A Él le parece bien…

Miércoles, 21 mayo, 2008

Tengo un amigo sacerdote que se enfada con frecuencia y cuando está de buenas me suele decir: “Rafa, un día de estos tengo pensado escribir un folleto espiritual que lleve por título algo así como: “la santificación del “cabreo” ordinario” ¿Qué te parece?” Yo le digo siempre lo mismo: “muy bien, muy bien”; y él me sonríe… Es muy importante no desanimarse.

Cuando el lunes pasado leíamos la escena de los discípulos del Señor, que tras varios intentos para expulsar un espíritu inmundo sin conseguirlo, le preguntan a Jesús: “¿Por qué no pudimos echarlo nosotros?” Y Él les respondió: “Esta especie sólo puede salir con oración y ayuno”… Perseverar, constancia, en la oración sin desanimarse…

No se tu, pero a mí, a veces me ocurre que empiezo a pensar que soy un desastre y que no hago nada bien, etc… No es verdad, pero en esos momentos me lo parece. Y entonces podemos plantearnos abandonar la lucha, diciendo -con cierta inmadurez de fondo- eso de: “O todo o nada”. Y “tiramos la toalla” antes de tiempo, desanimados por nuestros fracasos.

Me contaron que en cierta ocasión un padre esperaba con su hijo en la cola del confesonario, y el pequeñín, impaciente por la espera, quería irse a jugar a la calle. El padre le dijo: “tranquilo, ya solo queda este señor, y ya pasas tú a confesar”. El niño miró al señor, que al parecer era bastante gordo y dijo: “¡no, papa! que este señor es muy gordo y seguro que tiene muchos pecados”. El señor gordo se molestó y miró al padre con enfado. El padre, inmediatamente, corrigió a su hijo: “¡no, hijo, no! Este señor, aquí donde le ves, el día de mañana… ¿Quién sabe? A lo mejor Dios lo sube a los altares” El señor gordo sonrió complacido al padre y aceptó la disculpa. Pero el niño, miró al señor y luego al altar y comentó: “papá, pues como Dios lo suba a los altares, lo va a tirar todo”… Y así, me consuela pensarlo, puede que ocurra con nosotros, que subamos a los altares aunque lo vayamos tirando todo no hemos de perder la esperanza, y si es necesario nos llamarán “san tiralotodo”.

Por eso, me dice Fernando: “cada vez que ponen ante mí pecados terribles o problemas desgarradores, de una forma o de otra, siempre les acabo por decir: “reza”. Y lo mismo les digo cuando lo que me presentan son pecados veniales y problemillas sin importancia: “reza”. Otras veces, después de escuchar detenidamente a una persona, no me atrevo a aconsejarle nada, y entonces le pregunto: “¿rezas?”; cuando me contesta, ya me atrevo a aconsejarle: “entonces, reza”… Soy un plasta”.

Le he preguntado al Hijo de María, a Aquél que adelantó su hora merced a la oración de su Madre, aquel que fue concebido en una tarde de oración, si le parece bien esto de que sea un plasta y me ha respondido, que sí, que “Esta especie sólo puede salir con oración y ayuno”…

 

 

 

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