Una nueva vida

Lunes, 31 diciembre, 2007

Como cuenta Slawomir Mrozek en “Juego de azar”:
“Decidí comenzar una nueva vida. Categórica e inapelablemente. Sólo quedaba una cuestión por decidir: ¿a partir de cuándo? La respuesta no dejaba lugar a dudas: “a partir de mañana”.

Al despertarme al día siguiente constaté que una vez más era “hoy”, igual que “ayer”. Puesto que había de comenzar una nueva vida “a partir de mañana”, no podía comenzar “hoy”. “No importa –pensé-. Mañana será también mañana”. Y pasé tranquilamente el día a la antigua. No sólo sin remordimientos de conciencia, sino lleno de buenos sentimientos y reconfortante esperanza.

Pero, por desgracia, el día siguiente era de nuevo hoy, igual que ayer y anteayer. “No es culpa mía –pensé- que algún demonio no pare de cambiar el mañana por el hoy. Mi decisión es irreprochable e irrevocable. Intentémoslo una vez más, acaso el demonio se canse y mañana sea por fin mañana.”

Desgraciadamente no fue así. Seguía siendo hoy y nada más que hoy. Acabé por perder la esperanza. “Todo parece indicar que nunca llegará ese mañana –pensé-. ¿Y si comienzo la nueva vida no a partir de mañana sino a partir de hoy?”. Sin embargo enseguida advertí lo absurdo de semejante planteamiento. Porque si hoy se repite invariablemente desde hace tanto tiempo, tiene que ser ya muy viejo, y por tanto cualquier vida hoy también tiene que ser vieja. Una nueva vida es una nueva vida y sólo es posible si comienza de nuevo, o sea a partir de mañana, si es que ha de ser de veras nueva.

Y me fui a dormir con la firme decisión de que a partir de mañana comenzaría una nueva vida. Porque a pesar de todo siempre tiene que un mañana.”

Quizás nos encontremos en una situación similar a la que acabamos de leer, un día como hoy, y fuera bromas, creo que puede ser una gran ocasión para llenarnos de esperanza y volver a intentar una vez más ese “comenzar de nuevo”, advirtiendo que tiene siempre más de “nuevo” que de “comienzo”…

¡Ah! Se me olvidaba: ¡Feliz Año nuevo 2008!

La familia

Domingo, 30 diciembre, 2007

La convocatoria en Madrid a la Misa por la Sagrada Familia ha sido un éxito desde todos los puntos de vista. Y además… El millón (y medio) de asistentes ha confirmado una vez más la sintonía que existe entre el sentir de Dios y el sentir de los hombres, respecto a esa gozosa realidad que es la familia.

Efectivamente, como ha escrito Enrique Monasterio, “Dios “quiso necesitar” una familia: su madre no es un adorno, una figura inútil del belén. Jesús necesitó de verdad una mujer que le abrigara con sus brazos y con el sonido de su voz, que le hiciera sentirse seguro y querido, que le enseñara a fijar la mirada en los ojos de los demás, a agarrar los objetos con las manos, a sonreír, a balbucir las primeras palabras. Ella y José le hicieron caminar y le levantaron del suelo, le ayudaron a utilizar los instrumentos domésticos y de trabajo…”

Alguien me dijo esta mañana, ante mi comentario, un tanto simplón lo reconozco, al ver la avalancha de gente que se había reunido esta mañana en Madrid: “Esto es una cosa bonita”… Me respondió: “Efectivamente, la familia, como todo lo que hace Dios es hermosa, más aún tremendamente bella! Pero lo más grande en este momento, no es su hermosura, sino el hecho de que esa belleza florezca en un momento como el presente, el que permanezca vigorosa sin ser arrastrada por el huracán que la está azotando. Viendo, aunque sea de lejos, lo que ha sucedido esta mañana en Madrid, uno se da cuenta de que lo verdaderamente grande, en la obra de Dios, no es la lírica, sino la épica”. Tras un breve silencio comenté:“Si, estoy de acuerdo.”

Aquí te pongo un vídeo breve (3:45) en el que se trata un poco sobre la naturaleza de la familia.

Una operación financiera

Viernes, 28 diciembre, 2007

Un 28 de diciembre…

“el cartero me trajo una postal con el siguiente mensaje: “O me deja antes del jueves, debajo de la piedra, en la plazoleta frente al mesón, cien mil en efectivo, o se va a enterar”. Firmado: “Oswald”.

Calculé que mi sueldo no me alcanzaría para pagar aquello. ¿Qué podía hacer? No tenía ganas de perecer a mi edad. Me senté y escribí la siguiente carta: “Estimado Señor: o bien encuentro el miércoles, a más tardar, frente al mesón, en la plazoleta, debajo de la piedra, cien mil en efectivo, o se va a enterar. Su Calavera. P.D.: No pido para mí, sino para alguien necesitado.” Tras una breve reflexión borré “cien mil” y puse “ciento cincuenta mil”. ¿Por qué no aprovechar la ocasión para ganar algo?

Ahora sólo quedaba decidir a quien podía enviar mi mensaje, dado que nadie tenía dinero. Por fin lo envié a un colega con el que mantengo amistad desde niño. Él tampoco tiene pasta, pero al menos sé su dirección y es un tío legal.

El miércoles fui a la plazoleta y miré debajo de la piedra. En lugar de dinero había una carta: “Estimado Señor Calavera: sólo puedo pagarle cincuenta mil y como más pronto el viernes por la mañana”. “Mejor esto que nada –pensé. Con todo, ¿de dónde puede sacar mi colega tanta pasta?”

Sin embargo, se acercaba el jueves fatal. Como seguía sin blanca, escribí una breve carta y la metí debajo de la piedra. La carta decía lo siguiente: “Señor Oswald: lo siento, pero sólo puedo pagarle cincuenta mil y como más pronto el sábado por la mañana. Atentamente: la Víctima”. Tras una breve reflexión taché “cincuenta mil” y puse “veinticinco mil”. ¿Por qué no aprovechar la ocasión para ganar algo?

El viernes por la mañana debajo de la piedra no había dinero, sino una carta: “Estimado Señor Calavera: ruego disculpe mi retraso. Tendrá su dinero, pero el domingo. Desgraciadamente solo la mitad.”

He aquí las sucesivas cartas mías a Oswald y las de mi víctima a mi:

“Señor Oswald: acabemos con esta historia. El lunes le daré cien pelas.”

“Señor Calavera: desgraciadamente hasta el lunes no recibiré cincuenta pelas de un tipo que me las debe. Así que el miércoles como más pronto, ¿vale? Un beso en la mandíbula”

Y una semana más tarde, el viernes siguiente, debajo de la piedra no encontré más que un paquete de Celtas. Mejor esto que nada. Sólo que los Celtas eran míos”.

Encontré esta divertida historia de Slawomir Mrozek en “Juego de azar” y me ha parecido que era una buena forma de gastaros una inocentada un día como hoy.


Nomadas del viento

Jueves, 27 diciembre, 2007

Solo esto

Las figuras rotas del belén

Martes, 25 diciembre, 2007

Precisamente en estos días de Navidad están saliendo a la luz los crímenes que se han cometido impunemente en esos mataderos que algunos se atreven a llamar “clínicas”. He leído este comentario en cfr: Las figuras rotas del belén y me ha parecido, que un día como hoy, podría venir bien en el blog, espero que le parezca bien a D. Enrique.

Se me ha roto la indita de barro que modeló Aya Misawa.

La tenía junto a mis libros. Era una figurita tosca, ingenua —la artista que la creó tenía entonces trece años—, pero llena de delicadeza. Representaba a una chiquilla de tez oscura y largas trenzas negras rematadas con lazos rojos.

La vi en el concurso de belenes del Colegio hace cinco o seis navidades. Cada una de las niñas de 8º había modelado tres o cuatro figuras para el Nacimiento. El resultado fue catastrófico y previsible: frente al Portal se agolpaban seis reyes magos, cuarenta pastores y pastoras, y una multitud de personajes de todos los colores y estilos. Aquello parecía una boca del Metro en hora punta. Localizar al Niño Jesús no era empresa fácil.

La indita estaba en un rincón, y se me antojó preciosa.

—¿Quién la ha hecho?, pregunté.

—¡Quién va a ser!: Aya.

Lo más probable es que nadie la echara en falta cuando pasó el jurado para emitir su veredicto. La “robé”. Sirvan las comillas para atenuar mi culpa. Ahora que Aya ha vuelto a su tierra de Japón, tal vez lea este artículo y me perdone.

Al llegar a mi despacho, a la figura se le cayó una trenza. ¡Vaya por Dios! Disimulé el estropicio con superglú, y la puse en lo más alto de todo.

Hace un par de Navidades intenté incorporarla al belén de mi casa, pero fue repudiada por el artista de turno. Hay belenistas adultos que pretenden hacerlo todo proporcionado y razonable.

Este año he cambiado de domicilio, y, como no hay mudanza sin víctimas, al llegar a mi nueva habitación, la indita ha aparecido sin trenzas y decapitada en el fondo de la maleta.

Mientras la depositaba piadosamente en la papelera, pensé traer a colación esta íntima tragedia, porque se acerca la Navidad y todos estamos a punto de montar el belén. No dejéis de hacerlo. Ya os conté hace algunos años cómo Dios mismo quiso preparar el suyo, y lo llenó de galaxias y de estrellas, como quien pinta un decorado, para arropar a Jesús en la cuna. Desde entonces, cada vez que ponemos el Nacimiento, es como si Dios mismo nos invitara a que le imitemos jugando a ser creadores de un universo de corcho, barro y papel de plata, donde pueda reinar el Señor.

Es verdad que cada año, al desembalar la caja en la que guardamos las figuras, encontramos siempre alguna rota: al burro le duran poco sus orejas y hasta San José pierde el báculo con tanto ajetreo. No importa: las ovejas descalabradas y los camellos descabezados caben en este juego.

Al fin y al cabo en el primer belén, en el que puso Dios, también hubo figuras rotas.

A Dios se le rompieron un montón de niños que deberían haber estado junto al Portal: los Inocentes. ¿Os acordáis? Había poderosas razones de Estado, y Herodes se encargó de la faena.

Muchas veces he pensado que aquellos mártires diminutos bien podrían ser nombrados Patronos y protectores de las demás figuras rotas que siguen tiñendo de sangre nuestros belenes. Hablo de esos millones de niños que Dios quiere poner en el mundo cada día, y no lo consigue: los que son utilizados para guerras que no son suyas; los que mueren de hambre; los que tuvieron que aprender a corromperse para poder vivir; los que, todavía hoy, subsisten como esclavos; y, especialmente, los más indefensos: los que se quedan en carne de quirófano, muertos en el seno de su madre con música de Mozart, bisturí y aleteo de batas verdes.

Hace años, los diputados lograron frenar, por un solo voto, un proyecto de ley que habría hecho aún más sencillo y trivial el aborto. Todos nos alegramos de aquel éxito. Pero ahora que ya ha pasado el tiempo y he olvidado los nombres, debo decir que sentí lástima al oír los miserables argumentos que utilizaban en el Congreso, no los abortistas, sino determinados “defensores de la vida”.

Uno aseguraba que “ya es suficiente” con la ley actual. Suficiente, ¿para qué? Quien acepta sin remilgos una ley homicida, se queda sin razones para poner límites a la muerte.

Otro se oponía al aborto por disciplina de partido. Aquél argüía que no había suficiente demanda social… Y hubo incluso quien apeló a motivos reglamentarios.

Me vinieron a la memoria unos versos satíricos de Miguel d´Ors:

Andrés se hizo fascista por profundos motivos de peinado./ Yvonne marxista porque las milongas de los Quilapayún(…)/ Doña Pura Testigo de Jehová por una minipimer, / Juan y Pedro mormones por razones de estricta sastrería…

Es cierto: en la prensa aparecieron espléndidas colaboraciones de médicos, de juristas, de filósofos; pero no oí a un sólo diputado recordar que la vida humana es sagrada. Los obispos se quedaron solos, como si defendiesen una mera cuestión religiosa.

Por eso, si encontrara los restos de la indita, descabezada y todo, trataría de ponerla en el belén, para no olvidarme este año de las figuras rotas.

¿Es bueno el hombre?

Lunes, 24 diciembre, 2007

ALGUNOS dicen que el hombre es bueno por naturaleza y que ha sido la sociedad quien lo ha corrompido (Rousseau). Son las instituciones, insisten, las que lo desnaturalizan empujándole a la hipocresía, a la rebelión, a la mentira y la violencia… Una forma de vida más acorde con la naturaleza y unas instituciones políticas que le permitieran una mayor expresividad de su natural bondad permitirían acrecentar en vez de reprimir su bondad natural. Sería la religión, y muy especialmente la doctrina sobre el pecado original, la que persuadiendo a los hombres de que su naturaleza estaba viciada y hace necesaria la ley y el poder coercitivo necesario para castigarlos, generando de este modo más temor y rebeldía… SIN EMBARGO, al menos que yo sepa, por ahora nadie se ha atrevido a mantener que el hombre para alcanzar su perfección lo único que tiene que hacer es dejar rienda suelta a sus pasiones e instintos.

OTROS dicen que el hombre no es ni bueno ni malo “por naturaleza”; por naturaleza el hombre es libre y es esta libertad la que le permite la opción moral, es apto para el bien y para el mal. El hombre puede obrar mal, y de hecho obra mal, pero ese mismo hombre puede con la ayuda adecuada (incluyo a Dios) llegar a las cumbres de la bondad; este optimismo realista lejos de empequeñecer al hombre le engrandece… Además la doctrina judeo-cristiana del pecado, es saludable y admirable, porque el pecado que se reconoce es perdonado, enriqueciéndose el hombre así de un modo misterioso y en una correspondencia de amor agradecido… Terminando así por ser mejor el hombre al final que al principio.

Cfr. El sentido de la vida

Los aliados secretos

Domingo, 23 diciembre, 2007

No hace mucho una mujer le dijo a un conocido, padre joven de cinco hijos: “¿Es que no ha oído hablar del control de natalidad?” Y le respondió de la forma más suave que pudo: “¿No estaba usted a favor de la libertad de elección? Pues esto es lo que yo he elegido”. Y añadió: “Creo que el mejor regalo que le puedes hacer a un niño es tener hermanos”.

Leí hace poco lo siguiente en un artículo de una pareja de Texas con diez hijos. Contaban que la mayoría de la gente se queda maravillada. En los restaurantes, la camarera les pregunta que de qué campamento o grupo son. Pero una vez, les dijeron: “¿Y se consideran personas responsables teniendo diez hijos?” La madre, Catherine Musco García-Prats, respondió: “No medimos nuestro sentido de responsabilidad por el número de niños que tenemos, sino por lo que hacemos con ellos”. En otra ocasión le preguntan si hay tiempo para querer a tantos, García-Prats contesta: “El amor se multiplica. Cada uno de ellos cuenta con nueve hermanos que lo adoran”.

Hay gente que dice que tener hijos significa contar con “alguien que venga a verme cuando sea viejo.” En el fondo, me parece una respuesta un poco pobre. Me parece que los niños invitan al sacrificio y estimulan la generosidad. Puede que los niños estén haciendo del mundo un lugar mejor porque obligan a sus padres a crecer y a pensar menos en ellos mismos… No sé bien como explicarlo, pues yo personalmente no tengo hijos, pero lo veo en las familias de los demás

Una conocida llevó a sus cinco hijos de compras. Cuando el dependiente de la caja se enteró de que todos los niños eran de ella, comentó: “Los hay avariciosos”. Qué extraño comentario; parece una justificación más que una crítica ¿verdad? Alguien me contó la siguiente situación cuando llevó a su primer hijo que tenía seis meses a un restaurante donde se encontró con unos conocidos: “Para la joven pareja que teníamos  al lado -decía-, tener familia no entraba en sus planes debido a las consecuencias para la figura de ella, la vida sexual de ambos, las noches de hockey de él y sus planes de viaje conjuntos. Él se inclinó hacia nosotros para expresar su opinión: formando una cruz con los índices de las manos, los colocó ante la cara de mi hijo, como para protegerse de todo mal, y anunció desafiante que en sus vidas los niños estaban absolutamente fuera de toda discusión. Ella, su mujer, no dijo nada…”

Pero las familias también tienen sus aliados secretos. Cuando, de repente, aparecen unos desconocidos que dicen “tiene unos niños preciosos” o “es usted valiente” o “qué suerte tiene”, esto levanta la moral de cualquiera… Personalmente, intento felicitar cuando veo a padres con hijos pequeños, y les ayudo a abrir una puerta sonriéndoles si me los encuentro en un lugar de paso o miro complaciente la carita del pequeño en el cochecito, etc. Una sonrisa cómplice que diga “la paternidad vale la pena”.

No hace mucho me contaron lo siguiente: una mujer tuvo que ir sola a la iglesia con su hija pequeña. Al final de la misa, la pequeña lloraba tan alto que muchos giraron la cabeza. La mujer se puso colorada y se le hizo eterno el camino hasta la puerta. Pero un desconocido se acercó a ella, la felicitó por haber acudido y le dijo que sabía que su labor era difícil. A pesar de lo mal que lo había pasado, cuando lo contó más tarde, aquella mujer estaba radiante. Nunca está de más que te den ánimos. En el mundo actual, los padres y las madres lo necesitan más que nunca.

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