Diez-Diez

Viernes, 16 abril, 2010

Las propiedades típicas de la caridad cristiana: universalidad, perpetuidad, igualdad. Un gran autor contemplativo, Máximo el Confesor, escribió las Centurias sobre la caridad: «Haz todo lo que puedas para amar a todos los hombres. Si no eres capaz de ello, al menos no odies a ninguno [...]. A éste lo detestas; a este otro ni le amas ni le odias; a otro, lo amas pero muy moderadamente; a aquel otro lo amas intensamente [...]. Viendo estas diferencias reconoce que estás lejos de la caridad perfecta, que se propone amar con la misma intensidad a todos los hombres».

El autor checo P. Kricka expresa de forma anecdótica, en una poesía, este amor universal. Su título podría traducirse así: «Diez-diez». El argumento es el siguiente. Un viejo profesor de escuela elemental, bonachón, procuraba calificar todos los trabajos de los alumnos con esta nota: diez por el contenido y diez por la ortografía. Pero un día, dice el poeta, presenté al maestro un trabajo horrible. Se puso a corregir con el lápiz rojo. En seguida mi escritura estuvo inundada por el mar rojo de las correcciones. Y mi escritura era toda garrapateada, casi ilegible. ¿Qué nota merecía semejante trabajo? El viejo maestro dudó por un momento, pero no se dejó llevar por el nerviosismo. Al final del trabajo escribió: «Diez-diez». Y, entre paréntesis: «Excepto algunas faltas de ortografía». Añade el poeta: «Qué hermoso sería el mundo si pensásemos el uno del otro: Diez-diez, excepto algunas faltas de ortografía».

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