Mirar a María

Miércoles, 8 abril, 2009

Hay un canon de belleza femenino de este mundo, se trata de ese prototipo de mujer que la televisión y el cine están introduciendo en nuestras casas, y para quien la virginidad supone una vergüenza, la fidelidad una represión, y la maternidad un inconveniente.

De ella se enamora el hombre como se enamoran las bestias, como se enamoran los imbéciles.

Hoy gritaría, a todas las mujeres, que no sigan los pasos de esa Venus de barro: esa mujer viene de la muerte y lleva a la muerte, arrastrando consigo a quien encuentra en su camino; es la Eva caída que clama por sus fueros. Su único “timbre de gloria” es recordarle al hombre que es de carne, obligarle a mirar hacia abajo, hacia la tierra…

Existe también un canon de belleza femenino, que aunque es de este mundo sin embargo nos hace mirar al Cielo. Y ¿sabes? Yo, yo prefiero mirar al Cielo, a la Mujer que me recuerda que soy hijo de Dios, y que guarda mi carne en la Cruz hasta el día en que vuelva el Señor. Ese día, antes de ver a Jesús, mis ojos llorosos la verán a Ella, y recibiré el beso materno de sus labios, y mis manos cogerán las suyas, para ser llevado, como un niño, hasta la presencia majestuosa de mi Señor.

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