En la audiencia general de ayer miércoles 15 de diciembre, que Benedicto XVi dedicó a Santa Verónica Giulani por su próximo 350º aniversario de su nacimiento, y de quien subrayó su certeza de que la muerte no es el final y su invitación a mantener la mirada fija en el Paraíso, “meta de nuestro camino terreno”. Entre otras cosas dijo:

Santa Verónica Giuliani nos invita a hacer crecer, en nuestra vida cristiana, la unión con el Señor en el ser para los demás, abandonándonos a su voluntad con confianza completa y total, y la unión con la Iglesia, Esposa de Cristo; nos invita a participar en el amor sufriente de Jesús Crucificado para la salvación de todos los pecadores; nos invita a tener la mirada fija en el Paraíso, meta de nuestro camino terreno, donde viviremos junto a tantos hermanos y hermanas la alegría de la comunión plena con Dios; nos invita a nutrirnos diariamente de la Palabra de Dios para encender nuestro corazón y orientar nuestra vida. Las últimas palabras de la Santa pueden considerarse la síntesis de su apasionada experiencia mística: “¡He encontrado al Amor, el Amor se ha dejado ver!“. Gracias.

Cfr. Texto completo de la audiencia: Leer el resto de esta entrada »

¡El Belén del alma!

Jueves, 16 diciembre, 2010

Ya estamos prácticamente en la última semana previa a la Navidad. Son días de cierto nerviosismo. Las compras, el árbol, el belén, los regalos, las felicitaciones… Además también vamos a ir poniendo nuestro Belén del alma al ritmo que nos propone la Iglesia.

Si te fijas en el Belén que puso Dios, cuando preparó el suyo tan especial, veras que las figuras que quiso poner muy cerca de Él son “figuras” de carne y hueso, humildes y sencillas, pero tremendamente simpáticas y cálidas. Fue precisamente con la colaboración silenciosa y amable de aquellas personas tan “corrientes” con las que quiso realizar aquel momento único de la Redención. Dios hace así las cosas.

La Iglesia comienza a poner el Belén de nuestra alma con la “figura” de san José. ¿Cómo es esta figura? Tiene aspecto joven, de un joven artesano de Nazareth. Sus manos recuerdan las recias manos de un obrero. Porte humilde pero distinguido, al fin y al cabo, procedía de la familia de David, venida a menos por entonces, pero sus ademanes y estilo denotan cierta nobleza. Su rostro expresa con claridad que está enamorado de la Mujer más hermosa de la Historia. Sus ojos que fueron capaces de soñar con lo que soñaba cualquier joven judío: con una familia numerosa, floreciente, y piadosa, reflejan una actitud maravillosa.

Efectivamente, se trata de la actitud de abandono confiado en la Voluntad de Dios. Un Dios que le pidió permiso para romper sus sueños, y llevar a cabo el gran “Sueño”… Y José, el “varón justo”, dijo que “sí”... Tu y yo, como él, vamos a unir nuestro destino al de María; y, como él, le regalaremos a Dios nuestro consentimiento y nuestra colaboración en todos sus Sueños.

Con la ayuda de nuestra Madre, tú y yo vamos a poner nuestros planes a su disposición como José, para que Él los tome si es su Voluntad, y realice, en nuestras vidas, el “Gran Plan”.

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