“Ellos salieron a predicar”
Miércoles, 8 Julio, 2009

Llevo varios días planificando las actividades del próximo curso y al leer las lecturas del próximo Domingo 15º del T.O. me ha dado alegría ver al Señor organizando, planificando y poniendo en marcha la misión evangelizadora de su Iglesia. Me encanta verle enviando a aquellos primeros y cómo: “Ellos salieron a predicar“… Salen a predicar porque Jesús les ha enviado… Y les envía con autoridad para transformar la historia y para poner en marcha una nueva forma de existencia liberadora: “les dio autoridad sobre los espíritus impuros”. Y por eso:
Tú y yo, tenemos derecho a hablar, siendo, como somos, portadores de la luz en un mundo que está a oscuras.
La gran noticia de la resurrección de Cristo merece ser predicada hasta llenar la Historia y la Tierra toda. Como la luz cuando amanece, debe entrar en las casas, abrirse paso por los rincones, iluminar las esquinas más oscuras de nuestro mundo… Debe escucharse en las empresas, en los supermercados, en los bares, en las playas y piscinas… Proclamarse a través de la radio, de la televisión, de Internet, de los periódicos… Sobre todo, debe resonar, en voz muy baja, en las confidencias de los amigos que de verdad se quieren.
Tú y yo, no nos conformamos con preservar nuestra fe en medio de un mundo descristianizado.
Eso sería como llevar una vela tapadita entre las manos, por miedo a que el viento la apague; triste panorama para un cristiano, si todo lo que tenemos que decir a la hora de la muerte es “he conservado la llama de la fe“. ¡No! ¡Nosotros tenemos que incendiar la tierra! Hay que descubrir esas llamas, sin miedo a que se apaguen, hasta que el mundo vuelva a brillar de gracia.
Tú y yo, no nos dejamos engañar por ese falso “derecho a la intimidad”, y queremos, así, ¡queremos!, “meternos en la vida de los demás”
Acaso, no le recomiendas a alguien un medicamento o un remedio casero cuando le oyes toser. ¿Acaso, estás invadiendo su intimidad por eso? ¡No!… Pues, ¡cuánto más si hablas de Cristo a tantas personas que conoces, y que viven una vida vacía porque no tienen a Dios! No te engañes, eso no es entrometerte en su vida: es realizar el más valioso acto de caridad que puedes hacer; es dar a Cristo, proclamar a Cristo, confesar a Cristo. ¡No vaya a ser que, detrás de tanto respeto lo que se oculte sea el miedo a que se rían de uno! Sé valiente y coherente con tu fe cristiana.
Tú y yo, no vamos a ser cómplices, porque no queremos que muchas almas pueden estar perdiéndose a nuestro alrededor, por nuestros silencios…
O es que no te importan… Mira que una palabra tuya podría traerles la salvación… Ojalá que la alegría de tu alma en gracia, como la alegría de la Santísima Virgen, sea tan inmensa, tan incontrolable, que no te permita callar.
Buscando citas para la meditación, me he encontrado con este elenco, y me han parecido tan interesantes que te las copio:

- Texto del día
“¡Abrid el alma! Yo os aseguro la felicidad”
Quien oculta a su Director una tentación, tiene un secreto a medias con el demonio. -Se ha hecho amigo del enemigo. (Surco, 323)
Contad primero lo que desearíais que no se supiera. ¡Abajo el demonio mudo! De una cuestión pequeña, dándole vueltas, hacéis una bola grande, como con la nieve, y os encerráis dentro. ¿Por qué? ¡Abrid el alma! Yo os aseguro la felicidad, que es fidelidad al camino cristiano, si sois sinceros. Claridad, sencillez: son disposiciones absolutamente necesarias; hemos de abrir el alma, de par en par, de modo que entre el sol de Dios y la claridad del Amor.
Para apartarse de la sinceridad total no es preciso siempre una motivación turbia; a veces, basta un error de conciencia. Algunas personas se han formado -deformado- de tal manera la conciencia que su mutismo, su falta de sencillez, les parece una cosa recta: piensan que es bueno callar. Sucede incluso con almas que han recibido una excelente preparación, que conocen las cosas de Dios; quizá por eso encuentran motivos para convencerse de que conviene callar. Pero están engañados. La sinceridad es necesaria siempre; no valen excusas, aunque parezcan buenas. (Amigos de Dios, 188-189)
TEXTOS PARA LA SEMANA
“Estás obligado a dar ejemplo”
Necesitas vida interior y formación doctrinal. ¡Exígete! –Tú –caballero cristiano, mujer cristiana– has de ser sal de la tierra y luz del mundo, porque estás obligado a dar ejemplo con una santa desvergüenza. –Te ha de urgir la caridad de Cristo y, al sentirte y saberte otro Cristo desde el momento en que le has dicho que le sigues, no te separarás de tus iguales –tus parientes, tus amigos, tus colegas–, lo mismo que no se separa la sal del alimento que condimenta. Tu vida interior y tu formación comprenden la piedad y el criterio que ha de tener un hijo de Dios, para sazonarlo todo con su presencia activa. Pide al Señor que siempre seas ese buen condimento en la vida de los demás. (Forja, 450)
“La oración debe prender en el alma”
La verdadera oración, la que absorbe a todo el individuo, no la favorece tanto la soledad del desierto, como el recogimiento interior. (Surco, 460)
“Haz todo lo que puedas por conocer a Dios”
En cada jornada, haz todo lo que puedas por conocer a Dios, por “tratarle”, para enamorarte más cada instante, y no pensar más que en su Amor y en su gloria. Cumplirás este plan, hijo, si no dejas ¡por nada! tus tiempos de oración, tu presencia de Dios (con jaculatorias y comuniones espirituales, para encenderte), tu Santa Misa pausada, tu trabajo bien acabado por El. (Forja, 737)
No tengas espíritu pueblerino. Agranda tu corazón, hasta que sea universal, “católico”. No vueles como un ave de corral, cuando puedes subir como las águilas. (Camino, 7)
“Has de ir a buscar a las almas”
Cristo espera mucho de tu labor. Pero has de ir a buscar a las almas, como el Buen Pastor salió tras la oveja centésima: sin aguardar a que te llamen. Luego, sírvete de tus amigos para hacer bien a otros: nadie puede sentirse tranquilo –díselo a cada uno– con una vida espiritual que, después de llenarle, no rebose hacia fuera con celo apostólico. (Surco, 223)
Corres el gran peligro de conformarte con vivir –o de pensar en que debes vivir– como un “niño bueno”, que se aloja en una casa ordenada, sin problemas, y que no conoce más que la felicidad. Eso es una caricatura del hogar de Nazaret: Cristo, porque traía la felicidad y el orden, salió a propagar esos tesoros entre los hombres y mujeres de todos los tiempos. (Surco, 952)



Miércoles, 8 Julio, 2009 at 5:10 pm
No me funciona otra vez…. Cuando puedas te pasas