Ayer vi como un padre enseñaba pacientemente a su hijo tirarse de cabeza a la piscina. El niño hacía uno y otro intento, y su padre le iba corrigiendo. Papá, papá ¿qué tal lo he hecho ahora? Era lo primero que decía cada vez que sacaba la cabeza del agua tras el salto.

Conviene educar a los chicos de modo que tengan capacidad de superar los tropiezos con deportividad. Ya se que lo he dicho con cierta insistencia estos últimos días.

Me han enviado este vídeo de trapecistas. ¿Qué admiramos y aplaudimos al ver estos saltos imposibles realizados? Admiramos y aplaudimos el esfuerzo y la perseverancia que les ha llevado a realizar esta maravilla de precisión y valentía… Sí, porque supieron hacer lo que parecía imposible… Aquí os lo dejo, también para que nos estimulemos cada uno en tantos otros campos de la vida personal, no tan espectaculares, ciertamente, pero tal vez bastante más decisivos (vídeo duración 4′ 25″).

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