La abuela Ruby

Viernes, 9 octubre, 2009

Hace tiempo que no pongo anécdotas históricas (al menos así parece sugerirlo el relato) de esas que nos emocionan y nos hacen pensar. Esta vez se trata de la abuela Ruby. Ahí va:

Ruby tiene seis hijos y trece nietos. Una Navidad, todos sus hijos y nietos estaban reunidos como de costumbre en su casa. El mes anterior, Ruby había comprado una preciosa alfombra blanca, después de convivir con la misma vieja alfombra durante veinticinco años. Por supuesto, estaba encantada con el aspecto que le daba a la casa.

Mi cuñado Arnie acababa de repartir a sus sobrinos y sobrinas la deliciosa miel casera de sus colmenas. Todos estaban entusiasmados. Pero el destino quiso que Sheena, de ocho años, rompiera su recipiente de miel y ésta se esparciera sobre la nueva alfombra de la abuela y cubriera el piso.

Llorando, Sheena corrió a la cocina y se lanzó en los brazos de la abuela: -¡Abuelita, se me volcó la miel en tu alfombra nueva! -exclamó consternada.

La abuela Ruby se arrodilló, miré con ternura los ojos llenos de lágrimas de Sheena, y le dijo:

-No te preocupes, cariño, podemos conseguirte otro pote de miel.

Aquello me impresionó profundamente. Por ser la madre de dos niños muy activos, de uno y siete años de edad, frecuentemente me preocupo de que puedan romper algo de mi hogar, cuidadosamente decorado. En su inocencia, de vez en cuando, al jugar, hacen caer mi lámpara predilecta o desordenan mis adornos tan bien dispuestos. En esos momentos recuerdo la lección que aprendí de mi sabia suegra, Ruby.

Lynn Roóerfson

(cfr. Fuente: Sopa de pollo para el alma de mujer)

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