Con ojos nuevos

Martes, 27 noviembre, 2007

Como ha escrito Miguel Ángel Martí en su ensayo titulado “La admiración” (1997) todo hombre, por el mero hecho de serlo, se siente llamado a interpelarse y a interpelar la realidad que le rodea; y sin admiración, su vida se convierte en algo anodino, que termina perdiendo sentido.

No es la vida quien enseña, lo que realmente enseña es la lectura que hacemos de ella. No basta ver las cosas, es necesario mirarlas bien para llegar a descubrir ese algo de nuevo que siempre llevan consigo. Se trata de tener el alma joven y la sensibilidad despierta, capaz de percibir esos “guiños” con que la realidad nos quiere sorprende.

También es vital aprender a admirarnos de las personas. Esto no es ingenuidad, ni tener una visión bobalicona de la vida. Se trata, más bien, de ver con buenos ojos a la gente, de fijarnos un poco más en los aspectos positivos de cada persona. Así tendremos la oportunidad de admirarlos, y con ello, les haremos y nos haremos mucho bien.

¿Y qué obstáculos hemos de superar para admirar a una persona que conocemos?

- El primer obstáculo es el acostumbramiento, porque incapacita para ver en la otra persona cualquier cosa que no sea lo ya sabido: se adivinan las contestaciones, se presupone determinada actitud, se dan por supuesto ciertos comportamientos, no se contempla la posibilidad de que el otro cambie y actúe de forma distinta a la prevista, no se da ninguna posibilidad de cambio.

- Otro obstáculo importante es la tendencia a infravalorar a las personas; o anteponer siempre sus hechos pasados a los presentes, y tener más en cuenta lo que era que lo que es; o fijarnos y recordar más los aspectos negativos que los positivos.

- La rutina -sigo glosando a Miguel Angel Martí- es la gran arrasadora de nuestra vida. Sólo quien es joven de espíritu ganará la batalla al cansancio de la vida. El hombre ha de precaverse contra el desencanto, el acostumbramiento y la rutina, y en ese ejercicio se juega la ilusión por vivir.

Quien es capaz de iniciar cada día con una visión nueva, se parece a ese lector que lee un pasaje de una novela en la que se describe una calle y queda admirado por su belleza, pero al poco tiempo se da cuenta de que aquella calle, que tanto le ha gustado, es muy parecida a la suya, que hasta entonces le pasaba inadvertida.

Con demasiada facilidad se dan por supuestas las cosas, y tendría que ser precisamente al revés. La vida debería estar atravesada por unos ojos que supieran descubrir en lo que ya es conocido una novedad ilusionadora. Esta riqueza interior se alcanza después de un largo trayecto lleno de dificultades, pero que una vez conquistada perfuma con su aroma toda la existencia humana.

Empecemos por ser agradecidos de la propia vida. El que agradece, disfruta con la realidad agradecida. Quien sonríe a la vida, la vida termina sonriéndole. La felicidad no está en disfrutar de situaciones especiales, sino en la buena disposición de ánimo con que se vive la vida. En realidad, está en nuestro interior la clave de la felicidad. Esto es necesario repetirlo una y otra vez, porque casi obsesivamente tendemos a buscar la felicidad fuera de nosotros, y por muchos que sean los esfuerzos no la encontraremos, por el simple hecho de que no está ahí.

Cfr. Interrogantes.net

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 563 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: