Juan Pablo II y Edith Zirer

Edith Zirer es judía, en la actualidad está casada y con 2 hijos, y vive en Haifa, en una colina del Monte Carmelo. En 1995, a la edad de 63 años, quiso estar con el Papa en su histórico viaje a Tierra Santa para darle personalmente las gracias justamente en el Memorial del Holocausto Yad Vashem. Edith en 1945 fue liberada por los soldados rusos después de pasar tres años en campos de concentración y haber perdido a su familia. Dos días después llegó a una pequeña estación ferroviaria. El siguiente relato está tomado de Miguel Angel Velasco, “Juan Pablo II, ese desconocido”, p.20:

“Me eché en un rincón de una gran sala donde había docenas de prófugos. Wojtyla me vio. Vino con una gran taza de te, la primera taza caliente que probaba en unas semanas. Después me trajo un bocadillo de queso. No quería comer, pero me forzó levemente a hacerlo. Luego me dijo que tenía que caminar para poder subir al tren. Lo intenté, pero caí al suelo. Entonces me tomó en sus brazos y me llevó durante mucho tiempo, kilómetros, a cuestas, mientras caía la nieve. Recuerdo su chaqueta marrón y su voz tranquila que me contaba la muerte de sus padres, de su hermano, y me decía que él también sufría, pero que era necesario no dejarse vencer por el dolor y combatir para vivir con esperanza. Su nombre se me quedó grabado para siempre”.

También he encontrado este texto que parece recoger literalmente las palabras que Edith Zirer leyó en su intervención en el Memorial del holocausto Yad Vashem. Esta es la historia extraordinaria que había guardado en su corazón desde los 13 años Edith Zirer: Leer el resto de esta entrada »

Aquí va otra de esas anécdotas inspiradoras y que andan por ahí, perdidas en la red. El título: “El que no vive para servir, no sirve para vivir”… La frase es para pensarla despacio; se adjudica a la Madre Teresa de Calcuta). A mi me impresionó este relato, a ver que os parece a vosotros:

Recibí una llamada telefónica de un muy buen amigo. Me alegró mucho su llamada. Lo primero que me preguntó fue: ¿Cómo estás? Y sin saber por qué, le contesté: “Muy solo”. “-¿Quieres que hablemos?”, me dijo. Le respondí que sí y me dijo: “¿Quieres que vaya a tu casa?”. Y respondí que sí.
Colgó el teléfono y en menos de quince minutos él ya estaba llamando a mi puerta. Yo hablé durante horas de todo, de mi trabajo, de mi familia, de mi novia, de mis deudas, y él, atento siempre, me escuchó. Se nos hizo de día, yo estaba totalmente cansado mentalmente, me había hecho mucho bien su compañía y sobre todo que me escuchara, que me apoyara y me hiciera ver mis errores. Me sentía muy a gusto y cuando él notó que yo ya me encontraba mejor, me dijo: “Bueno, me voy, tengo que ir a trabajar”.
Yo me sorprendí y le dije: “¿Por qué no me habías dicho que tenias que ir a trabajar?. Mira la hora que es, no has dormido nada, te quité tu tiempo toda la noche”. Él sonrió y me dijo: “No hay problema, para eso estamos los amigos”. Yo me sentía cada vez más feliz y orgulloso de tener un amigo así. Le acompañé a la puerta de mi casa… y cuando él iba hacia su coche le pregunté: “Y a todo esto, ¿por qué llamaste anoche tan tarde?”. Él se volvió y me dijo en voz baja: “Es que te quería dar una noticia…”. Y le pregunté: “¿Cuál es?” Y me dijo: “Fui al médico ayer y me dijo que estoy muy enfermo. Tengo cáncer.”
Yo me quedé mudo…; él me sonrió y me dijo: “Ya hablaremos de eso. Que tengas un buen día.”
Se dio la vuelta y se fue. Pasó un buen rato hasta que asimilé la situación y me pregunté una y otra vez por qué cuando él me preguntó cómo estaba me olvidé de él y sólo hablé de mí. ¿Cómo tuvo fuerza para sonreírme, darme ánimos, decirme todo lo que me dijo, estando él en esa situación…? Esto es increíble.
Desde entonces mi vida ha cambiado. Suelo ser menos dramático con mis problemas. Ahora aprovecho más el tiempo con la gente que quiero.

“El que no vive para servir…, no sirve para vivir…”. Alguien ha comparada la vida con una escalera, si miras hacia arriba siempre serás el último, pero si miras hacia abajo verás que hay mucha gente que quisiera estar en tu lugar. Detente a escuchar y a ayudar a tus amigos: te necesitan. Y recuerda: la amistad, que es una forma de amar, solo es posible cuando empezamos a tener mala memoria para nosotros mismos y estamos dispuestos a servir a los demás.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 563 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: