La comprensión

Jueves, 11 octubre, 2007

La sociedad humana no es un sistema perfecto en el que todos sus elementos estén ajustados mutuamente de modo conjunto y unido, sino que más bien está formada por personas cada una de las cuales tiene su índole especial, cada uno tiene su camino, sus objetivos y su destino. Por muchas que sean las mutuas relaciones que entrelazan a los miembros de la sociedad, cada uno tiene su propio centro que le hace trascender ese entramando. Además hay que añadir las fuerzas hostiles que actúan en cada uno y que no pocas veces hacen dificultosa y hasta llegan a destruir la convivencia. Por eso para que la convivencia social sea no solo posible sino fecunda se hace necesaria entre otras muchas cosas la comprensión.

Por ejemplo, en la calle se me acerca uno, me mira y veo que su atención se dirige hacia mí, que se “refiere” a mí… En el rostro leo que su actitud hacia mi es amigable o de aversión o que está perplejo… Entonces me explica la conducta que en una determinada ocasión tuvo conmigo y que a mí me sorprendió, y entonces lo comprendo y se me hace claro lo que antes no podía saber. Cada uno lleva un mundo interior, lleno de situaciones, disposiciones, emociones, etc., que en un primer momento están escondidos pero que pueden salir por medio de la palabra, la expresión… Comprensión es aquí saber leer y escuchar lo que se pretende en el interior, partiendo de lo observado exteriormente.

Y ¿qué ocurre cuando los demás quieren ocultar lo interior? Cuando están intranquilos y quieren aparecer serenos, dominando la situación. Entonces se podría hablar de la comprensión como de una perspicacia que nos permitiría por la expresión de los ojos o por pequeños movimientos dominados o en detalles de la actitud del cuerpo, etc., ver qué es lo que pasa detrás, qué es lo que esconde… Incluso se podría llegar a advertir que no solo oculta algo, sino que además muestra algo que no es, que quiere engañar, que finge, que muestra interés y es indiferente, etc. Compresión es entonces, ser capaz de mirar a través de ese conjunto de actitudes y descubrir lo que actúa en verdad y notar además la insinceridad.

Pero hay más todavía. Por ejemplo: alguien reacciona de un modo brusco en un momento. La comprensión significará ver como ese sentimiento encaja en el conjunto de su forma de ser. Así, en un tímido una reacción violenta puede ser una forma de protegerse, de ocultar su interioridad; mientras que en un grosero suele ser una manera de imponer su voluntad… Comprender es entonces descubrir esa conexión que acierta con el significado real de esas actitudes, gestos o palabras.

La comprensión además de percibir la forma de ser, también advierte lo ocurrido en el tiempo. ¿Por qué éste es tan asustadizo? Porque antes le hicieron daño… ¿Por qué es desconfiado? Porque le han engañado muchas veces… ¿De dónde le viene esa mirada tan despegada y a la vez tan expectante? Ha encontrado en su vida poca comprensión y tiene anhelo de ella… La comprensión significa saber entender también estas cosas.

¿Qué hacer cuando tratamos con caracteres poco comunes, con situaciones enfermizas, con destinos peculiares, ante los cuales la observación debe hacerse creativa para poder captar y penetrar esas rarezas…? Nada de esto es fácil… ¿Qué se requiere para aprender a comprender?

Existen personas que están especialmente dotadas para ello, que tienen una agudeza en la mirada, una finura de la sensibilidad, una capacidad de sincronizar con los demás que les permite superar esa distancia o extrañeza que hay entre las personas. A esto se añade un segundo elemento: la experiencia en la medida en que ayude a tener una mirada más clara, una sensibilidad más fina, una adaptación más rápida, un recuerdo de lo antes observado que de la clave para lo que ocurre ahora.

Podríamos añadir un tercer factor: evitar clasificar a las personas en clave de egoísmo: las que soportamos y las que no soportamos, los amigos y los no amigos, etc. La mayor parte de los juicios recíprocos en el fondo se reducen a esto: éste me resulta agradable y ése desagradable; a éste le puedo manejar y a ese otro no le puedo usar. Pero solo cuando salimos de la relación egoísta (que divide a las personas en dos bloques) e intentamos dejar valer al otro tal como es, sin introducirlo en el esquema de mis inclinaciones o aversiones, y le digo: “tienes el mismo derecho de ser tu mismo, como yo a ser yo mismo…” Solo entonces la mirada queda libre y puede aparecer la comprensión.

Cfr. Romano Guardini, en “ética para nuestro tiempo”

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