El próximo 19 de junio, fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, y de la Jornada Mundial de Oración para la santificación de los Sacerdotes el Santo Padre inaugura el Año Sacerdotal para celebrar el 150 aniversario de la muerte de san Juan María Bautista Vianney, el Santo Cura de Ars. Se trata de un tiempo especial propuesto por el Papa Benedicto XVI para impulsar la fidelidad de los sacerdotes a su ministerio a propósito de dicho aniversario, proponiéndolo como verdadero ejemplo de Pastor al servicio del rebaño de Cristo.

Con esta ocasión el pasado 19 de mayo se publicó la carta del prefecto de la Congregación para el Clero, cardenal Claudio Hummes, para el Año Sacerdotal, promulgado por Benedicto XVI en este contexto.

Cfr. para la entrevista al prefecto de la Congregación para el Clero

También os pongo un video que el obispo de Palencia, D. José Ignacio, ha colgado en la red anunciando este acontecimiento:


El pasado miércoles, 27 de mayo de 2009, en su habitual audiencia general Benedicto XVI, aprovechando su comentario sobre San Teodoro el Estudita, exhortó a los cristianos a difundir en el mundo el espíritu de sobriedad y de amor para contrarrestar las diversas formas de egoísmo que destruyen la sociedad, deshumanizan el trabajo y empobrecen al mundo.

“Teodoro -ha recordado el Santo Padre- habla de manera concreta de la pobreza. La pobreza es desde el principio una renuncia a la propiedad privada, para aprender la libertad de las cosas materiales”…

“La sobriedad -ha subrayado el Pontífice- vale especialmente en esta forma radical, para los monjes, pero el espíritu de esta enseñanza es para todos”…

“Buscar la renuncia, la simplicidad, la austeridad, la sobriedad: sólo así puede crecer una sociedad solidaria y puede ser superado el gran problema de la pobreza en el mundo”.

No quiero dejar de poner esta noticia que no deja de resultar paradójica y gratificante en un tiempo como el nuestro:, con ocasión de la 43º Jornada Mundial de lasComunicaciones Sociales, del pasado

“En su primer día en línea, el nuevo sitio web (pope2you.net) en el que los jóvenes de todo el mundo pueden entrar en contacto con el Papa Benedicto XVI, através del mundo digital, ha llegado al medio millón de visitas“.

Categoría: Gente y blogs

Cfr. Texto completo de la audiencia general: Leer el resto de esta entrada »

Foto robot de la soberbia

Jueves, 28 mayo, 2009

Es el vicio que más daña a cada persona y a la sociedad. Consiste en el amor desordenado de uno mismo, o, como expresa Santo Tomás de Aquino, en «el apetito desordenado de la propia excelencia» (5. Th, 2-2, q. 162, a. 2, c.): es la desordenada afición a lo propio, y el tenerse por mejor y más digno de consideración de lo que realmente es. Por eso, en el origen de la soberbia -en su núcleo- hay un error, una falsa medida, una mentira sobre sí mismo con la que cada uno se engaña. ¿Cómo se fragua y crece esta mentira sobre uno mismo? Veámoslo con más detalle.

En primer lugar esta la complicidad a esa tendencia que todos tenemos a considerar con detenimiento nuestras cualidades y a pasar por alto nuestros defectos. De modo que si no estamos atentos, la imagen que de nosotros nos hacemos se embellece falsamente y nos vamos encontrando cada vez más dignos de nuestro propio amor. Apreciamos cada vez más nuestras cualidades físicas, nuestra inteligencia, nuestros conocimientos, nuestras acciones, nuestra experiencia, los servicios que hemos prestado…, incluso nuestra piedad. A medida que nos aficionamos a pensar en nosotros y en lo que hacemos, nuestras cualidades se agigantan, mientras se olvidan las miserias y limitaciones que las acompañan. Quien ha prestad o un servicio, acaba olvidando, quizás, las imperfecciones con que lo ofreció. Y quien se siente muy inteligente, tiende a disculpar -e incluso a desconocer- sus errores teóricos y sus lagunas. De este modo, crece la estima que cada uno tiene de sí. El vicio de destacar lo bueno y desconocer lo malo -el engaño sobre sí mismo- llega a ser tan fuerte que se puede acabar perdiendo finalmente toda capacidad crítica y caer en el ridículo. En la sociedad humana, siempre resulta algo grotesca la persona que resulta demasiado pagada de sí misma, y que presume ostensiblemente de su altura, de la belleza de sus ojos, del precio de su abrigo, de su ciencia… Los humanos toleramos mal la vanidad del vecino y tendemos a escarnecerla.

Quien siente gran estima de sí tiende a que los demás la compartan. No se conforma con contemplarse y autocomplacerse, sino que desea que también los demás-rindan tributo a su perfección. De aquí surge la vanidad, ese afán ridículo de mostrar lo que cada uno considera valioso de sí. El vanidoso se deja llevar por el deseo de distinguirse en lo que sea y, a veces, llega incluso hasta la hipocresía; es decir, hasta el fingimiento, dando a entender que es mas rico, más sabio, más hábil o mejor deportista de lo que realmente es. El artificio es tan eficaz que, al final, el mismo hipócrita encuentra dificultad en distinguir lo que es real de lo que ha inventado.

El amor propio al inclinar a centrarse sobre uno mismo es fuente permanente de desatenciones para con los demás. El que es soberbio no se acuerda de que existen los demás, porque está centrado en sus cosas; consume todas sus energías en satisfacer sus ambiciones o sus caprichos, y esto hace del soberbio -del egoísta- un ser antisocial.

Si está con otros, tiende a hablar de sí mismo -incluso de las propias enfermedades o sueños, si no tiene nada más brillante a que acudir- y a exigir la atención de los demás. A veces, incluso, la provoca artificialmente.

Está inclinado a juzgar con severidad a los otros y en todas sus afirmaciones sobre ellos hay una comparación implícita consigo mismo; por eso, suele ser muy critico con respecto a los que, de alguna manera, le aventajan; y despreciativo y cruel con los que considera inferiores. Esas comparaciones son, además, el origen de la envidia, que va siempre acompañada de inquietudes, de pequeños rencores y a veces, de bajezas grotescas en el intento de superar a los que le aventajan o de restarles méritos.

El que siente gran cosa de sí mismo es muy sensible a los juicios de los demás: mendiga los halagos (que tiende a creer siempre merecidos) y no perdona las críticas. Todo es motivo de agravios y ofensas. Y como esto tiene su origen en una hipersensibilidad hacia lo propio, se produce una espiral de complicación que sube sin remedio. Echa en falta atenciones que cree merecidas; y lo que considera falta de consideración para su persona, da lugar a agravios que no se borran. Si entonces pierde la confianza en las personas que le rodean, todo será motivo de ofensa: si no se ocupan de él, se quejará de descuido, y si se ocupan, le parecerá que es hipocresía o burla. De aquí surgen un sinfín de rencores y de odios que ensombrecen la vida del soberbio y hacen insoportable la convivencia. Leer el resto de esta entrada »

¿Cómo evitar las discusiones?

Martes, 26 mayo, 2009

Seguimos con “Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus” de J. Gray

Uno de los desafíos más difíciles en nuestras relaciones afectivas es el manejo de las diferencias y los desacuerdos. A menudo, cuando las parejas no están de acuerdo, sus diferencias pueden transformarse en discusiones y luego, sin mucho aviso, en verdaderas batallas. De repente, dejan de hablar en forma afectuosa y automáticamente comienzan a herirse mutuamente: se culpan, se quejan, exigen, caen en el resentimiento y en la duda.

Hombres y mujeres que discuten en esa forma no solo hieren sus sentimientos sino que perjudican su relación. Así como la comunicación constituye el elemento más importante en una relación, las discusiones pueden ser el elemento más destructivo, porque cuanto más cerca estamos de alguien, más fácil resulta herirlo o ser herido.

Para todos los fines prácticos recomiendo especialmente a todas las parejas que no discutan. Cuando dos personas no están, involucradas sexualmente les resulta más fácil conservar las distancias y ser objetivas en el momento de discutir o debatir. Pero cuando las parejas involucradas y, en especial, sexualmente, discuten, pueden con facilidad tomar las cosas en forma personal.

Como pauta básica: no discuta nunca. En lugar de ello, analice los pro y los contra de algo. Negocie lo que quiere pero no discuta. Es posible ser sincero, abierto, expresar incluso sentimientos negativos sin discutir ni pelear.

Algunas personas se pelean todo el tiempo y gradualmente su amor muere. En el otro extremo, algunas parejas suprimen sus sentimientos sinceros a fin de evitar el conflicto y no discutir. Como resultado de suprimir sus verdaderos sentimientos, también pierden contacto con sus sentimientos afectuosos. Una pareja esta librando una guerra mientras que la otra esta pasando por una guerra fría.

Es mejor que una pareja encuentre un equilibrio entre esos dos extremos. Al recordar que somos de diferentes planetas y al desarrollar así buenas comunicaciones, resulta posible evitar discusiones sin tener que suprimir los sentimientos negativos y las ideas y deseos conflictivos.

Bien venido a casa

Lunes, 25 mayo, 2009

María J. me ha enviado este vídeo realmente bonito:

Domingo… videos

Domingo, 24 mayo, 2009

Aquí os dejo con esta impresionante composición vocalista (todo y solo con la voz):

Alberto me ha enviado este video  del que afirma: “Increible, ¡Que bien filmada! Cómo lograron seguirles los pasos. No logro entender, pero esta genial, para no perderla”. Así que aquí os la pongo:

Por último os dejo con estas acrobacias en el aire de un helicóptero:

Seguimos con el análisis de algunos de los capítulos del libro “El Corazón” de Dietrich von Hildebrand.

En el capítulo primero, D. von Hildebrand, tras intentar dar una explicación acerca de por qué el tema del corazón y de los sentimientos ha estado tan relegado en la reflexión filosófica, pasa en un segundo momento a proponer algunas de las causas que han podido llevar a desconfiar del corazón. Enumera las siguientes:

- El falso pathos o falta de autenticidad de los sentimientos manifestados: 1) ya sea por una retórica exagerada, como 2) por un sentimentalismo egoísta, centrado en sí mismo. Dietrich afirma que “Mientras la falta de autenticidad retórica en todas sus variadas formas es principalmente una consecuencia del orgullo, el sentimentalismo proviene principalmente de la concupiscencia.

Después, propone una solución a estos dos estados; según él, se trataría de fomentar una sincera y autentica disponibilidad de dejarse conmover: Conmoverse ante la belleza sublime de la naturaleza o del arte o de alguna virtud moral como la humildad o la caridad es permitir que penetre en nosotros la luz interior de tales valores y abrirse a su mensaje de lo alto. Es una rendición que implica reverencia, humildad y ternura.

- Un tercer tipo de falso sentimiento, el tipo clásico por decirlo de algún modo, es el histérico. Para el autor, la verdadera antítesis a un sentimiento histérico no es la fría indiferencia ni una actitud que puede ser adecuada para llevar la contabilidad o hacer operaciones financieras, sino más bien una respuesta afectiva profunda y genuina, un amor verdaderamente luminoso o una alegría santa.

Ayer, miércoles 20 de mayo de 2009, Benedicto XVI, durante la audiencia general, en la que participaron más de 20 mil peregrinos, hizo un balance de su peregrinación a Tierra Santa. Y entre otras cosas dijo:

En esa Tierra bendecida por Dios a veces parece imposible salir de la espiral de la violencia. Pero, ¡nada es imposible para Dios y para cuantos confían en Él! Por eso, la fe en un único Dios, justo y misericordioso, que es el recurso más precioso de estos pueblos, debe liberar toda su carga de respeto, de reconciliación y colaboración. Quise expresar este auspicio al visitar tanto al gran mufti y a los jefes de la comunidad islámica de Jerusalén, como al gran rabinado de Israel, así como en el encuentro con las organizaciones comprometidas en el diálogo interreligioso, y además, en la reunión con los jefes religiosos de Galilea.

Jerusalén es la encrucijada de las tres grandes religiones monoteístas, y su mismo nombre -“ciudad de la paz”- expresa el designio de Dios sobre la humanidad: hacer de ella una gran familia. Este designio, anunciado a Abraham, se realizó plenamente en Jesucristo, que san Pablo llama “nuestra paz”, pues derrumbó con la fuerza de su Sacrificio el muro de la enemistad (Cf. Efesios, 2, 14). Todos los creyentes, por tanto, deben dejar atrás prejuicios y voluntad de dominio y practicar con concordia el mandamiento fundamental: amar a Dios con todo su ser y amar al prójimo como a nosotros mismos. Esto es lo que están llamados a testimoniar los judíos, los cristianos y los musulmanes para honrar con los hechos al Dios que rezan con los labios. Y esto es exactamente lo que llevaba en el corazón, en la oración, al visitar Jerusalén, el Muro Occidental -o Muro de las Lamentaciones- y la Cúpula de la Roca, lugares simbólicos respectivamente del judaísmo y el islam.

Cfr. Texto completo de la audiencia general: Leer el resto de esta entrada »

Aunque lo celebramos el Domingo, mañana jueves se cumplen los días de la Ascensión del Señor. Las lecturas de la misa presentan ante nuestros ojos a Cristo, quien a la vista de los discípulos asciende al cielo, se sienta a la derecha de Dios dotado de regia potestad, prepara a los hombres al reino celestial, y vendrá al final de los tiempos.

Afortunadamente, la Iglesia nació, ¡como tiene que ser!, de Cabeza.  Cuando se cumplió en tiempo, nuestra Cabeza: Cristo, irrumpió definitivamente a la Luz del Cielo. Allí lo ven llegar los ángeles, y el Padre le recibe como a un recién nacido. Y gozoso le besa sin poder dejar de mirar aquellas cinco llagas que aun sangran, pero que están llenas de gloria y de almas. El Cielo permanece desde aquel día más radiante que antes.

“Miraban fijos al cielo, viéndole irse”

Hemos de evitar hacer de la Ascensión un melancólico “adiós”, porque se trata de en realidad de una gran fiesta. Es necesario advertir la diferencia que existe entre una desaparición y una partida. Con la Ascensión, Jesús no partió, sólo ha desaparecido de la vista. Vale, Jesús ya no está visible, pero ¿cómo sabemos de su presencia? La respuesta es: ¡Él quiere hacerse visible a través de sus discípulos!: “Vosotros sois testigos de estas cosas” (Lc 24, 48).

Si, por medio de los cristianos, prosigue su presencia entre nosotros: Cristo aprieta el trigo en sus manos llagadas, lo empapa con su sangre, lo limpia, lo purifica y lo arroja en el surco, que es el mundo. Echa los granos uno a uno, para que cada cristiano, en su propio ambiente, dé testimonio de la fecundidad de la Muerte y de la Resurrección del Señor (cfr. san Josemaría Escrivá)

Vale, muy bien, fiesta, presencia entre nosotros… Pero, ¿sabes Señor…? ¿Cómo decírtelo? Te lo diré con estos versos que copio de Fray Luis de León (1527-1591): (…)

Los antes bienhadados,

Y los ahora tristes y afligidos,

A tus pechos criados,

De Ti desposeídos,

¿En donde posarán ya sus sentidos?

¿Qué mirarán los ojos

Que vieron de tu rostro la hermosura,

Que no les sea enojos?

Quien oyó tu dulzura,

¿Qué no tendrá por sordo y desventura?

(…)

¡Ay! nube, envidiosa

Aun de este breve gozo, ¿qué te aquejas?

¿Dónde vuelas presurosa?

¡Cuán rica tú te alejas!

¡Cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas!

Vamos tu y yo a no dejar cerrar la herida del corazón, hasta que un abrazo intenso, corazón a corazón, cierre y cure para siempre al fin la llaga.

Cuando un hombre le da prioridad a las necesidades de una mujer y se compromete gozosamente a apoyarla y satisfacerla, la cuarta necesidad primaria de amor de una mujer se ve satisfecha. Una mujer se crece cuando se siente adorada y especial.

Por eso, un hombre cuando hace que los sentimientos y las necesidades de su mujer sean más importantes que sus otros intereses tales como el trabajo, el estudio y el esparcimiento, satisface esta cuarta necesidad de su pareja de ser amada.

Así mismo, cuando una mujer siente que es el número uno en la vida de su pareja, entonces, con toda facilidad ella lo admira.

Al igual que la mujer necesita sentir la devoción de su hombre, el hombre necesita sentirse admirado por su mujer.

Admirar a un hombre es tomarlo en consideración con deslumbramiento, deleite y una aprobación complaciente. Un hombre se siente admirado cuando ella se siente felizmente asombrada por sus características o talentos únicos que pueden incluir el humor, la fuerza, la persistencia, la integridad, la honradez, el romanticismo, la bondad, el amor, la comprensión y otras virtudes llamadas “anticuadas”.

Y cuando un hombre se siente admirado, entonces se siente lo suficientemente seguro como para dedicarse a su mujer y adorarla.

Cfr. “Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus” de J. Gray

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