El día de la alegría

Miércoles, 2 Abril, 2008

“El que se ocupa demasiado en hacer el bien no tiene tiempo de ser bueno…” Acabo de leer esta frase de Rabindranath Tagore, y me ha dejado pensando… Efectivamente, a veces, estamos tan ocupados en las cosas del Señor, que se nos olvida el Señor de las cosas…

¡Cristo vive! ¡Cristo ha resucitado! No deja de gritar la Iglesia en estos días, para contagiarnos su alegría pascual… Una alegría cuya teología se encierra en un rostro, en la mirada de Cristo… Necesitamos mirar el rostro de Cristo para entender de ¡qué alegría se trata!

Zaqueo, cuenta san Lucas, era muy rico, pero era pequeño de estatura. Es como si nos dijera que como era y se sentía pequeño, buscaba compensar ese complejo a base de riqueza. La riqueza le servía para compensar su inferioridad. Pero en realidad no lo consigue porque cuanto más quiere él ser reconocido y llamar la atención, tanto más la gente le aísla y le desprecia… Porque Zaqueo solo puede crecer a base de empequeñecer a los demás, y claro, a esto no está dispuesta la gente… Vemos después a Zaqueo corriendo entre la multitud para ver al Señor, y como no puede, se sube a lo alto de una higuera… Y ahora comienza la Pascua (el paso del Señor) para Zaqueo… Jesús alza la vista y le mira a él, que siempre le habían mirado con indiferencia o apartado la vista, Jesús le mira y por primera vez se siente mirado con un inmenso cariño y respeto… Jesús, ve en los hombres el rostro de Dios… Esto produce en Zaqueo algo nuevo: recibe un rostro nuevo, una identidad nueva… Ante la mirada de Jesús, Zaqueo descubre su verdadero rostro, y su cara se llena de alegría. Jesús le llama por su nombre: “Zaqueo, baja”… Y él baja, él, el pequeño que quería estar en lo alto, baja al suelo de la humildad y así comienza su nueva vida… Una vida que comienza con una fiesta con Jesús, y quiere comer y beber con Él, y porque está profundamente agradecido decide dar la mitad de sus bienes a los pobres y devolver cuatro veces más si es que ha estafado a alguno… El sabe que se ha ganado así mismo y ya no necesita de esos medios para llamar la atención o recibir aprecio, ahora se siente libre para dar aquello a lo que antes estaba encaramado, se siente feliz… Ahora sabe quien es.

Y también me enseña a mí quien soy, y veo como Jesús se ha fijado en mi, y me mira, y me llama por mi nombre… Si ,ya sé quien soy: un pecador que ama a Jesucristo, y que se sabe mirado con esos ojos misericordiosos… Sí, solo eso, pero hoy “soy feliz”… Si, efectivamente, en el Cielo y en la tierra hoy es “el día de la alegría”.

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