Barbra Streisand

Domingo, 31 agosto, 2008

Barbra Streisand una poderosa y excepcional voz, en mi opinión una de las mejores voces femeninas de la música popular moderna. Aquí os dejo con Memory.

Consejo genético neutro

Sábado, 30 agosto, 2008

Los avances en el conocimiento y en los instrumentos de diagnóstico de las enfermedades de origen genético han llevado a los médicos a ejercer el papel de asesores de las familias afec­tadas por estas enfermedades.

ALGUNOS AFIRMAN QUE los familiares tienen que estar informados de la manera más completa posible para poder tomar las decisiones adecuadas respecto a sus hijos (en espe­cial, cuando se trata de decidir si se deja nacer o no a un niño con anomalías genéticas).

Se ha querido dar a este «asesoramiento», tras sus inicios de los años sesenta, un carácter «neutro», o meramente informativo, sin pretender influenciar a los familiares a la hora de tomar decisiones.

SIN EMBARGO, en realidad, esta idea de un asesoramiento que pueda ser «neutro en el plano ético» es una ilusión. Es una ilusión porque en el fondo la única solución concreta que la medicina puede ofrecer hoy a los padres de un niño que va a nacer con discapacidad es el aborto.

POR ESO ALGUNOS DICEN QUE la ne­gativa, de principio, a adoptar una postura moral o ética y limitarse al papel informativo implica en sí misma ya una deci­sión moral negativa, es decir, la decisión de no ayudar a los padres, con humanidad y compasión, a tomar la decisión justa, que es la del respeto a la vida.

Y AÑADEN QUE se demuestra como la neutralidad del consejo genético es un artificio, por el hecho de que en todas partes los encuentros entre el genetista y el paciente desembocan casi siempre en una pregunta de enorme consecuencias éticas: «Y usted, doctor, ¿qué haría en mi lugar?», preguntan la madre angustiada, el padre desorientado… Pregunta que pone fin, humanamente, a la inhu­manidad de la neutralidad ética.

No responder a esta pregunta sería una forma de escapar , de dejar a la persona que pregunta abandonada en sus dudas irresolubles. Equivaldría a ponerse una venda en los ojos para no ver una grave necesidad de un ser humano, sería casi una omisión negligente del deber de cuidado, un acto de arrogante afirmación del principio de autonomía por encima de otros principios ético-profesionales no menos importantes, y si acaso más importantes.

Los pacientes no van al médico para recibir una clase de genética y unas ideas claras sobre los datos y riesgos de su enfermedad. Van para ser aconsejados, para que les digan los motivos y las consecuencias de sus posibles decisiones. Este proceso tiene como base la confianza. Y la verdadera confianza exige que no se omita ninguna información significativa, y también exige conocer y respetar las convicciones éticas del otro, para protegerlas y tutelarlas.

La experiencia muestra que las madres, por ser madres, están a favor de acoger al hijo herido por la enfermedad genética, e incluso de tenerlo como un regalo de Dios.

«¿Qué haría usted, doctor, en mi lugar?», es la pregunta tremenda que pone en evidencia la incosistencia del consejo genético neutro.

Fuente: Lexicon, por Gonzalo Herran Rodriguez

Cfr. Calidad de vida

Primer intento de fuga

Viernes, 29 agosto, 2008

“Cuando el mundo gira enamorado” de Rafael de los Ríos

En este capítulo es también una continuación directa del anterior. En él se relata muy bien esa lucha interior entre las dos tendencias básicas que determinan nuestro destino: el egoísmo o la entrega. La última escena de la joven moribunda emociona.

-¿Cuándo sería la fuga? -preguntó Viktor.

-Dentro de dos semanas -respondió el doctor Bela-. Tres, a lo sumo. No hay por qué precipitarse. Cuanto más cerca de aquí esté el Ejército de Patton, mejor para nosotros.

-De acuerdo -aceptó Viktor-. Cuenta conmigo.

El plan se llevó a cabo según lo había previsto la minuciosidad húngara del doctor Bela. Los dos mé­dicos abandonaron juntos el campo de concentración sin ninguna dificultad. El problema surgió cuando el miembro de la resistencia, a través de otra persona, les comunicó que no podía proporcionarles unifor­mes hasta dentro de cinco horas; de alimentos, el emisario ni siquiera habló.

-Bien, volvemos a nuestro campo -dijo Bela-, y regresamos aquí transcurridas cinco horas.

-Antes podemos echar un vistazo a ese barracón vacío de la sección de mujeres -comentó Viktor-. No se ve a nadie.

-Las pobres han sido enviadas a otro campo -asintió el médico húngaro-. A lo mejor encontra­mos algo de interés.

El barracón estaba muy desordenado. Por todas partes había desperdicios, pajas, alimentos descom­puestos o loza rota. Algunos tazones se conservaban en buen estado, pero no los cogieron: sabían que no sólo se habían utilizado para comer, sino también como palanganas y orinales. Encontraron dos mo­chilas que les podrían ser útiles.

Volvieron corriendo a su campo. Cuando Viktor entró en el barracón, reunió todas sus posesiones: un cuenco, dos guantes rotos -heredados de un pa­ciente muerto de tifus- y unos cuantos recortes de papel con signos taquigráficos, en los que había em­pezado a reconstruir El médico y el alma. Pasó una visita rápida a todos sus pacientes, que yacían sobre tablones a ambos lados del barracón.

Aunque tenía que guardar en secreto la intención de escapar, Viktor mostraba cierto nerviosismo, y uno de aquellos pacientes -nacido en Viena-, cuya vida se empeñaba inútilmente en salvar, le preguntó:

-¿Te vas tú también?

-¿Adónde voy a ir? -negó Viktor.

Pero, tras la ronda de enfermos, volvió junto a su compatriota. Observó su mirada desesperada y sintió como una especie de acusación. De pronto, decidió mandar en su destino:

-No me voy a ir de ninguna de las maneras -le aseguró.

Salió corriendo del barracón y llegó hasta donde se encontraba el doctor Bela.

-Lo siento de veras -le dijo Viktor-, pero no voy a irme contigo.

-¿Por qué has cambiado de opinión? -inquirió el médico húngaro.

-Porque no puedo, ni debo, abandonar a mis en­fermos. Prefiero quedarme con mis pacientes. Es todo, querido Bela.

-¡Pero ni siquiera sabes lo que te traerán los próximos días!

-Lo que Dios quiera -contestó Viktor sonrien­do abiertamente-. Por eso me ha desaparecido el remordimiento que tenía de dejarlos ahí tirados, de­lirando sobre los tablones podridos. Y por eso tengo ahora una gran paz interior, como nunca antes he sentido.

-Pues ¿sabes lo que te digo? -el doctor Bela también sonrió-. Que nos quedamos los dos. Leer el resto de esta entrada »

Ayer miércoles, 27 agosto 2008, durante la audiencia general concedida en al aula Pablo VI del Vaticano, el Papa reanudó el ciclo de catequesis dedicado a profundizar en la figura y el pensamiento del apóstol Pablo. Antes de despedirse de los peregrinos, Benedicto XVI lanzó un llamamiento para que se terminen los actos de violencia contra cristianos en la India provocados por extremistas hinduistas. A continuación te pongo la audiencia que por ser muy narrativa resulta muy fácil de leer entera:

Queridos hermanos y hermanas:

En la última catequesis antes de las vacaciones, hace dos meses, a inicios de julio, había comenzado una nueva serie temática con motivo del año paulino, reflexionando sobre el mundo en el que vivió Pablo. Hoy quisiera retomar y continuar la reflexión sobre el apóstol de las gentes, proponiendo una breve biografía.

Dado que dedicaremos el próximo miércoles al acontecimiento extraordinario que se verificó en el camino de Damasco, la conversión de Pablo, vuelco fundamental en su existencia tras el encuentro con Cristo, hoy nos detenemos brevemente a analizar el conjunto de su vida. Las señas biográficas de Pablo las encontramos respectivamente en el carta a Filemón, en la que se declara “anciano” (versículo 9: presbýtes), y en los Hechos de los Apóstoles, pues en el momento de la lapidación de Esteban dice que era “joven” (7, 58: neanías).

Ambas designaciones son evidentemente genéricas, pero según los cálculos antiguos “joven” era el hombre que tenía unos treinta años, mientras que se le llamaba “anciano” cuando llegaba a los sesenta. En términos absolutos, la fecha de Pablo depende en gran parte de la fecha en que fue escrita la carta a Filemón. Tradicionalmente su redacción se enmarca en la prisión de Roma, a mediados de los años 60. Pablo habría nacido el año 8, por tanto, habría vivido más o menos sesenta años, mientras que en el momento de la lapidación de Estaban tenía treinta. Esta debería ser la cronología adecuada. Y el año paulino que estamos celebrando sigue precisamente esta cronología. Ha sido escogido el año 2008 pensando en que nació más o menos en el año 8.

En todo caso, nació en Tarso de Cilicia (Cf. Hechos 22,3). La ciudad era capital administrativa de la región y en el año 51 a.C. había tenido como procónsul nada menos que a Marco Tulio Cicerón, mientras que diez años después, en el año 41, Tarso había sido el lugar del primer encuentro entre Marco Antonio y Cleopatra. Judío de la diáspora, hablaba griego a pesar de que tenía un nombre de origen latino, derivado por asonancia del original hebreo Saúl/Saulos, y gozaba de la ciudadanía romana (Cf. Hechos 22,25-28).

Pablo se presenta, de este modo, en la frontera de tres culturas diferentes -romana, griega, judía- y quizá también por este motivo estaba predispuesto a fecundas aperturas universales, a una mediación entre las culturas, a una verdadera universalidad. Leer el resto de esta entrada »

Una terrible posibilidad

Miércoles, 27 agosto, 2008

He leído hace poco esta grata noticia: cerca de un millón de españoles acuden diariamente a misa, según la última encuesta del CIS. Si he hecho bien los cálculos, esto supone casi el 3% de la población… No quiero aguarte la noticia, pero ante las lecturas de la misa de hoy me he planteado esta pregunta: ¿Se podría “practicar” escrupulosamente la religión, ir a misa cada domingo -e incluso cada día-, acudir al sacramento del perdón, rezar con frecuencia… y, a la vez, estar interiormente lleno de inmundicia?

“¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros blanqueados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y crímenes”.

Estas palabras del Señor abren ante nosotros esta terrible posibilidad: ¡se puede!, al igual que una piedra puede permanecer impermeable al paso continuo del agua sobre ella. Esta patología de la vida espiritual se llama “dureza de corazón”, y tiene algunos de estos síntomas:

- Creerte mejor que los demás por rezar y recibir los sacramentos; pensar que por rezar ya no tienes que convertirte ni cargar con tu cruz; si, aunque escuchas a diario la Palabra de Dios, no te das por aludido, y piensas que va por los otros;

- Si, cuando sales de misa, eres incapaz de recordar el contenido de la primera lectura; si eres capaz de recitar cuatro veces la frase con que respondes al salmo sin percatarte de su significado; si, después de comulgar, te quedas contemplando a los que aún están en la fila para ver quién ha venido hoy (y cómo viene)…

Mira, esta enfermedad tiene su causa de fondo en la falta de humildad. Por eso te pongo aquí algunas señales para que hagamos examen:

- si piensas que lo que haces o dices está mejor hecho o dicho que lo de los demás; si siempre quieres salirte con la tuya; si riñes sin razón o —cuando la tienes— insistes con tozudez y de mala manera; si das tu parecer sin que te lo pidan, ni lo exija la caridad; si desprecias el punto de vista de los demás;

- si no miras todos tus dones y cualidades como prestados; si no reconoces que eres indigno de toda honra y estima, incluso de la tierra que pisas y de las cosas que posees;

- si te citas a ti mismo como ejemplo en las conversaciones; o si hablas mal de ti mismo, para que formen un buen juicio de ti o te contradigan; si te excusas cuando te reprenden; si oyes con agrado que te alaben, o te alegras de que hayan hablado bien de ti; si te duele que otros sean más estimados que tú;

- si te niegas a desempeñar oficios inferiores; si buscas o deseas singularizarte; si insinúas en la conversación palabras de alabanza propia o que dan a entender tu honradez, tu ingenio o destreza, tu prestigio profesional…; si te avergonzarte porque careces de ciertos bienes… (cfr. San Josemaría, en Surco 263)

Siento haber sido tan punzante, pero quizás esto nos ayude para pedir hoy al Señor un corazón humilde como el de la Virgen, un corazón que se deje moldear por su Palabra, y para que seamos muy fieles a la multitud de gracias que recibimos cada día en la santa misa.

Superar el egoísmo

Martes, 26 agosto, 2008

A poco que mires sinceramente en tu interior y busques en lo mejor de ti mismo, encontrarás bien nítida una inclinación natural a la entrega desinteresada, a darte a los demás. Sí, ya sé que a alguno le extrañará, pero es real. La generosidad y el egoísmo pugnan por lograr el dominio de cada persona.

Y por eso es importante que las personas descubran desde muy pronto la satisfacción personal que brota de la generosidad, del servicio, del hecho de ayudar a otros. Incluso el trabajo nos satisface verdaderamente sólo cuando vemos que aporta algo, que está contribuyendo a hacer algo positivo para otros.

La mejor forma de conseguir la realización personal —asegura Viktor Frankl— es dedicarse a metas desinteresadas“.

La búsqueda egoísta de la felicidad constituye una contradicción en sí misma, puesto que el egoísmo obstruye el camino de la felicidad. Cuando el placer o la comodidad se deben a intereses egoístas, se produce una curiosa paradoja: cuanto más se buscan, tanto más se diluyen; cuanto más se persiguen, tanto más se apartan de nosotros. Por eso, querer a los otros es el mejor regalo que podemos hacernos a nosotros mismos, porque ese cariño que damos a los demás revierte en nuestro propio enriquecimiento haciéndonos mejores.

Alguien podría pensar: Pero entonces, ser generoso para alcanzar una satisfacción interior ¿no es, en el fondo, una forma solapada de egoísmo? Existe ese riesgo, sin duda, aunque no me parece muy peligroso, porque a la larga, la propia dinámica de la generosidad va mejorando a la persona y purificando su intención y sus intereses.

Cfr. http://www.interrogantes.net

Me han enviado este vídeo y me ha ayudado la bella prosa poética de este texto de Facundo Cabral que pretende aclarar algo interesante y que a veces no nos damos cuenta. Espero que te guste (video duración 7′ 28″).

Corrían los últimos años de los 70 cuando escuché esta canción por primera vez y me emocionó… Han pasado muchos años y aún sigue gustándome:

Comités de bioética (CdB)

Sábado, 23 agosto, 2008

Se ha definido la bioetica como una reflexión sistemática sobre los problemas de la biomedicina, de carácter interdisciplinar y pluralista, a la luz de los principios y normas morales.

Aunque ya desde 1971 en Medico-Moral Guide, los obispos canadienses proponían instituir en cada hospital católico comisiones médico-morales (cfr. también ese mismo año, los obispos de los EE.UU en Etihical and Religious Directives for Catholic Health Care Facilites), es comunmente aceptado que los Comités de bioética (CdB) se instituyeron formalmente con la sentencia de la Corte Su­prema de New Jersey del 31 de marzo de 1976 (caso de Karen Ann Quinlan), como órganos de emergencia con la función de sostén y de punto de referencia constante.

Digamos desde ya que los CdB tienen carácter consultivo, y dejan intacta la responsabilidad del profesional (investigador o médico) que es el que ha de decidir; incluso la presencia de dictámenes diversos puede ayudar a la toma de decisiones que siempre es responsabilidad de quien tiene la autoridad. Esto no hace vanos ni el peso ni el mérito de los CdB, cuyos dictámenes se solicitan con frecuencia de modo obligado, auqnue no sean obligates.

Son cuatro las razones por las que se justifica el re­curso a dichos Comités:

  • 1) Metodológica: para recomponer la “unidad antropológica” dentro de las ciencias médicas, hacer que converjan el conjunto de las disciplinas -cada vez más es­pecializadas (riesgos de fragmentación y reducción de los casos)-, y de este modo salvaguardar el bien de toda la persona en las diversas fases de investigación y de asis­tencia;
  • 2) Filosofico-Cultural: para encontrar un terreno común para el diálogo entre diversos modelos y visiones del hombre y de los problemas éticos en medicina, permitiendo una confrontación con las diversas éticas, incluidas las denominadas laicas;
  • 3) Deotológico-Político: para mantener la autonomía del médico en sus decisiones deontológicas frente a los condicionamientos de orden burocrático, políticos o económicos;
  • 4) Bioética Clínica: para poder tutelar mejor los derechos del paciente en el momento de la enfermedad y resolver los casos dificiles caso por caso, in situ.

La UNESCO se va configurando como el punto de referencia de la bioética institucional: en su estructura existe un Comité intermi­nisterial compuesto por ministros o delegados de los países que se han adherido a él. Dentro de la Unión Europea y en otras diversas naciones, existen además, tanto a nivel nacional como local, distintos tipos de CdB.

Lo dificil para las CdB es conciliar dos características importantes para dar soluciones adecuadas: la interdisciplina­riedad y el pluralismo. Por la interdisciplinariedad, trata de respetar la autonomía re­lativa de las diversas disciplinas implicadas, que por su parte también aceptan integrar sus aportaciones en orden a formar un juicio que responda a la exigencia ética de lo que es lícito o no, y bajo qué condiciones.. En la segunda instancia, la pluralista, el desafío es más complejo, porque entran en juego modelos éticos diferentes entre sí, incluso opuestos, y en relación también con religiones diversas.

Un desafío mayor para respetar la legítima autonomía de las di­versas disciplinas estriba en integrar sus juicios especialmente al valorar éticamente los datos, comparándolos con los valores antropológicos y las normas deontológicas y jurídicas. En este sentido, no siempre son satisfactorios ni el mínimo ético (porque se suele tratar en realidad no de mínimos sino de acoger el máximo de los valores), ni la mera salvaguarda de procedimientos (con­sentimiento informado del paciente, ética de la mayoría, etc. porque no tiene en cuenta a quien no puede expresar su consentimiento ni el bien objetivo de cada caso), ni las referencias internaciona­les, como la Declaración de Helsinki (que con frecuencia por si solas no consiguen superar las divergencias de opinión en casos concretos).

Partiendo de los fundamentos del personalismo ontológico, ha de favorecerse la confrontación y el diálogo en la búsqueda del bien global de la persona y además buscar el bien común a través de la consecución del bien de los individuos. Con todo, siempre quedarán algunos puntos de controversia que exigirán dictñamenes razonados e incluso con la firma de uno solo de los miembros.

Cfr. Lexicón. Términos ambiguos y discutidos sobre familia, vida y cuestiones éticas. Pontificio Consejo para la Familia (por Elio Sgreccia)

Viktor Frankl

“Cuando el mundo gira enamorado” de Rafael de los Ríos

La verdad es que aunque sigo impresionado por el doloroso accidente en Barajas (una oración), voy a seguir con el tema habitual de estos viernes últimos. Este capítulo es continuación directa del anterior pero añade una serie de casos de la experiencia clínica del Dr. Frankl que permite comprender mejor el alcance de la logoterapia. Como el mismo dice se trata de llegar al alma de las personas y acertar con la palabra precisa, capaz de iluminar su horizonte vital, y volver a dar sentido a la lucha de la vida. Al final del capítulo surge la posibilidad de la fuga…

Evidentemente, Henri estaba decidido a suicidar­se. No tenía esposa, ni hijos: nadie le esperaba en la vida. Tampoco creía en Dios. A pesar de su aspecto de «musulmán», mantenía la cabeza fría y miraba a Viktor de manera tan desafiante, que el psiquiatra decidió romper la tensión.

-Muy bien, Henri. Aunque no la comparto, res­petaré tu decisión. Más aún, este estúpido curandero os invita a todos a tomar un té con limón.

-¿Cómo? -se sorprendió el doctor Bela-. No me habías dicho que tienes nada menos que té con limón.

Viktor introdujo su mano en el cajón más bajo de la mesa y sacó una botella con cuatro vasos.

En un abrir y cerrar de ojos, los cuatro prisione­ros se bebieron el contenido de la botella. Viktor ob­servó que Henri estaba un poco más calmado.

-El té con limón es una de mis bebidas preferi­das para subir al monte -comentó el psiquiatra-. Soy guía de alta montaña: pertenecí a un club alpino en Austria.

-¿Quién, tú? -se burló el doctor Bela-. ¿Pre­tendes hacernos creer eso, si basta mirar tu aspecto delgaducho para que des pena?

-Si no me hubiesen quitado mi carnet en Ausch­witz, podría demostrároslo…

-¿Ha estado usted en el Himalaya o tal vez en los Andes? -preguntó Henri, esbozando una leve sonrisa.

-La verdad es que todavía no -se excusó el psiquiatra, con la expectativa de que Henri mostrase alguna de sus cartas ocultas.

-Pues yo sí -afirmó tajantemente el francés.

-Henri es geógrafo -explicó Kandel, el ruma­no-, y ha subido todos los picos más altos de la tierra.

-Casi todos -matizó Henri. Luego, añadió-: Pero no tiene ningún mérito. Simplemente, necesita­ba escribir una serie de libros de geografía.

El psiquiatra vienés atisbó un rayo de luz en los ojos del prisionero, y trató de que esa luz iluminase alguna senda entre la selva oscura.

-Si has escrito ya la colección entera -sonrió Viktor-, me temo que estoy en desventaja.

-No se preocupe -dijo Henri-. Me faltan al­gunos volúmenes: todavía puede alcanzarme.

-¿Cómo? ¿Te falta completar la serie? -el psi­quiatra se internaba en la selva con una luz ahora más potente- ¡Entonces tienes que vivir, Henri: has publicado una serie de libros, sin haber llegado a la cima de tu obra!

-¿Qué más da que una colección esté incomple­ta? -preguntó Henri.

-No da igual en absoluto -replicó Viktor-. En la vida te espera una obra que tú y sólo tú puedes concluir. Lo mismo que a mí: la vida me exige que reescriba el original de un libro que perdí en Ausch­witz. Para tu obra científica, tu vida es tan insustitui­ble como la vida de Kandel para su hija. ¿Me entien­des ahora?

El francés se quedó mirando, pensativo, el fondo de su vaso. Después, apuró el té con limón y dijo con tranquilidad:

-Le entiendo, doctor Frankl; créame que le en­tiendo. La verdad, nunca había pensado en ello: en mi vida hay una misión que sólo yo puedo realizar. Gracias. De verdad, gracias.

Cuando Henri y Kandel abandonaron el barracón, el doctor Bela recogió la botella y los vasos. Leer el resto de esta entrada »

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