La Escuela de Summerhill

Martes, 21 julio, 2009

Escuela de Summerhill

Escuela de Summerhill

Nos cuenta Alfonso Aguiló que sobre el año 2000  se hizo pública la noticia de que el famoso internado británico Summerhill, escuela que en los año 60 se convirtió en el modelo de la educación anti-autoritaria, tendrá probablemente que cerrar debido al bajo rendimiento de sus —sólo— 66 alumnos. Esta escuela, fundada en 1921 por Alexander Neill, tuvo un espectacular auge en la década de los sesenta, pero después fue perdiendo gradualmente alumnos hasta quedar ahora semidesierta. Su método pedagógico es realmente peculiar: no hay exámenes ni calificaciones, la asistencia a clase es voluntaria y la vida del centro se rige en gran medida de modo asambleario por los propios alumnos. El caso es que los alumnos de Summerhill no salen bien preparados. La realidad es que apenas van a clase y que su formación —según un reciente informe del Ministerio de Educación británico— presenta asombrosas deficiencias. Efectivamente, si bien, el intento de esta escuela por erradicar el autoritarismo merece todos los elogios, sin embargo sus resultados muestran que, al menos, su planteamiento ha sido muy ingenuo.

Todos hemos de esforzarnos seriamente para conseguir cualquier objetivo valioso en la vida. Y para esforzarse seriamente en algo, resulta muy práctico —sobre todo en esas primeras etapas en las que se va conformando el carácter— procurar sujetarse a un plan exigente. Libremente, pero sujetarse.

Hacer lo que uno entiende que debe hacer supone muchas veces un esfuerzo considerable. Y una educación responsable ha de llevar a plantear y plantearse un alto nivel de exigencia personal.

Hay cada vez más personas que sólo quieren aceptar la parte fácil de la vida, son como un manojo de sentimientos. Quieren el fin, pero no los medios necesarios para alcanzar ese fin. Querer ser premios Nobel sin estudiar, enriquecerse sin dar ni golpe, ganarse la amistad de todos sin hacerles un favor, es ingenuo; no es serio.

Pero, este no enfrentarse con la realidad de la vida ¿a qué es debido? ¿por qué les ocurre? Porque están muy influidos por la comodidad. Porque no distinguen entre lo que es querer seriamente lograr algo, con todas sus consecuencias y poniendo los medios necesarios, y lo que es sencillamente una ilusión, un apetecerles, un soñar soltando la imaginación. Se necesita poner esfuerzo.  Para hacer bien una carrera son precisas muchas jornadas de clases y estudio que no siempre apetecen; para ser un buen atleta hay que perseverar en un entrenamiento muchas veces agotador; para dominar un idioma no bastan cuatro clases o unas semanas en el extranjero. Para casi todo hace falta esfuerzo y, si éste se rechaza, supone rechazar el fin, no querer de verdad. Así que, ya lo sabes, ¡ánimo y al toro! como decimos por aquí…

Cfr. www.interrogantes.net

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