Una extraña sensación de impaciencia

Miércoles, 15 Agosto, 2007

Apoc. 11, 19a; 12, 1. 3-6a. 10ab Sal 44, 10bc. 11-12ab. 16 Corintios 15, 20-27a Lucas 1, 39-56

No cabe duda de que el rostro humano está especialmente dotado para reflejar los sentimientos y estados de ánimo, no en vano decimos que “el alma es el espejo del alma”. Incluso algunos van mucho más lejos en sus argumentos, tal es el caso del FaceAnalyzer, donde cargando una foto de uno mismo, un programa le revela los rasgos de su personalidad, inteligencia, sociabilidad, etc… Incluso, los ingresos que uno puede llegar a tener.

Fuera bromas, hoy día de la Asunción podemos imaginar como es el rostro de la Virgen María, expresión viviente de un alma maravillosa y única, la obra maestra de un Dios artista y enamorado. Con cuanto amor se mirarían Jesús y su Madre, ya aquí. Nunca se separaron sus miradas, ni siquiera en aquella hora amarga de la Cruz. Sus ojos más que nunca entonces se buscaron para encontrar ese Amor de Dios hecho ternura y sostenerse mutuamente. Aquella mirada materna se la quiso llevar el Señor con él. ¡Y cómo te comprendo Señor!.

Hace un tiempo a Fernando, el sacerdote del que te vengo hablando, le leí como una niña Ana, de 10 años, acompañada por su madre entró en su despacho y le dijo: «“Escuche a mi hija porque tiene un problema que no la deja dormir”. Me quedé a solas con ella; desde que murió su abuelito, necesitaba encontrar la respuesta a una pregunta: “el día que yo suba al Cielo –me dijo llorando-, ¿cómo podré reconocer a mi abuelito entre tanta gente? ¿cómo sabré quién es Jesús? ¿cómo distinguiré a la Virgen? ¡Seguro que me perderé!”… Cuando acabó de hablar, quien estaba a punto de llorar era yo (…) Desde luego no iba a responderle con un chorreo doctrinal acerca de la escatología intermedia y la gloria accidental… Le respondí sencillamente…: “los reconocerás por los ojos; cuando llegues al cielo, tu abuelito será más joven. Pero saldrá a tu encuentro, te mirará, te sonreirá, y tu saltarás a su cuello y lo llenarás de besos. Jesús será más guapo de lo que imaginas; pero , en cuantito te mire, te darás cuenta de que es Jesús por el Cariño que hay en su mirada. Respecto a la Virgen María… ¡No temas! Cuando mueras, será ella quien te despierte, te de el primer beso, y te lleve, primero junto a Jesús, y después junto a tu abuelito”. Ana se fue contenta. Los misterios, sin duda alguna son para los niños».

Hasta aquí esta anécdota, pero personalmente confieso que me enamora pensar que la Virgen tiene ojos, y que tienes labios, y que tiene manos, y que podré mirar esos ojos misericordiosos, y que me dará un beso y que me acariciará… No se querer de otro modo, lo siento, pero mi forma de querer es también con el cuerpo, y me llena de gozo y consuelo saber que esto será así…

Me gusta vivir y me gozo con la vida, amo el mar, el cielo y las aves, me encanta el aire fresco de la mañana y me emociona una puesta de sol… Pero se que estoy aquí de paso, y que le he entregado al Señor mi corazón y mi vida y aunque amo la vida, siento a la vez una extraña sensación de impaciencia, una santa impaciencia de ver con mis ojos a mis amores, de abrazarles con mis brazos, de acariciarles con mis manos, de estar con ellos, de reír con ellos… Y solo esta esperanza me llena de un modo distinto y nuevo: esta es la gran noticia que me trae este día, y me parece que a Ana, la pequeña, también.

 

Leave a Reply