Dios hecho hombre: ¿Qué nos evoca este modo de proceder de Dios?
Viernes, 26 diciembre, 2008
El otro día fui a ver a una señora muy mayor (97 años) y estuve hablando con ella un rato hasta que en un momento me miró con perplejidad e incorporándose un poco inesperadamente me preguntó: “¿Quién soy yo para que usted esté aquí conmigo, perdiendo el tiempo, con la de cosas que tendrá que hacer?”… Cuando regresaba a casa no podía olvidar aquella expresión y la pregunta que me había hecho aquella mujer.
Efectivamente dentro de nosotros mismos existe una creencia más o menos consciente de que en realidad no merecemos ser amados. El ser amados siempre nos produce perplejidad. El amor tiene para nosotros algo de ciego, de absurdo, de “química” he oído decir últimamente… Pero, entonces descubrimos que todo un Dios (que por cierto no tiene elementos químicos, ni genes, ni nada de eso) nos Ama.
Sí, la Encarnación de Dios nos manifiesta el amor que nos tiene. Y este Amor de Dios por nosotros es medicina que nos cura… Sí, todo un Dios nos quiere, se ha hecho un Niño para manifestarnos que nos quiere, se ha hecho como nosotros, ha vivido con nosotros por amor nuestro, ha reído, se ha cansado, ha tenido hambre y sed, ha saboreado la amargura y la alegría de la vida por amor nuestro, porque quiere unirse a nuestra vida en toda su realidad… Cuando yo sufro, El sufre conmigo y yo con Él; cuando yo río, El ríe conmigo y yo con Él… Todo esto lo ha hecho por amor a nosotros: Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo a mundo… Para darnos ejemplo: que os queráis como yo os he amado… No hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos…
Amor con amor se paga… Santo Tomás dice que los hombres necesitamos ser llevados al amor como de la mano, y que por medio de cosas sensibles, fáciles de reconocer para nosotros, podemos llegar a amar las más espirituales como a Dios: “para que conociendo a Dios visiblemente seamos por El arrebatados al amor de las cosas invisibles” (S. Th. 2-2, q.48, a3 ad 2). Efectivamente, a través de los detalles de amor a un Niño estamos queriendo, manifestando así nuestro amor, a todo un Dios de un modo muy adecuado a nuestra forma de proceder.




Sábado, 3 enero, 2009 at 10:49 am
hay una tendencia a pensar que “Dios no se puede ocupar de nosotros”, porque está, claro muy “ocupado en cosas grandes”,
subyace, muchas veces a mi modo de ver, al menos en el mundo protestante y/o católico muy influido por el pensamiento protestante, en el que vivo, una forma de pensar que rechaza lo que se denomina el antropomorfismo de Dios,
no sé por qué me da la impresión de que esta actitud (no la de su amiga casi centenaria, pero sí de mis congéneres alemanes) de rechazo al supuesto antropomorfismo divino, tiene algo que ver con este: Dios no se puede ocupar de nimiedades como es mi vida (desde Su perspectiva, claro).
Qué piensas? Habrá alguna relación?
Saludos y gracias!
Sábado, 3 enero, 2009 at 12:27 pm
[...] días este libro de John Gray. Aprovecho esta reflexión inspirada en el libro para responder al comentario de Marta Salazar. Espero responderte Marta con este [...]
Sábado, 3 enero, 2009 at 12:34 pm
Gracias Marta por tu comentario. Me parece muy interesante lo que planteas y aunque no sea una reflexión teológica he procurado dar una respuesta en el post de hoy: Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus
Jueves, 10 diciembre, 2009 at 12:24 pm
[...] El año pasado por estas fechas -ya se murió- hice una breve visita a una señora muy mayor. En un momento de la conversación, de manera inesperada, me miró con perplejidad e incorporándose un poco me preguntó: “¿Quién soy yo para que esté aquí conmigo, perdiendo el tiempo, con la de cosas que tendrá que hacer?”… La sonreí y seguí hablando de otra cosa. Pero cuando me fui de allí, no podía olvidar aquella mirada, ni aquella pregunta. [...]
Martes, 22 diciembre, 2009 at 10:15 pm
no es justo quiero ver esa imagen no medejan losde mando