¿La familia?

Lunes, 8 septiembre, 2008

ALGUNOS DICEN QUE la familia, valor de las sociedades primitivas o burguesas, ha sido duramente quebrantada por el declive del espíritu religioso y, en particular, por la generalización del divorcio y la práctica cada vez más extendida de la soltería. A esos factores de desunión hay que añadir el trabajo de las muje­res, que confían sus hijos a las guarderías y apenas ejercen en sus casas el papel tradicional de guardianas del hogar, así como el desarrollo de la vida social, que impide a la familia recoger­se en su intimidad como antiguamente. En resu­men, la familia ha dejado de ser un valor de referencia, la autoridad del padre no es más que un recuerdo, y la madre no ejerce ya el dominio que antaño le era propio porque la naturaleza le otorgaba muchos poderes aunque la ley se los negara. Parece, pues, llegado el momento de pa­sar a la familia a la cuenta de pérdidas de los tiempos modernos, con lo que además la juventud ganará mucho en libertad.

SIN EMBARGO, la familia es una institución na­tural, y lleva funcionando que se sepa unos cientos de miles de años.

POR ESO OTROS MANTIENEN QUE:

1. La costumbre de caminar sobre dos pies es igualmente una costumbre primitiva, pero a nadie se le ha ocurrido todavía romper con ella aunque haya sido adoptada por la bur­guesía.

2. Como siempre, se atribuye a la religión lo que ya existía antes y que ella no ha hecho más que codificar: el sentido de la familia está vivo entre muchos animales, que no van a misa, y los animales distan mucho de dar mal ejem­plo a los humanos.

3. Es cierto que la familia padece cada vez más la multiplicación de los divorcios, pero todo el mundo reconoce que son los hijos los que más sufren ese estado de cosas, lo que aboga más por la restauración de los valores familia­res que por su abolición.

4. Son falsas las conclusiones que se sacan del trabajo de las mujeres fuera del hogar. Ellas llevan sobre sí el doble quehacer del trabajo y de la casa con una entereza de la que pocos hombres serían capaces, y eso debería -por la admiración y el reconocimiento que mere­cen- fortalecer y estrechar los lazos familia­res en lugar de debilitarlos.

La familia no es en modo alguno una inven­ción de la Iglesia o el Estado burgués como vienen proclamando, desde hace un siglo o dos, mezquinos escritores dedicados con saña a combatir cualquier forma de moral que pu­diera dejar al descubierto su mediocridad; al contrario, la familia es simultáneamente un refugio contra la adversidad y una célula tan sólida de resistencia a la opresión que la pri­mera tarea que se imponen los tiranos totalitarios es la de hacerla saltar en pedazos, enro­lando para ello a los niños en tristes batallo­nes de pantalones cortos y esforzándose por introducir la delación en los hogares.

«El ge­nuino aventurero de los tiempos modernos es: el padre de familia», decía Péguy. Efectivamente, la familia se asemeja más a una pequeña asociación de rebeldes, unidos contra todas las formas de presión exterior, que a una institución bur­guesa, y el no-conformismo consiste hoy en defenderla, no en atacarla.

Cfr. Sentido de la vida

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 523 seguidores

%d personas les gusta esto: