Los dones son para donarlos

Miércoles, 5 septiembre, 2007

Hoy es miércoles y estamos con nuestra ya casi habitual meditación de la semana: lecturas de la misa del día

Se lo he escuchado a un amigo sacerdote que vive en Roma y me emocionó, por eso te lo escribo, me aseguró que se trataba de una historia real (su fuente es de un viejo párroco. Sucedió en el centro histórico de Roma en 1943/44 -final de la segunda guerra mundial-).

Aquella mujer, ya anciana, era conocida en la parroquia por su profunda piedad y por su pobreza llevada con dignidad. Vivía desde hacía años en un Ático paupérrimo y a menudo tenía que acudir a la parroquia para alguna ayuda económica pues vivía de la mendicidad. Un día apareció en el despacho parroquial, con la intención de pedir una misa por una intención suya, el sacerdote le dijo que de acuerdo y entonces ella saco de entre sus ropas un pañuelo blanco que deslió cuidadosamente apareciendo varias monedas de oro de las que hacía más de 100 años que no circulaban ya (al parecer era de su madre, que a su vez lo recibió de su abuela), y dijo: “quiero ofrecer esto por la misa”. El sacerdote advirtió que aquello era su pequeño tesoro y se negó a aceptarlo, le dijo que no era necesario, que el sabía que carecía de medios económicos, y que guardara aquello por si llegaba una situación de enfermedad grave o algo así que lo necesitaría… Ella insistió de tal modo que tuvo que aceptar aquellas monedas. Mientras las recogía le preguntó a la viejecita: “Y ¿cuál es la intención por la que quiere que aplique la Misa?” Entonces ella dijo, con gran calma y con el rostro emocionado: “Vorrei ringraziare Dio che ha fatto così bella la Madoona” (Para agradecer a Nuestro Señor, lo hermosa que ha hecho a la Señora)… El sacerdote no supo que decir, quedó conmocionado, pero fue poco a poco comprendiendo que esa intención era profundamente cristiana”.

He visto hacer algo similar en los niños, haz la prueba, si les miras fijamente mientras comen algo, te lo terminan ofreciendo; si les das un juguete, lo toman y al punto extienden la manita para dártelo a ti… Se trata de una especie de Sabiduría que solo aprenden los niños y la gente sencilla. Cuando nos hacemos mayores, nos complicamos; tomamos el “juguete” con ansiedad, nos damos la vuelta y nos encerramos en la habitación a “jugar” nosotros solos. Pero, existe una Ciencia secreta que descubre al niño y al hombre sencillo que los dones son para donarlos, que en ese juego de entrega mutua hay más felicidad que en el egoísmo del pecado, que hay todavía mas felicidad en el gesto de dar que en el de recibir…

Fíjate en un detalle del evangelio de hoy: “Él, de pie a su lado, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose en seguida, se puso a servirles”. La suegra de Simón entendió que la salud concedida era para derramarla sobre los demás, para emplearla en servir a Aquel que la había curado. Otros, quizás yo entre ellos, hubieran aprovechado el milagro para continuar la vida, su vida, como si no hubiera pasado nada. Aquella mujer pertenece a ese grupo selecto de almas que ha entendido el gozo que hay en dar lo recibido.

Dios mío, empieza el curso, me ofreces una oportunidad más, un tiempo más para amar, para servirte. La salud que me concedes, quiero ofrecértela trabajando pensando en Ti. El cuerpo que me regalas, en ofrecértelo como expresión de mi amor. Las cruces con que me bendigas, en mitigar la soledad del Crucifijo… Tan sólo algo que me has dado me gustaría compartirlo contigo: María. A María, si quieres, la compartimos. Pero yo no la suelto por nada del mundo.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 522 seguidores

%d personas les gusta esto: