Las noches son siempre nuevas. Sólo nosotros envejecemos. Quizá sea porque cuesta arrancar esta hoja del calendario; querríamos prolongar la noche, envejecerla un poco o hacerla eterna para que no termine.

¿Propósitos? Hoy prefiero hablar de deseos… ¿Por qué no recordar los ideales grandes que llenaron el alma en nuestra juventud? ¿por qué no recordar aquellas ambiciones nobles, aquellas metas utópicas, que parecen perdidas en el fondón del alma, pero que en realidad están solo un poco dormidas? El año nuevo invita a despertarlas, a levantar la vista y a soñar como soñábamos antes, cuando el porvenir era un reto y no una amenaza; cuando el futuro aparecía sembrado de promesas.

Hoy te invito a elevar el punto de mira del arco sin miedo a lanzar la flecha demasiado alta o demasiado lejos. Es buena táctica, porque los deseos grandes nunca engendran sentimientos de amargura. Habrá derrotas, desde luego, pero ya estaban previstas. Lo importante es mantenerse en pie con la erguida la cabeza y la vista en la diana.

Y es que, ¿sabes? Dios también amanece cada día para decirnos que Él hará realidad nuestros afanes más grandes, incluso el deseo ser santos, que es la aspiración más loca.

Ya solo quedan unas horas para la media noche, hace muy buen tiempo en Asturias. Va a venir el nuevo año con buen clima. La noche se presenta estrellada. A ver si se cumple el adagio: años nones, años de dones.

Aquí os dejo con esta espectacular despedida de año en Londres:


 

Todos los años, con ocasión de la fiesta de Navidad, el Papa recibe tradicionalmente a los miembros de la Curia Romana. En este encuentro, el Decano del Colegio Cardenalicio dirige unas palabras de saludo al Santo Padre y éste responde con un discurso en el que, partiendo de las felicitaciones navideñas, traza un balance del año que termina y de los grandes acontecimientos de la vida de la Iglesia en este período.

Pues bien, el pasado lunes 20 de diciembre el Papa ha pronunciado un nuevo Discurso a la Curia romana con motivo de las felicitaciones Navideñas, que me ha parecido muy valioso y por eso os lo pongo en el blog. En él ha hablado sobre el Año Sacerdotal y el escándalo de los abusos, el Sínodo para Oriente Medio y la beatificación del cardenal Newman. Te trascribo este fragmento del discurso pero pongo a continuación el texto completo que vale la pena leerlo:

En este contexto, me ha venido a la memoria una visión de santa Hildegarda de Bingen, que describe de manera impresionante lo que hemos vivido en este año: «En el año 1170 después de Cristo estuve en cama, enferma durante mucho tiempo. Entonces, física y mentalmente despierta, vi una mujer de una tal belleza que la mente humana no es capaz de comprender. Su figura se erguía de la tierra hasta el cielo. Su rostro brillaba con un esplendor sublime. Sus ojos miraban al cielo. Llevaba un vestido luminoso y radiante de seda blanca y con un manto cuajado de piedras preciosas. En los pies calzaba zapatos de ónix. Pero su rostro estaba cubierto de polvo, su vestido estaba rasgado en la parte derecha. También el manto había perdido su belleza singular y sus zapatos estaban sucios por encima. Con gran voz y lastimera, la mujer alzó su grito al cielo: “Escucha, cielo: mi rostro está embadurnado. Aflígete, tierra: mi vestido está rasgado. Tiembla, abismo: mis zapatos están ensuciados”.

Y prosiguió: “Estuve escondida en el corazón del Padre, hasta que el Hijo del hombre, concebido y dado a luz en la virginidad, derramó su sangre. Con esta sangre, como dote, me tomó como esposa.

Los estigmas de mi esposo permanecen frescos y abiertos mientras estén abiertas las heridas de los pecados de los hombres. El que permanezcan abiertas las heridas de Cristo es precisamente culpa de los sacerdotes. Ellos rasgan mi vestido porque son transgresores de la Ley, del Evangelio y de su deber sacerdotal. Quitan el esplendor de mi manto, porque descuidan totalmente los preceptos que tienen impuestos. Ensucian mis zapatos, porque no caminan por el camino recto, es decir por el duro y severo de la justicia, y también porque no dan un buen ejemplo a sus súbditos. Sin embargo, encuentro en algunos el esplendor de la verdad”.

Y escuché una voz del cielo que decía: “Esta imagen representa a la Iglesia. Por esto, oh ser humano que ves todo esto y que escuchas los lamentos, anúncialo a los sacerdotes que han de guiar e instruir al pueblo de Dios y a los que, como a los apóstoles, se les dijo: ‘Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación’” (Mc 16,15)» (Carta a Werner von Kirchheim y a su comunidad sacerdotal: PL 197, 269ss)

Texto completo del discurso, que ha publicado el vaticano, y vale la pena leerlo completo: Leer el resto de esta entrada »

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