¿Cuál es el mejor régimen político?
Lunes, 21 Julio, 2008
Supón que tuvieras que decidir cuál es la mejor forma de gobierno ¿Cuál elegirías? Según Montesquieu, una autoridad en la materia, se puede distinguir entre tres formas de gobierno básicas: la monarquía, la aristocracia y la democracia (cfr. nota).
En definitiva, lo esencial parece ser el origen del poder, distinto en cada forma de gobierno: en la monarquía se supone que el poder procede del cielo (ofreciendo como garantía la religión); en la aristocracia, procede de la riqueza o del prestigio de las armas (ofrece la garantía de su experiencia del poder); en la democracia, el poder soberano reside teóricamente en el pueblo (y su oferta sería el consenso popular).
Si cada uno de estos regímenes tiene sus ventajas por separado parece que el mejor y más beneficioso para todos sería un régimen político capaz de combinar acertadamente las ventajas de cada uno de los tres sistemas de gobierno. La respuesta a nuestra pregunta parece estar ya resuelta.
SIN EMBARGO, “el régimen político capaz de combinar acertadamente las ventajas de cada uno de los tres sistemas de gobierno” ya se ha realizado: son los regímenes totalitarios. Efectivamente, en estos regímenes: el Jefe detentaba los poderes de un monarca absoluto, su Partido constituía una especie de aristocracia, y el asentimiento popular se obtenía mediante un plebiscito.
Pero, entonces, si esta no es la solución ¿dónde está equivocado nuestro planteamiento teórico? Me parece, y con todo el respeto que se merece Montesquieu, que el error radica en definir los regímenes políticos sobre todo por su origen (o legitimación), olvidando algo tan esencial como es su finalidad (u objetivo ideal). Así tenemos:
La monarquía de derecho divino presentaba la singularidad de estar cerrada ya en este mundo (no se podía modificar en absoluto el orden establecido) pero dirigida y abierta hacia el Otro (dicho orden no ponía su fin en sí mismo sino que tenía la misión implícita de mantener a la sociedad en estado de alcanzar su salvación). Conviene no olvidar que la legitimidad teórica de este poder radicaba en esta finalidad.
El poder aristocrático no tiene más finalidad que su propia conservación. Esta finalidad lo descalifica aun cuando se ejerza con talento. Como no depende de Dios ni del pueblo, únicamente se sostiene por la fuerza, la corrupción, el mantenimiento de las divisiones sociales, y suele terminar por autodestruirse.
La democracia tiene por finalidad lograr una situación social ideal en la que el ciudadano pueda ejercer su libertad en plenitud. Esto lo lleva a cabo a través de la abolición del poder político mediante la superposición y, si es posible, la anulación de los órganos del gobierno. Los poderes legislativo, ejecutivo y judicial se neutralizan mutuamente de modo que se
Quizás ahora ya si, podemos intentar dar una respuesta a la pregunta. La monarquía de derecho divino me parece que es inviable hoy por hoy. La aristocracia se descalifica a sí misma. Queda, por exclusión, el ideal democrático: un ideal que no ha sido alcanzado todavía en ningún país, pero que es el que inspira, más o menos conscientemente, a todas las sociedades democráticas.
Nota: Evidentemente, cada una de ellas admite variantes: la monarquía puede ser absoluta o constitucional; la aristocracia obtiene el poder de una parte del pueblo, la más antigua o la más rica; y la democracia puede ser directa, como en Suiza, o indirecta, como en la mayoría de los países desarrollados, en los que el poder se ejerce por delegación del cuerpo electoral.


