Alvin Toffler: “Infringiendo el código”

Lunes, 3 mayo, 2010

Este post lo dedicamos a los Capítulos:

  • IV: Infringiendo el código,
  • V: Los técnicos del poder,
  • VI: El esquema oculto ,

del libro que estamos analizando estas semanas: “La tercera ola”, de Alvin Toffler.

Capítulo IV: Infringiendo el código

Toffler en este capítulo IV parte de la siguiente observación:

Toda civilización tiene un código oculto, un conjunto de reglas o principios que presiden todas sus actividades y las impregnan de un repetido diseño. Al extenderse el industrialismo (…) se hizo visible su diseño oculto. Se componía de seis principios interrelacionados que programaban el comportamiento de millones de personas”.

Para Toffler estas reglas o principios de la segunda ola son:

  • a. Uniformización: “Todo el mundo sabe que las sociedades industriales crean millones de productos idénticos“, y esto influiría a su ven en la creación de un género de vida, un lenguaje, máquinas, procesos y escuelas también uniformes (cfr. pp. 53-55).
  • b. Especialización: “Cuanta más diversidad eliminaba la segunda ola en materia de idioma, ocio y estilo de vida, más diversidad se necesitaba en la esfera de trabajo. Acelerando la división del trabajo, la segunda ola sustituyó al campesino más o menos habilidoso por el especialista concienzudo y el obrero que solamente realizaba una tarea repetida hasta el infinito” (p. 56).
  • c. Sincronización: La segunda ola sincronizó la vida laboral y la vida social, separándola de sus ritmos normales y supeditándolas al reloj y “exigencias de máquina”. “Las más íntimas rutinas de la vida quedaron comprendidas en el sistema de ritmo industrial (…); las familias se levantaban simultáneamente, comían al mismo tiempo, salían al trabajo, trabajaban, regresaban a casa, se acostaban, dormían e incluso hacían el amor más o menos al unísono, al paso que la civilización entera, además de la uniformización y la especialización, aplicaba el principio de sincronización” (p. 59).
  • d. Concentración: Las sociedades de la segunda ola concentraron su fuente de energía —en vez de en la dispersión de fuentes energéticas de la primera ola- en depósitos también altamente concentrados de combustible fósil. Además, se concentró también la población, apareciendo centros urbanos gigantescos. Y se concentró también el trabajo: miles de trabajadores bajo un mismo techo como en las grandes fábricas (pp. 59-60).
  • e. Maximización: Es decir tendencia a recurrir a la gran escala en todos los niveles.
  • f. Centralización: Tendencia a formas de gobiernos centralizados, en lo político y en lo económico, creación de los Bancos Centrales.

Una última observación interesante de Toffler es cuando afirma que estos 6 principios contribuyeron al auge de la burocracia (p. 66).

Capítulo V. Los técnicos del poder

Para el autor, las sociedades de la segunda ola estaban gobernadas por especialistas en integración, ya que esta ola fraccionó la vida y la cultura de la comunidad. Los integradores eran quienes “definían funciones y asignaban trabajos. Decidían quien obtenía qué recompensas. Trazaban planes, fijaban criterios y daban o retiraban credenciales. Enlazaban la producción, la distribución, el transporte y las comunicaciones. Fijaban las reglas conforme a las cuales interactuaban las organizaciones (…) hacían encajar las piezas de la sociedad. Sin ellos, nunca habría podido funcionar el sistema de la segunda ola” (p. 68). Aspiraron -y lo lograron- fijar las políticas comerciales estos integradores: directores contratados por las empresas o administradores económicos que colocaban dinero de otras personas (y esto no lo hacían ni los propietarios ni, mucho menos, los obreros).

Los integradores, sigue diciendo el autor, asumieron así el control. “De esta necesidad de integración de la civilización de la segunda ola surgió el mayor coordinador de todos, el motor integracional del sistema: un Gobierno grande” (p. 70), emergieron así una enorme maquinaria gubernamental y grandes organizaciones, compañías de producción. “Las Sociedades de la segunda ola estaban gobernadas por los integradores” (p. 71). “En la actualidad, mientras la tercera ola de cambio ‘aparece’, empiezan también a aparecer las primeras grietas en el sistema de poder” (p. 73). La causa es en la tercera ola se requiere cada vez mayor descentralización.

Capítulo VI. El esquema oculto

La segunda ola trajo consigo una especie de concepción mecanicista de la sociedad:

“Empapados de este pensamiento mecanicista, imbuidos de una fe casi ciega en el poder y la eficiencia de las máquinas”, los revolucionarios fundadores de la segunda ola, “inventaron (…) sociedades políticas que participan de muchas de las características de las primeras máquinas industriales (…). Así como la fabrica vino a simbolizar toda la tecnosfera industrial, el Gobierno representativo (por desnaturalizado que esté), se convirtió en el símbolo de status de toda nación ‘avanzada’. De hecho, incluso muchas naciones no industriales —bajo las presiones ejercidas por los colonizadores o a través de la ciega imitación— se apresuraron a instalar el mismo universal equipaje representativo” (pp. 77 y 79). “En este sistema, el gobierno representativo era el equivalente político de la fábrica. De hecho, era una fábrica destinada a la confección de decisiones integracionales colectivas. Como la mayor parte de las fábricas, estaba dirigida desde arriba. Y, como la mayor parte de las fábricas, se va quedando ahora progresivamente anticuada, víctima de la tercera ola” (p. 83).

Esto, para Toffler, era un engaño, pues mientras el pueblo creía que está gobernando a través de sus representantes cuando en verdad lo hacían las élites. “De hecho lejos de debilitar el control ejercido por las élites directivas, la maquinaria formal de representación se convirtió en uno de los medios clave de integración por los que se mantenían a sí mismas en el poder” (p. 81).

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2 Responses to “Alvin Toffler: “Infringiendo el código””


  1. [...] Capítulo IV. Infringiendo el código [...]


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