El recuerdo de nuestras diferencias

Lunes, 12 enero, 2009

Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus, de John Gray.

Con una sugerente alegoría que da origen al título del libro comienza Jonh Gray el capítulo 1. La idea es clara: solo mientras recordemos las diferencias podemos llegar a entendernos adecuadamente.

“Un día hace mucho tiempo, los marcianos, mirando a través de sus telescopios, descubrieron a las venusinas. El solo hecho de echarles un rápido vistazo a las venusinas les despertó sentimientos que no habían tenido nunca. Se enamoraron e inventaron rápidamente los viajes espaciales para volar cerca de Venus.

Las venusinas recibieron a los marcianos con los brazos abiertos. Habías sabido en forma intuitiva que ese día llegaría alguna vez. Sus corazones se abrieron de par en par para un amor que nunca antes habían sentido.

El amor entre venusinas y marcianos fue mágico. Se maravillaron estando juntos, haciendo cosas juntos y comunicándose entre sí. Aunque eran de mundos diferentes, se deleitaron en sus diferencias. Pasaron meses aprendiendo uno acerca del otro, explorando y valorando sus diferentes necesidades, preferencias y pautas de comportamiento. Durante años vivieron juntos, enamorados y en armonía.

Luego decidieron volar hacia la tierra. Al principio todo era maravilloso y hermoso. Pero se impusieron los efectos de la atmósfera terrestre y una mañana todos se despertaron con un tipo peculiar de amnesia: ¡la amnesia selectiva!

Tanto los marcianos como las venusinas olvidaron que eran de planetas diferentes y que se suponía que eran diferentes. En una mañana todo lo que habían aprendido acerca de sus diferencias fue borrado de sus memorias. Y desde ese día, hombres y mujeres han estado en conflicto.”

Concluye John Gray afirmando que sin este recuerdo-conocimiento de las diferencias mutuas se generan conflictos innecesarios en la relación hombre-mujer. Inconscientemente esperamos que el sexo opuesto sea más como nosotros. Deseamos que “quieran lo que queremos” y “sientan lo que sentimos”. Tendemos a imaginar que si alguien nos ama debe reaccionar y comportarse de la misma manera en que yo reacciono y me comporto cuando manifiesto mi amor a alguien. Pero esta actitud es equivocada y nos predispone a sentirnos decepcionados una y otra vez.

Por ejemplo, los hombres esperan que las mujeres piensen, se comuniquen y reaccionen del mismo modo en que lo hacen ellos; y las mujeres esperan erróneamente que los hombres sientan, se comuniquen y respondan en la forma en que lo hacen ellas. Cuando se olvidan las diferencias es precisamente cuando vienen las dificultades y los conflictos, muchas veces en sí mismos innecesarios y sin causa real. El hecho de reconocer y respetar las diferencias reduciría mucha perplejidad y confusión en las relaciones. Según John Gray muchos de estos problemas pueden solucionarse cuando uno recuerda que los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus.

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