Hélice Bridges

Hélice Bridges

Llevamos mucho tiempo sin poner historias de gente buena. De esas historias que a veces nos dejan pensando o nos emocionan. Aquí va esta.

“Sí que importa quién eres” de Helice Bridges

Una maestra neoyorquina decidió homenajear a cada uno de sus alumnos del último curso de bachillerato diciéndoles lo importantes que eran. Se valió de un procedimiento ideado por Hélice Bridges de Del Mar, California, y fue llamando a la pizarra, uno a uno, a todos los estudiantes. Primero fue diciendo a cada uno por qué él (o ella) era importante tanto para la maestra como para la clase. Después les fue dando una cinta azul que llevaba impreso, en letras doradas, el texto siguiente: «Sí que importa quién soy».

Después dio a cada uno de sus alumnos tres cintas más y les encargó que difundieran en su medio esta ceremonia de reconocimiento. Uno de los chicos de la clase fue a visitar a un joven ejecutivo, para reconocer la ayuda que éste le había prestado en la planificación de su carrera. Le dio una cinta azul y se la prendió en la camisa. Después le entregó dos cintas más, diciéndole: —En clase estamos realizando un proyecto de investigación sobre el reconocimiento y nos gustaría que usted también encontrase a alguien merecedor de este honor, le diera una cinta azul y otra para que esa persona, a su vez, pueda reconocer a una tercera persona y así mantener en marcha esta ceremonia.

El mismo día, el joven ejecutivo fue a ver a su jefe que, en honor a la verdad, siempre se había caracterizado por ser bastante gruñón y le dijo que lo admiraba profundamente por su creatividad. El jefe pareció sorprendidísimo, más aún cuando su colaborador le preguntó si aceptaría que le entregara la cinta azul y le permitiría que se la prendiera.—Bueno… sí, claro —balbuceó el atónito jefe. El joven ejecutivo se la colocó en el pecho, sobre el corazón, y finalmente le dio la otra cinta, preguntándole: —¿Me haría usted el favor de aceptar esa cinta y ofrecérsela a alguien que la merezca? El chico que me las dio está haciendo un proyecto escolar y queremos que esta ceremonia de reconocimiento continúe, para ver de qué manera afecta a la gente.

Esa noche, cuando el jefe regresó a casa, llamó a su hijo de catorce años y, tras indicarle que se sentara, le dijo: —Hoy me pasó algo de lo más increíble. Estaba en mi despacho cuando uno de los ejecutivos vino a decirme que me admiraba y me dio una cinta azul por mi creatividad. ¡Imagínate, piensa que soy un genio creativo! Después me puso en la solapa esta cinta azul que dice «Sí que importa quién soy» y me dio otra pidiéndome que se la diera a alguien que a mi juicio la merezca. Esta noche, mientras volvía a casa, me puse a buscar a alguien cuyos méritos quisiera reconocer y me acordé de ti. Eres tú quien se merece este reconocimiento. »Mi vida es realmente agobiante, y cuando vuelvo a casa no te presto mucha atención. A veces te grito por no traer notas suficientemente buenas de la escuela, pero no sé bien por qué, esta noche quería sentarme aquí contigo y… bueno, decirte simplemente que me importas. Además de tu madre, tú eres la persona más importante que hay en mi vida. ¡Eres un chico estupendo y te quiero muchísimo!

El sorprendido muchacho empezó a sollozar, y no podía dejar de llorar. Le temblaba todo el cuerpo. Levantó los ojos hacia su padre y le dijo, entre lágrimas: —Papá, estaba pensando en suicidarme esta noche, creyendo que tú no me querías, ¡pero ahora ya no es necesario!

Fuente: Helice Bridges

Seguimos con “Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus” de J. Gray. Antes de dejar este apartado dedicados a las diversas formas de adjudicar puntos, me parece muy interesante esta aclaración acerca de esas épocas tan típicas en el que alguno de los dos puede estar resentido con el otro.

Las mujeres aprecian instintivamente las pequeñas cosas. El problema surge cuando no se dan cuenta de que el hombre necesita escuchar su expresión de apoyo (“gracias”, etc) o cuando ella siente que el puntaje está muy desigual. Esta resentida porque siente que ha dado mucho más que él. Cuando el marcador esta en cuarenta a diez a favor de la mujer, esta puede comenzar a sentirse muy resentida.

Algo peculiar le ocurre a una mujer cuando siente que esta dando más de lo que recibe. Y de forma totalmente inconsciente le resta los diez puntos de él a su marcador de cuarenta y concluye que el marcador en su relación es de treinta a cero (es como si él no hubiera puesto nada). Esto tiene sentido desde un punto de vista matemático y resulta comprensible, pero no funciona. No funciona porque no es verdad. Él no dio cero; dio diez. Cuando él llega a casa, ella muestra frialdad en la mirada o en su voz que señala que él dio cero. Ella niega lo que él hizo. Reacciona como si no hubiera dado nada, pero él dio diez. La razón por la que una mujer tiende a reducir los puntos de un hombre de esa manera es porque no se siente amada. Al no sentirse amada, le resulta muy difícil apreciar incluso los diez puntos que él puede reclamar en forma legítima.

Lo que generalmente ocurre en este momento de la relación es que el hombre no se siente apreciado y pierde su motivación para hacer más. Se contagia de la fiebre del resentimiento. Ella sigue sin recibir aprecio y entonces su resentimiento aumenta y la situación empeora cada vez más.  ¿Cómo salir de este ciclo vicioso? Veamos ahora qué puede hacer ella y qué puede hacer él

Lo que ella puede hacer: Leer el resto de esta entrada »

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