-¿Sabes?… Cuando uno está verdaderamente triste son agradables las puestas de sol.

Domingo, 18 noviembre, 2007

Por primera vez el principito comienza a desvelar algo de su interior y como si se tratara de un secreto nos irá descubriendo el por qué de su melancolía… Pero esto requería aún un tiempo. Así es en la amistad… Tiene algo de misterioso el abrirse del alma, he leído hace poco que se abre el alma a quien se quiere, al amigo íntimo, al hermano. Y se abre el alma, para recibir, cuando menos, interés, comprensión, afecto”. (Cfr. “Getsemaní”, pg. 72). Un importante elemento requerido y algo olvidado en la amistad es la confianza total en el receptor y que presupone en éste total lealtad y discreción absoluta. Por eso generalmente también es necesario un periodo más o menos largo de trato y conocimiento mutuo que puede ir creciendo escalonadamente conforme crece la intimidad en el trato y se percibe la sinceridad e interés en el que escucha; perseverancia en el trato, de una manera u otra (cartas, citas, paseos, llamadas,…).

VI

¡Ah, principito!, cómo he ido comprendiendo lentamente tu vida melancólica! Durante mucho tiempo tu única distracción fue la suavidad de las puestas de sol. Este nuevo detalle lo supe al cuarto día, cuando me dijiste:

-Me gustan mucho las puestas de sol; vamos a ver una puesta de sol…

-Tendremos que esperar…

-¿Esperar qué?

-Que el sol se ponga.

Pareciste muy sorprendido primero, y después te reíste de ti mismo. Y me dijiste:

-Siempre me creo que estoy en mi casa.

En efecto, como todo el mundo sabe, cuando es mediodía en Estados Unidos, en Francia se está poniendo el sol. Sería suficiente poder trasladarse a Francia en un minuto para asistir a la puesta del sol, pero desgraciadamente Francia está demasiado lejos. En cambio, sobre tu pequeño planeta te bastaba arrastrar la silla algunos pasos para presenciar el crepúsculo cada vez que lo deseabas…

-¡Un día vi ponerse el sol cuarenta y tres veces!

Y un poco más tarde añadiste:

-¿Sabes?… Cuando uno está verdaderamente triste son agradables las puestas de sol.

-¿Estabas, pues, verdaderamente triste el día de las cuarenta y tres veces?

El principito no respondió.

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