Un enunciado de la misión personal

Lunes, 14 diciembre, 2009

Seguimos con el libro Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva” de Stephen R. Covey. Esta vez nos ofrece lo que el mismo denomina la “constitución personal”. Está basado en la prioridad que da al liderazgo.

El modo más efectivo que conozco de empezar con el fin en mente consiste en elaborar un enunciado de la misión, filosofía o cre­do personales. Se centra en lo que uno quiere ser (carácter) y hacer (aportaciones y logros), y en los valores o principios que dan funda­mento al ser y al hacer. Mi amigo Rolfe Kerr ha expresado como sigue su credo personal:

  • Primero el éxito en casa.
  • Busca y merece la ayuda divina.
  • Nunca te comprometas con la deshonestidad.
  • Acuérdate de las otras personas implicadas.
  • Escucha a ambas partes antes de juzgar.
  • Pide consejo a otros.
  • Defiende a los que no están presentes.
  • Sé sincero pero terminante.
  • Desarrolla una nueva habilidad cada año.
  • Planifica hoy el trabajo de mañana.
  • Lucha mientras esperas.
  • Mantén una actitud positiva.
  • Conserva el sentido del humor.
  • Sé ordenado en tu persona y en el trabajo.
  • No temas a los errores; teme sólo la ausencia de respuesta creativa, constructiva y correctiva a esos errores.
  • Facilita el éxito de tus subordinados.
  • Escucha el doble de lo que hables.
  • Concentra todas tus habilidades y todos tus esfuerzos en la tarea que tienes entre manos, sin preocuparte por tu próximo empleo o tu próxima promoción.

Al enunciado de la misión personal se le puede denominar «constitución personal». Lo mismo que la Constitución de los Esta­dos Unidos, en lo fundamental nunca cambia. (…) En el nivel del individuo, un enunciado de la misión personal ba­sado en principios correctos representa el mismo tipo de norma. Se convierte en una constitución personal, en una base para tomar las decisiones importantes acerca de la orientación de la vida, y también las decisiones cotidianas en medio de las circunstancias y emociones que nos afectan. Otorga a los individuos una fuerza intemporal en medio del cambio.

Las personas no pueden vivir en el cambio si en su interior no persiste un núcleo invariable. La clave de la capacidad para cambiar es una idea constante de lo que uno es, de lo que persigue y de lo que valora.

Con un enunciado de la misión, podemos fluir al ritmo del cambio. No necesitamos preconcepciones o prejuicios. No necesitamos calcularlo todo en la vida, estereotipar o clasificar todo y a todos para modelar la realidad. Nuestro ambiente personal también está cambiando a ritmo ace­lerado. Ese cambio rápido es un clavo ardiendo en las manos de mu­chas personas que sienten que no pueden manejarlo, que no pueden afrontar con éxito la vida. Se vuelven reactivas y en lo esencial se rinden, confiando en que las cosas que les sucedan habrán de ser buenas. Pero esto no tiene por qué ser así.

En los campos de concentra­ción de los nazis donde Víctor Frankl aprendió el principio de la pro­actividad, también aprendió la importancia de que la vida tenga fina­lidad y significado. La esencia de la «logoterapia», la filosofía que más tarde desarrolló y enseñó, dice que muchas de las denominadas enfermedades mentales y emocionales son en realidad síntomas de una sensación subyacente de falta de significado, o vacuidad. La lo­goterapia elimina esa vacuidad ayudando al individuo a detectar su significado único, su misión en la vida.

Cuando se ha adquirido ese sentido de misión, se posee la esen­cia de la propia proactividad. Estamos en posesión de los valores que dirigen nuestra vida, de la dirección básica en virtud de la cual esta­blecemos nuestras metas a corto y largo plazo. Contamos con el po­der de una constitución escrita basada en principios correctos, que permite evaluar efectivamente todas las decisiones concernientes al uso más efectivo del tiempo, del propio talento y energía.

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