Hace más ruido un árbol que cae, que un bosque que crece.

Lunes, 28 junio, 2010

Me envía esta carta D. José, un buen amigo del que ya os he hablado otras veces. La escribe un sacerdote que está en Angola. No tiene desperdicio.

Soy un simple sacerdote católico uruguayo que, desde hace 20 años, vivo en Angola.

Me siento feliz y orgulloso de mi vocación. Me da un gran dolor por el profundo mal que sacerdotes, que deberían  ser señales del amor de Dios, sean un puñal en la vida de inocentes. No hay palabras que justifique tales repugnantes actos. Veo, en muchos medios de información, la ampliación del tema en forma morbosa, investigando en detalles la vida de algún sacerdote pedófilo. Así aparece uno de una ciudad de USA, de la década del 70, otro en Australia de los años 80 y así de frente, otros casos recientes…

¡Es curiosa la poca noticia y desinterés que existe por miles y miles de sacerdotes que se consumen por millones de niños, por los adolescentes y los más desfavorecidos, en los cuatro ángulos del mundo!

- Pienso que, a los medios de información, no les interesa que yo haya tenido que transportar, por caminos minados en el año 2002, a muchos niños desnutridos desde Cangumbe a Lwena (Angola), pues ni el gobierno se disponía y las ONG’s no estaban autorizadas.

No ha sido noticia que haya tenido que enterrar decenas de pequeños fallecidos entre los desplazados de guerra y los que han retornado; que le hayamos salvado la vida a miles de personas en Moxico, mediante el único puesto médico en 90.000 km2, así como con la distribución de alimentos y semillas; que hayamos dado la oportunidad de educación en estos 10 años y escuelas a más de 110.000 niños…

No es de interés que, con otros sacerdotes, hayamos tenido que socorrer la crisis humanitaria de cerca de 15.000 personas en los acuartelamientos de la guerrilla, después de su rendición, porque no llegaban los alimentos del Gobierno y la ONU.

No es noticia que un sacerdote de 75 años, el P. Roberto, por las noches recorra las ciudad de Luanda curando a los chicos de la calle, llevándolos a una casa de acogida, para que se desintoxiquen de la gasolina; que alfabetice a cientos de presos; que otros sacerdotes, como P. Stefano, tengan hogares transitorios para los chicos que son golpeados, maltratados y hasta violados y buscan un refugio. Tampoco que Fray Maiato con sus 80 años, pase casa por casa confortando a los enfermos y desesperados.

No es noticia que más de 60.000 de los 400.000 sacerdotes y religiosos, hayan dejado su tierra y su familia para servir a sus hermanos en una leprosería, en hospitales, campos de refugiados, orfanatos para niños acusados de hechiceros o huérfanos de padres que fallecieron con Sida, en escuelas para los más pobres, en centros de formación profesional, en centros de atención a seropositivos… o en parroquias y misiones, dando motivaciones a la gente para vivir y amar.

No es noticia que mi amigo, el P. Marcos Aurelio, por salvar a unos jóvenes durante la guerra en Angola, lo hayan transportado de Kalulo a Dondo y, volviendo a su misión, haya sido ametrallado en el camino; que el hermano Francisco, con cinco señoras catequistas, por ir a ayudar a las áreas rurales más recónditas hayan muerto en un asalto en la calle; que decenas de misioneros en Angola hayan muerto por falta de socorro sanitario, por una simple malaria; que otros hayan saltado por los aires, a causa de una mina, visitando a su gente. En el cementerio de Kalulo están las tumbas de los primeros sacerdotes que llegaron a la región… Ninguno pasa los 40 años.

No es noticia acompañar la vida de un Sacerdote “normal” en su día a día, en sus dificultades y alegrías consumiendo sin ruido su vida a favor de la comunidad que sirve. La verdad es que no procuramos ser noticia, sino simplemente llevar la Buena Noticia, esa noticia que sin ruido comenzó en la noche de Pascua.

Hace más ruido un árbol que cae, que un bosque que crece.

No pretendo hacer una apología de la Iglesia y ni de los sacerdotes. El sacerdote no es ni un héroe ni un neurótico. Es un simple hombre, que con su humanidad busca seguir a Jesús y servir sus hermanos.

Pbro.  Martín Lasarte (salesiano) – Angola

Fuente: Carta al New York Times. Martín Lasarte, salesiano uruguayo en Angola

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4 Responses to “Hace más ruido un árbol que cae, que un bosque que crece.”

  1. morita Says:

    Es cierto: Estoy preparändome EN EDISEMI (Escuela Diosesana de Servidores Misioneros, y por puedo testificar lo que se hace en misión, y eso que lo hacemos a nível regional, ahora empezamos Nacional, les pido oración por nosotros. Lo de los medios de comunicación es: venden más diciendo que tal y cual sacerdote es esto ó aquello, que decir que se hace misión, y existen muchos sacerdotes SANTOS. También estoy aterrada lo del sacerdote que en Argentina salió a defender el matrimonio gay,DIOS NOS CREO HOMBRE Y MUJER Y DIJO CRECED Y MULTIPLICAOS, no dijo hombre con hombre y mujer con mujer. Cuando optaron por ser gay ya de antemano renunciaron a ser padres y a tener un matrimonio bendecido por Dios. Yo tengo un amigo gay es de mucha oración, y lucha todos los días callado por su inclinación, renunció al mundo y sus placeres, y cuando oramos El clama a Dios diciendo “Padre te pido por todos los homosexuales, para que se reconozcan como tu los creaste y sepan orientar su vida por el camino del bien,,Señor guía sus pasos endereza su camino tu Señor enderezas lo TORCIDO.Amen

  2. Anónimo Says:

    Me ha recordado un poco a San Pablo cuando presenta su “hoja de servicios” y se pone a “presumir” con el propósito de defenderse.

  3. lofi Says:

    “Veo, en muchos medios de información, la ampliación del tema en forma morbosa, investigando en detalles la vida de algún sacerdote pedófilo. Así aparece uno de una ciudad de USA, de la década del 70, otro en Australia de los años 80 y así de frente, otros casos recientes…”

    (…)

    Sí, están ustedes en misiones y ayudan a niños; pero no están haciendo más que la obligación que eligieron.

    Si yo llego a tiempo a mi trabajo, no me lo van a premiar porque estoy cumpliendo con mi obligación de puntualidad y si no llego a tiempo me castigan.

    Así si ustedes prometen castidad que la cumplan.
    (…)


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