Lo que aprendieron los marcianos y las venusinas
Lunes, 23 Febrero, 2009

“Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus”, de John Gray
Terminamos ya este interesantísimo capítulo 3º. La conclusión parece evidente: solo en la mutua aceptación y respeto de las diferencias todo ira mejor. Más aún, parece como si fuese el camino que la misma naturaleza hubiera previsto. Efectivamente, en la medida en que los marcianos respeten que las venusinas necesitan hablar para sentirse mejor, aun cuando ellos no tuvieran mucho que decir, advertirán que el escucharlas puede servir de gran apoyo. Y las venusinas en la medida que aprenden a respetar que los marcianos necesitan retirarse para enfrentar el estrés, advertiran que la cueva ya no es un gran misterio o causa de alarma.
Lo que han de aprender los marcianos:
Los marcianos se dieron cuenta de que aun cuando se sintieran atacados, culpados o criticados por las venusinas, se trataba solo de algo temporal; pronto las venusinas se sentirían mejor, muy agradecidas y dispuestas a aceptarlos. Al aprender a escuchar, los marcianos descubrieron hasta que punto las venusinas se enriquecían al hablar de los problemas.
Cada marciano encontró la paz mental cuando entendió finalmente que la necesidad de una venusina de hablar de sus problemas no era porque él le hubiese fallado de algún modo. Aprendió además que una vez que la venusina se siente escuchada deja de extenderse sobre sus problemas y se torna muy positiva. Con este conocimiento, un marciano era capaz de escuchar sin sentirse responsable de resolver todos los problemas de ella. (…)
Cuando los marcianos aprendieron a escuchar, hicieron el descubrimiento más asombroso. Comenzaron a darse cuenta de que escuchar a una venusina hablar de sus problemas podía realmente ayudarlos a salir de sus cuevas del mismo modo en que lo hacían las noticias de la televisión o la lectura de un diario.
Efectivamente, cuando los hombres aprenden a escuchar sin sentirse culpados o responsables. El hecho de escuchar en si se hace mucho más fácil. Cuando un hombre saca provecho de dicha actitud, se da cuenta de que escuchar puede ser una excelente manera de olvidar los problemas del día y que además puede brindar mucha satisfacción a su pareja. De todas formas, habrá días en que el se siente realmente tenso, y necesite estar en su cueva y salir lentamente por medio de alguno otra distracción.
Lo que han de aprender las venusinas:
Las venusinas también encontraron la paz mental cuando entendieron finalmente que un marciano en su cueva no era signo de que ya no la amaba. Aprendieron a aceptarlo más en esos momentos porque él estaba experimentando mucho estrés.
Las venusinas no se sentían ofendidas cuando los marcianos se distraían con facilidad. Cuando una venusina hablaba y un marciano se distraía, ella dejaba cortésmente de hablar, permanecía allí y esperaba que el se diera cuenta. Luego comenzaba a hablar de nuevo. Entendía que algunas veces le resultaba difícil prestarle toda la atención. Las venusinas descubrieron que al solicitar la atención de los marcianos en forma relajada y comprensiva estos se sentían felices de reorientar su atención.
Cuando los marcianos se mostraban totalmente preocupados en sus cuevas, las venusinas tampoco se lo tomaban en forma personal. Aprendieron que ese no era el momento de mantener conversaciones íntimas sino de hablar sobre los problemas con sus amigas o divertirse e irse de compras. Las venusinas descubrieron que cuando los marcianos se sentían así amados y aceptados, salían más rápidamente de sus cuevas.



Lunes, 20 Abril, 2009 at 4:56 pm
[...] En el capítulo 2, que lleva por título: “Los hombres se retiran a las cuevas y las mujeres hablan”, explica la razón de ese resentimiento secreto que enfría el amor en muchos matrimonios: él piensa: “cuanto habla, que pesada” y ella piensa: “no me escucha, que egoísta”. El hombre encuentra alivio en su cueva y sin darse cuenta (no por maldad) se vuelve egoísta (piensa: no puedo dedicarme a los demás hasta que no resuelva mi problema: mi yo). Ante el stress él se encierra en la cueva para encontrar la solución, está ensimismado, rumiando en su cabeza la solución. Saldrá para liberar su mente: prensa mundial, deportes de riesgo, etc. A ella le parece egoísmo ese leer el periódico o ese ver el fútbol gritando. Ante el stress ellas necesitan hablar y desahogarse contando lo que les ocurre, no necesitan soluciones, solo exponer sus preocupaciones y sentirse verdaderamente comprendidas. Al igual que a él le gusta examinar los complicados detalles con los que alcanzo una solución de un problema (su mente valora más la competencia), a ella le encanta comentar con detalle su problema, no le interesa tanto la solución, sino se escuchada y comprendida (su mente valora más el amor que la competencia). Una solución: la simbiosis complementaria: él aprendió a relajarse escuchando y al verla feliz se sintió eficaz… [...]
Lunes, 20 Abril, 2009 at 6:45 pm
[...] En el capítulo 2, que lleva por título: “Los hombres se retiran a las cuevas y las mujeres hablan”, explica la razón de ese resentimiento secreto que enfría el amor en muchos matrimonios: él piensa: “cuanto habla, que pesada” y ella piensa: “no me escucha, que egoísta”. El hombre encuentra alivio en su cueva y sin darse cuenta (no por maldad) se vuelve egoísta (piensa: no puedo dedicarme a los demás hasta que no resuelva mi problema: mi yo). Ante el stress él se encierra en la cueva para encontrar la solución, está ensimismado, rumiando en su cabeza la solución. Saldrá para liberar su mente: prensa mundial, deportes de riesgo, etc. A ella le parece egoísmo ese leer el periódico o ese ver el fútbol gritando. Ante el stress ellas necesitan hablar y desahogarse contando lo que les ocurre, no necesitan soluciones, solo exponer sus preocupaciones y sentirse verdaderamente comprendidas. Al igual que a él le gusta examinar los complicados detalles con los que alcanzo una solución de un problema (su mente valora más la competencia), a ella le encanta comentar con detalle su problema, no le interesa tanto la solución, sino se escuchada y comprendida (su mente valora más el amor que la competencia). Una solución: la simbiosis complementaria: él aprendió a relajarse escuchando y al verla feliz se sintió eficaz… [...]