New York, I love you!

Sábado, 26 junio, 2010

Este corto es una de los doce cortos de la serie New York, I love you (2009).

Tras el éxito de la serie de cortos Paris, je t’ aime! (2006) aparece ahora con un formato parecido. Se trata de la segunda fase de la serie Cities of Love, un conjunto de filmes colectivos concebidos por el productor Emmanuel Benbihy. New York, I love you! Consiste en una serie de 12 cortos llevados a cabo desde esta nueva ventana romántica, variada, donde se descubre el amor en todas sus variedades, desde el primer amor, el amor firme, y el pasajero, hasta el amor recordado, el negado, el anhelado, y el que permanece para siempre.

Escritas por Jiang Wen Hu Hong & Meng Yao, Suketu Mehta, Shunji Iwai, Olivier Lecot, Jeff Nathanson, Xan Cassavetes Y Stephen Winter, Anthony Minghella, Natalie Portman, Fatih Akin, Joshua Marston, Hall Powell e Israel Horovitz & James Strouse.

Dirigidas por: Jiang Wen, Mira Nair, Shunji Iwai, Yvan Attal, Brett Ratner, Allen Hughes, Shekhar Kapur, Natalie Portman, Fatih Akin, Joshua Marston Y Randy Balsmeyer

El 26 de junio de 1975 a las 12 de la mañana, falleció en su lugar de trabajo san Josemaría Escrivá. La noticia se difundió rápidamente por todo el mundo. Se dispuso su cuerpo, revestido con ornamentos sacerdotales, al pie del altar de Santa María de la Paz, actual iglesia prelaticia del Opus Dei. Comenzaron a acudir a Villa Tevere centenares de personas —entre ellas, numerosos cardenales y obispos— para rezar ante su cuerpo. Al contemplar su rostro, que desprendía paz y serenidad, muchos recordaron una frase que solía decir en los últimos tiempos: “Os podré ayudar más desde el cielo. Vosotros lo sabréis hacer mejor que yo: yo no soy necesario”.
Se celebraron funerales por su alma en los cinco continentes, que significaron para miles de personas una ocasión de gracia y de conversión interior. Se han multiplicado, año tras año, las misas de sufragio por su alma, que se celebraron en las principales ciudades y en los lugares más insospechados de la tierra hasta los que había llegado su fama de santidad.
San Josemaría había gozado de fama de santidad desde su juventud, desde sus primeros años de sacerdocio. Muchos sacerdotes y seminaristas que participaron en los cursos de retiro que predicó durante los años 1938-1945, no olvidaron nunca —así lo pusieron de manifiesto en sus testimonios— la llama de amor a Dios que transmitía en sus palabras aquel sacerdote joven.
A partir de 1946, año en que fijó su residencia en Roma, acudieron a visitarle, atraídas por su santidad de vida, personas de los más diversos lugares. Muchas de ellas, le pedían que encomendara sus intenciones en la Santa Misa, con la seguridad de que estaban ante un santo que intercedería por ellos ante el Señor.
Vivió siempre con la sencillez que predicaba y enseñaba en sus escritos. A su lado se palpaba la cercanía de Dios. Todo en su personalidad y en su modo de ser —sus gestos, sus palabras, su sonrisa constante, su buen humor, su mirada amable y alentadora— llevaba hacia el Señor. Miles de personas de las mentalidades y culturas más diversas, concluían lo mismo tras escuchar sus palabras o verle celebrar la Santa Misa: éste es un sacerdote enamorado de Dios.
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