevar por el impulso del momento.
  • - no imponer el propio ritmo ni el propio humor a los demás, sino saber adaptarse a las circunstancias y a las personas.
  • - aceptar los espacios de silencio en grupo
  • - aceptar las consecuencia de sus actos
  • - amar y celebrar la vida y su aspecto gozoso, pero no a expensas del lado oscuro de la existencia.
  • - aceptar la enfermedad y las cruces cotidianas como aportación a la propia maduración humana y espiritual.
  • - experimentar el silencio y la reflexión como ocasiones para acceder a lo profundo de las cosas y no quedarse en la superficie.
  • - aprender a enmarcar las circunstancias de la propia existencia dentro de un orden mayor y trascendente.

Virtudes:

-La Moderación: Cuando empieza a comprender profundamente que el auténtico placer no está tanto en la cantidad sino en la calidad y profundidad de cada experiencia, y en saborearla sapiencialmente, comienza a surgir la Moderación (del lat. “moderor” = señalar el tiempo, el modo y la regla). La virtud está en la mesura, el equilibrio.

-La templanza: En el lenguaje corriente la palabra “templanza” connota un cierto matiz negativo. Con frecuencia se entiende como freno, limitación o represión de las energías vitales. Pero no era ese el significado propio del término latino temperare (del que deriva la palabra templanza): «hacer un todo armónico de una serie de componentes dispares». Los componentes dispares que se deben armonizar son la “sensualidad”, la “pasión”, el “apetito”. Santo Tomás ve en esta noción más general de la templanza uno de los motivos para afirmar que la belleza, aun siendo común a todas las virtudes, pertenece por excelencia a la templanza. La razón es que dicha noción de templanza incluye como propia una «moderada y conveniente proporción, en la cual consiste precisamente la belleza». Como virtud general, la templanza consiste en «una cierta moderación o atemperación impuesta por la razón a los actos humanos y a los movimientos de las pasiones, es decir, algo común a toda virtud moral». Las partes de la templanza se agrupan en tres series, según la materia a la que se aplique la moderación característica de la templanza:

  • La primera serie modera los movimientos y actos internos del alma. En ella se incluyen la continencia, la humildad, la mansedumbre y la clemencia.
  • La segunda serie de virtudes modera los movimientos externos y actos corporales, materia que cae toda ella dentro de la virtud de la modestia. Dentro de la modestia, se distinguen otras virtudes: la estudiosidad, la eutrapelia, la modestia corporal y la modestia en el adorno.
  • La tercera serie modera el uso de las cosas externas relacionadas con la persona. Incluye la parquedad o suficiencia, que consiste en no usar lo superfluo; y la moderación o simplicidad, que modera el deseo de usar cosas demasiado exquisitas. La virtud del desprendimiento también está directamente relacionada con estas virtudes. Se trata además de una virtud que requiere especial atención en las actuales circunstancias de la sociedad de consumo.

Espiritualmente:

En los golosos se da a menudo una orientación religiosa. Se puede hablar de una tendencia natural al amor de Dios. Pero precisamente la religiosidad o los afanes espirituales pueden servirle de vía de escape, al desatender lo inmediato y concreto por lo remoto y abstracto. También su limitada capacidad de encararse con las incómodas profundidades de la propia interioridad hace que sean superficiales en sus exámenes de conciencia y su característica autoindulgencia hace que les cueste encarar un proceso de conversión profunda.

Puede buscar lo placentero en la misma medida en que huye de la incomodidad psicológica de la angustia y la culpa, del propio desamor y autorrechazo.

El amor-dar es en este carácter también cosa de seducción. Se puede decir, por tanto, que es una amabilidad y una disponibilidad estratégicas. Podemos hablar de un amor-oportunista.

Pueden ser buenos teóricos, renacentistas, humanistas, elegantes y amables.

Son optimistas y siempre ven el futuro abierto a nuevas posibilidades de éxito.

Fuentes: muchas de las cosas que aquí se dicen se encuentran en diversos artículos de internet.

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