Para ella: “deja de darle consejos”. Para él: “Aprende a escucharla”

Lunes, 19 enero, 2009

“Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus” de John Gray

Seguimos en este interesantísimo capítulo 2. Una vez visto el hecho y el el por qué de esas dos tendencias: el “señor arreglalo-todo” y la “comisión para el mejoramiento del hogar”, John Gray da dos recomendaciones útiles para cada caso:

Para ella: “deja de darle consejos”

Sino, resultara muy fácil lastimar y ofender en forma inadvertida y no intencional al hombre que más ama.

Por ejemplo, Tom y Mary iban a una fiesta. Tom conducía. Después de unos veinte minutos de haber dado vuelta varias veces a la misma manzana, Mary estaba segura de que Tom se había perdido. Entonces le sugirió que pidiera ayuda. Tom se torno muy silencioso. Finalmente llegaron a la fiesta, pero la tensión originada a partir de ese momento perduró durante toda la noche. Mary no tenia idea de porque él estaba tan enfadado. Por su parte, ella decía: “te amo y me preocupo por ti, así que te ofrezco esta ayuda”. El se sentía ofendido. Lo que escuchaba era: “no confío en que puedas llevarnos hasta allí. ¡Eres un incompetente!”.

Sin saber nada de la vida en Marte, Mary no podía apreciar hasta que punto resultaba importante para Tom alcanzar su objetivo sin ayuda. El ofrecimiento de un consejo constituía el último insulto. Tal como lo hemos señalado, los marcianos nunca ofrecen un consejo a menos que se lo pidan. Una manera de honrar a otro marciano es suponer siempre que puede resolver su problema a menos que solicite ayuda.

Después de informarse acerca de marcianos y venusinas, Mary aprendió a apoyar a Tom en los momentos difíciles. La vez siguiente en la que éste se perdió, en lugar de ofrecer “ayuda” ella se contuvo de brindar consejo alguno, aspiró hondo y apreció profundamente lo que Tom estaba tratando de hacer por ella. Tom apreció mucho su cálida aceptación y confianza.

Hablando en términos generales, cuando una mujer ofrece un consejo no solicitado o trata de “ayudar” a un hombre, no tiene idea de hasta que punto dicha actitud puede resultarle crítica y agresiva. Aun cuando su intención sea afectuosa, sus sugerencias le ofenden y lastiman. Las reacciones de él pueden ser fuertes, en especial si fue criticado cuando era niño o si observó que su padre era criticado por su madre.

Para muchos hombres, resulta muy importante probar que pueden alcanzar su objetivo, aun cuando sea algo pequeño como conducir hasta un restaurante o una fiesta. Irónicamente, pueden mostrarse más sensible respecto de las pequeñas cosa que de las grandes. Sus sentimientos son parecidos a los siguientes: “si no confía en mi para las pequeñas cosas como llegar hasta una fiesta, ¿cómo va a confiar en mi para cosas más importantes?”. Al igual que sus ancestros marcianos, los hombres se enorgullecen en ser expertos, en especial cuando se trata de reparar cosas mecánicas, llegar a ciertos lugares o resolver problemas. Esos son los momentos en los que necesitan la aceptación afectuosa por parte de ellas, y no su consejo o su crítica.

Para él: “Aprende a escucharla”

Del mismo modo, si un hombre no entiende las diferencias de la mujer, puede lograr que las cosas empeoren cuando trata de ayudarla. Los hombres deben recordar que las mujeres hablan de los problemas para acercarse y no necesariamente para obtener soluciones. Muchas veces una mujer solo quiere compartir sus sentimientos acerca de su vida diaria, y su marido, creyendo que la ayuda, la interrumpe con una avalancha de soluciones para sus problemas. No tiene idea de porque ella no se siente complacida.

Por ejemplo, Mary llega a casa después de un día agotador. Quiere y necesita compartir sus sentimientos sobre ese día. Ella dice: “Hay tanto por hacer que no me queda tiempo para mi misma”. “Deberías abandonar ese empleo. No tienes porque trabajar tanto. Encuentra algo que te guste hacer” –responde Tom. “Pero me gusta mi trabajo. Simplemente esperan que yo cambie todo de un momento a otro” –replica Mary. “No los escuches. Haz lo que puedas hacer” –aconseja Tom. “¡Eso hago!” –protesta Mary, y continua diciendo: “No puedo creer que hoy me haya olvidado de llamar a mi tía”. “No te preocupes por eso. Ella lo entenderá” –la calma Tom. “¡Sabes lo que esta viviendo! Me necesita” –insiste Mary. “Te preocupas demasiado, por eso te sientes tan desdichada” –sentencia Tom. “No siempre me siento desdichada. ¿Acaso no puedes escucharme?” –se queja Mary. “Estoy escuchándote” –asegura Tom. “No sé siquiera porque me preocupo” –concluye Mary angustiada.

Después de esta conversación, Mary se sintió mas frustrada que cuando llego a casa buscando intimidad y compañerismo. Tom también se sentía frustrado y no tenía idea de lo que había salido mal. Quería ayudar pero sus tácticas de resolución de problemas no habían funcionado. Al no saber nada acerca de la vida en Venus, Tom no había comprendido cuán importante era simplemente escuchar sin ofrecer soluciones. Sus soluciones solo habían empeorado las cosas.

Una manera de respetar a otra venusina es escuchar pacientemente, mostrando empatía y buscando entender realmente sus sentimientos. Tom no sabía que con escuchar con empatía a Mary mientras esta expresaba sus sentimientos le habría brindado un gran alivio y satisfacción.

Ahora, cuando Mary llega a casa, cansada y agotada, sus conversaciones son totalmente distintas, más o menos así: “Hay tanto por hacer. No tengo tiempo para mí”. Tom respira profundamente, se relaja al exhalar y dice: “¡Ah! ,Parece que tuviste un día difícil.” “Esperan que cambie todo de un momento a otro. No sé que hacer” –comenta Mary. “Hmm” –farfulla Tom tras una pausa. “Olvidé incluso llamar a mi tía” –dice Mary. “Que pena” –responde Tom con el ceño levemente fruncido. “Me necesita tanto… Me siento tan mal” –se lamenta Mary. “Eres una persona muy afectuosa” –la alienta Tom: “Ven aquí, déjame abrazarte”. Tom abraza a Mary y ella se relaja en sus brazos con un gran suspiro de alivio. Luego dice: “Me encanta hablar contigo. Me haces realmente feliz. Gracias por escuchar. Me siento mucho mejor”.

No solo Mary se sintió mejor. Tom también. Se asombró de ver cuanto más feliz se sentía su esposa una vez que él hubo aprendido a escuchar. Con ese nuevo conocimiento de sus diferencias, Tom aprendió la sabiduría de escuchar sin ofrecer soluciones mientras que Mary aprendió la sabiduría de liberarse y aceptar sin ofrecer críticas o consejos no solicitados.

Para sintetizar los dos errores más comunes que cometemos en las relaciones: 1) El hombre al tratar de cambiar los sentimientos de la mujer cuando ella esta perturbada (el “arréglalo-todo”) y ofrecerle soluciones, ella siente que invalida sus sentimientos. 2) La mujer al tratar de cambiar el comportamiento del hombre cuando este comete errores (la Comisión de Mejoramiento del Hogar) solo le ofrece críticas y consejos no solicitados.

(continuará)

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3 Responses to “Para ella: “deja de darle consejos”. Para él: “Aprende a escucharla””


  1. [...] Gray aclara que, al señalar los dos errores que ya vimos, no quiere decir que todo sea negativo en el señor “arréglalo-todo” o en la Comisión de [...]


  2. [...] al descubrir que no le hace caso, piensa que no le sirve o que no confía en él y se inhibe más. Para ella: deja de darle consejos. Para él: escúchala. Esta mutua complementariedad puede resultar muy [...]


  3. [...] al descubrir que no le hace caso, piensa que no le sirve o que no confía en él y se inhibe más. Para ella: deja de darle consejos. Para él: escúchala. Esta mutua complementariedad puede resultar muy [...]


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