¡Levántate y anda!

Miércoles, 2 diciembre, 2009

Al leer las invitaciones que el profeta Baruc y san Juan Bautista nos hacen en las lecturas del próximo domingo de Adviento, me acordé que en una visita de Juan Pablo II a cierto país, muchos jóvenes llevaban un botón con el lema del Papa: “Totus tuus”. Un muchacho que estudiaba último año de bachillerato se animó a hacer mucho apostolado con sus amigos, consciente de que a muchos de ellos no los volvería a ver en mucho tiempo, se propuso charlar con cada uno de sus compañeros, aprovechando la visita papal. Y aunque sentía cierta vergüenza de acercarse a algunos en concreto –“respetos humanos” se llama a este temor- aprovecho el lema del botón: Totus tuus. -“Oye, me he fijado que –igual que yo- llevas un botón con el Totus tuus. Y verás, tenía interés en hablar contigo de estos temas: Dios, la religión, tu vida…”. -“¡Ya era hora!”, espetó su amigo. -“Veía que de vez en cuando hablabas de Dios con éste y con el otro, pero a mí nunca me decías nada. Y yo pensaba: ¿será que yo no le importo?…”. Y rieron ambos… Esta anécdota me hace recordar la Rima VII, de Gustavo Adolfo Bécquer:

“Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueña tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo
veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!
¡Ay! pensé; ¡cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz, como Lázaro, espera
que diga: «¡Levántate y anda!».
El domingo que viene escucharemos al profeta Baruc y a san Juan Bautista animándonos a preparar el camino al Señor. Y pensaba que también nosotros podemos ir como ellos, a esos amigos que están, como el arpa del rincón, esperando nuestra voz que les diga: «¡Levántate y anda!».

Antes de ser elegido Papa, el Cardenal Ratzinger invitaba a considerar la necesidad de una nueva evangelización, pero insistía en que esta nueva evangelización debe guiarse por la humildad y la fe: es Dios quien da el fruto, en el momento oportuno, no hay que dejarse obnubilar por la necesidad de grandes resultados inmediatos. El método para esa nueva evangelización es silencioso, divino. Por eso, el Cardenal Ratzinger recordaba la importancia de la oración para el nuevo mandato apostólico. Hemos de obrar como Cristo, que “predicaba de día y rezaba de noche”. “Jesús debía adquirir de Dios a los discípulos. Esto será válido por siempre: no podemos ganarnos nosotros a los hombres. Debemos obtenerlos de Dios para Dios. Todos los métodos están vacíos si no tienen en su base la oración. La palabra del anuncio siempre debe recubrir una vida de oración. Y debemos agregar otro paso más: Jesús predicaba de día y rezaba de noche, pero esto no es todo. Su vida entera fue ―como lo muestra con gran belleza el Evangelio de San Lucas― un camino hacia la cruz, una ascensión hacia Jerusalén. Jesús no ha redimido el mundo con bellas palabras, sino con su sufrimiento y con su muerte. Es ésta, su pasión, la fuente inagotable de vida por el mundo; la pasión da fuerza a su palabra”.

Y en una reciente Jornada Mundial de la Juventud, el Papa nos invitaba a preguntarnos por el sentido de nuestra vida, por la misión de nuestra existencia:

“Es cierto que hoy ya no buscamos a un rey (como hacían los Reyes Magos); pero estamos preocupados por la situación del mundo y preguntamos: ¿Dónde encuentro los criterios para mi vida, los criterios para colaborar de modo responsable en la edificación del presente y del futuro de nuestro mundo? ¿De quién puedo fiarme? ¿A quién confiarme? ¿Dónde está el que puede darme la respuesta satisfactoria a los anhelos del corazón? Plantearse dichas cuestiones significa reconocer, ante todo, que el camino no termina hasta que se ha encontrado a Aquel que tiene el poder de instaurar el Reino universal de justicia y paz, al que los hombres aspiran, aunque no lo sepan construir por sí solos. Hacerse estas preguntas significa además buscar a Alguien que ni se engaña ni puede engañar, y que por eso es capaz de ofrecer una certidumbre tan firme, que merece la pena vivir por ella y, si fuera preciso, también morir por ella. Hay que saber tomar las decisiones necesarias”.

Hay que saber tomar las decisiones necesarias. Ese puede ser el propósito de esta meditación. Santa María, Reina de los Apóstoles, haz que llenemos de luz los caminos divinos de la tierra..

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