«Ningún poder de la tierra podrá arrancarte lo que has vivido».
Viernes, 1 agosto, 2008
“Cuando el mundo gira enamorado” de Rafael de los Ríos
En este capítulo, a través de gestos sencillos descubrimos la importancia de la amistad, del consejo amigo. Un saludo y un comentario salvaron la vida de Víktor Frankl y con él se salvaron otras muchas personas. ¡Cuanto puede llegar a depender de una indicación amiga en el momento oportuno!. El discurso que gracias a Walter Bonn puede dar Víctor en el barracón es una joya que vale la pena leer despacio.
En aquella situación, un día a la hora de almorzar en el trabajo, Viktor sacó de su bolsillo un cigarro que había obtenido a cambio de prestar un servicio a otro preso. El psiquiatra no fumaba. Pero, al igual que en Auschwitz, un cigarrillo constituía algo muy valioso: una especie de moneda con la que podían adquirirse otras cosas. Por ejemplo, alimentos.
Cuando los prisioneros se reagruparon para recibir en sus escudillas la sopa aguada y el trozo de pan negro, Viktor se acercó a un preso, que era un fumador empedernido.
-¿Quieres este cigarro a cambio de tu sopa? -¡Por supuesto! -respondió el otro, a sabiendas de que aquella sopa no era más que agua caliente, con un ligerísimo olor a humo de carne-. Me basta con mi pan negro.
Viktor se retiró a beber la sopa, observando cómo volvía al trabajo otra fila de presos que ya habían recibido el rancho. Entre ellos, marchaba Alberto, el italiano que cantaba arias en Auschwitz. Se cruzaron un breve saludo. Fue suficiente. Su amigo se dio cuenta de que había visto a un «musulmán».
Al cabo de un rato, mientras Viktor apuraba los restos de sopa, se le acercó un prisionero.
-Hola, Viktor -le dijo-. ¿No te acuerdas de mí? Soy Benscher, un amigo de Alberto.
-¡Ah, sí: Benscher! -disimuló el psiquiatra, sin reconocerlo.
-¡Escúchame bien! -el recién llegado habló con energía-. ¡Estas muy delgado y sin afeitar!…
-¡Bah! ¿Y qué? -A Viktor parecía no importarle nada.
-¡Y pesimista! -añadió Benscher-. ¡Reacciona, Viktor! ¡Es urgente! ¡No te des por vencido: porque te estás convirtiendo en un «musulmán»!
Entonces el psiquiatra comprendió que su lamentable estado le llevaría, antes o después, a la muerte.
-Un millón de gracias, Benscher. Y dáselas también a Alberto, que te ha enviado. Dile que echo de menos sus canciones.
A partir de ese momento, Viktor reaccionó con un vigor nuevo. No sólo se afeitaba a diario, sino que se decidió a reconstruir su libro El médico y el alma, para lo cual consiguió que el jefe del barracón, Walter Bonn, le proporcionase formularios de las SS. Él escribiría detrás del papel, por la parte no rellenada. Y, además, pudo sacar a Otto de su lamentable situación. Leer el resto de esta entrada »




