El mundo gira enamorado

Viernes, 12 Septiembre, 2008

“Cuando el mundo gira enamorado” de Rafael de los Rios

Terminamos este precioso libro, ha sido una gozada releerlo y una vez más el final me ha vuelto a emocionar, y no soy sensiblero. espero que os haya ayudado como a mí la lectura por capítulos de esta magnífica obra.

Con torpes pasos, Viktor y los demás prisioneros se arrastraron hasta las puertas del campo, la mañana de su liberación. Por primera vez, el psiquiatra vio los alrededores del campo con ojos de hombre libre. «¡Somos libres! ¡Somos libres!», se repetía una y otra vez sin creérselo del todo. Había soñado tantas veces con la liberación, que ahora, ni aun caminando a su antojo, se atrevía a admitir que era verdad.

Llegó a los prados cubiertos de flores. Las con­templó, y se dio cuenta de que las flores estaban allí, en esos maravillosos bosques de Baviera. Pero no despertaban en Viktor ningún sentimiento. Los re­cién liberados no pertenecían todavía a este mundo.

A1 atardecer, cuando los ex-prisioneros volvieron al barracón, el doctor Racz preguntó:

-Dime, doctor Bela, ¿has estado hoy contento?

-Para ser franco, no.

«Literalmente hablando, pensó Viktor, hemos per­dido la capacidad de alegrarnos y tenemos que vol­ver a adquirirla, poco a poco. Los prisioneros nos encontramos algo así como despersonalizados. Todo nos parece irreal, improbable, como un sueño. No podemos creer que sea verdad. ¡Cuántas veces, en los años pasados, nos han engañado los sueños!»

Pasaron muchos días antes de que se le soltara a Viktor la lengua… y también algo que llevaba dentro de sí mismo, un sentimiento que necesitaba abrirse camino entre las extrañas cadenas que lo habían cons­treñido.

Y ese sentimiento salió a relucir un día, poco des­pués de su liberación, mientras el psiquiatra vienés paseaba por la campiña florida, camino del pueblo más próximo. Veía las alondras elevarse hasta el cie­lo azul; incluso podía oír sus gozosos cantos. Había tierra y había cielo; había júbilo en las alondras y había libertad en el espacio abierto. Viktor se detuvo, miró a su alrededor, después al cielo y, finalmente, cayó de rodillas. En aquel momento sabía muy poco de él mismo y del mundo. Sólo tenía en la cabeza una frase, siempre la misma:

«Desde mi estrecha prisión llamé a mi Señor, y Él me respondió desde el espacio en libertad». Nunca supo cuánto tiempo permaneció allí, de rodillas, repitiendo una y otra vez su jaculatoria. Pero siempre supo que aquel día, en aquel momento, su vida empezó de nuevo”.

Precisamente uno de esos días, paseando por la campiña bávara, se encontró con un jornalero holan­dés, que también había estado en un campo de con­centración. Aquel hombre, después de su liberación, se había convertido en un emigrante a la fuerza. Se

pusieron a charlar y, mientras tanto, el trabajador ho­landés jugueteaba con una cosa pequeña entre los dedos.

-¿Qué tiene usted en la mano? -le preguntó Viktor.

El holandés abrió la palma de su mano, y Viktor vio algo que le sorprendió: era un globo dorado pe­queño que representaba la tierra, un globo de oro, con los océanos esmaltados de azul, y sobre la banda del Ecuador, también dorada, una inscripción donde pudo leer «El mundo gira enamorado».

-Es sólo un pendiente -respondió el jornalero. -¿Sólo un pendiente? ¿Un pendiente? -repitió Viktor, recordando a Tilly, su esposa.

Era un pendiente exactamente igual a los pen­dientes que él había regalado a Tilly cuando ella ce­lebró su primer cumpleaños junto a Viktor. ¿Exacta­mente igual? Casi con toda seguridad era el mismo, porque el dueño de la tienda le aseguró a Viktor que le vendía «los únicos pendientes de esta clase que existen en Viena».

Precisamente cerca de Munich acababa de descu­brirse un almacén donde los SS habían guardado enormes colecciones de joyas, procedentes de los campos de exterminio: entre éstos, Auschwitz era la principal fuente. Más tarde, el psiquiatra se enteraría de que Tilly murió en el campo de concentración de Bergen-Belsen, situado al norte de Alemania; y su madre y su hermano Walter, en Auschwitz.

-¡Le compro ese pendiente! -dijo Viktor al tra­bajador holandés.

-¡Cómo! ¿Le interesa? -se sorprendió el cam­pesino.

Pronto llegaron a un acuerdo y Viktor Frankl pudo contemplar una y otra vez el pendiente de oro. «Está ligeramente abollado, pensó, pero aun así el mundo sigue girando enamorado».

***

El mundo siguió girando. Y el 18 de julio de 1947, Viktor Frankl contrajo matrimonio con Eleonor Ka­tharina Schwindt (Elly), enfermera de la Policlínica de Viena. Tuvieron una hija: Gabriele, que se casó con Franz Vasely. Ambos tuvieron dos hijos. Katha­rina y Alexander se llaman los dos nietos de Viktor y Elly.

Viktor Emil Frankl falleció en Viena el 2 de sep­tiembre de 1997, a los 92 años de edad. Pudo con­templar en vida cómo la logoterapia no sólo llegó a convertirse en la Tercera Escuela Vienesa de Psico­logía, sino que también se extendió por los cinco continentes. Doctor en Filosofía desde 1949, recibió 29 doctorados honoris causa en universidades del mundo entero. De sus 32 libros, traducidos a 26 idio­mas, se han vendido varios millones de ejemplares. Por ejemplo, El hombre en busca de sentido lleva, hasta ahora, más de nueve millones de ejemplares.

¡Ah! Y volvió a escalar sus queridas montañas. También las de Salzburgo, entrevistas por la mirilla de aquel vagón que transportaba ganado humano.

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