Se egoista: ¡haz el bien!

Miércoles, 14 octubre, 2009

Incomprensible, más aún, fascinante, resulta el Amor de Dios.

Que, habiendo creado al hombre, lo llene de toda clase de bienes y lo eleve hasta hacerle un “hijo”, se escapa de toda lógica.

Que, tras haberle el hombre negado y olvidado, Dios, que no nos necesita para nada, recuerde su alianza, y mantenga su mano tendida hacia él, se escapa de todo que podríamos esperar.

Que, habiendo rechazado mil veces el hombre esa mano tendida, el propio Creador decida hacerse uno de nosotros, locura de Amor que se escapa de toda imaginación.

Pero, el que todo un Dios se acerque al ser humano de rodillas y se ponga a lavarle los pies… Ya no puedo más, desisto, lo siento, no entiendo nada…  ¡Asombro…! Si quieres, casi mejor: ¡rubor, vergüenza…! Todo un Dios quiere hacerse mi siervo, cargar con mis pecados y pagar -con muerte de Cruz- mi deuda…

Señor voy a aprender de ti… Yo, soy egoísta ¿sabes? Pero voy a aprender de ti: voy a hacer el bien como lo haces tu… Me acercaré a los demás “por debajo” como haces tu conmigo… Me postraré ante ellos y lavaré sus pies, me ofreceré por ellos ¿seré capaz?… Y, si lo hago bien, Tú te manifestarás a ellos como te has manifestado a mi como un abrazo de asombro y alegría.

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