“La magia de la solidaridad”

Miércoles, 27 junio, 2007

Me lo envío Oliver. Es muy parecido al último “gesto de amor” pero la idea es muy bonita y se puede aplicar a muchas otras realidades.

“Por sus frutos los conoceréis”

Miércoles, 27 junio, 2007

Hola: aquí estamos otro miércoles con la meditación. Hoy es más breve de lo habitual.

Evangelio de hoy

Hay frases del evangelio que parecen como si encajaran particularmente bien con nuestra sociedad; ésta, por ejemplo, sería un buen lema publicitario: “compare la rentabilidad de nuestras acciones con las de la competencia; compare las prestaciones de nuestro coche con las de los demás; compare lo que se liga con nuestra colonia en una noche de juerga con lo que consigue usted pringándose con esos potingues que usa… Por sus frutos los conoceréis“. En un mundo como éste, de gente activa y enérgica, la eficacia es la medida de la vida. Y no se hable más.

¿Qué pasaría si explicásemos al hombre de hoy el verdadero sentido de esta frase evangélica? Me contaba Fernando, este amigo sacerdote del que os he hablado otros días: “Cada comienzo de mes acudo al lecho de una mujer anciana, cuya enfermedad le impide hablar, moverse y hasta quejarse de una terrible herida que empieza a oler a podrido. Parece un vegetal, y la mantiene en vida el alimento que se le introduce por una sonda a través de la nariz. Me acerco a ella, la invito a arrepentirse de sus pecados, y siempre le digo: “ahora, yo en voz alta, y tú hacia dentro, vamos a ofrecer al Señor tu enfermedad por la salvación de todas las almas”; y siempre, cuando llega ese momento, esa mujer que no puede hablar, pero que lo oye todo, deja caer por sus mejillas unas lágrimas de fuego que me queman las manos cuando las toco… Está diciendo que sí...”

¡Que bonito es esto, Dios mio! ¿Qué pasaría si yo dijera que es inmensamente más eficaz esa vida que la de todos los locos perfumados que quieren controlar los destinos del mundo sin contar con Dios?

¿Qué pasaría si dijera que la criatura más dotada que ha pasado por la tierra, preparada para ser nada menos que “Madre de Dios“, se abrazó a una Cruz de infamia por amor y por obediencia? ¿Qué pasaría si dijera que esa mujer, una mujer sencilla de una aldea de Nazareth, ha sido la mujer más influyente en la historia de la humanidad? ¿Qué pasaría si dijera que una persona humana como nosotros, que para la sabiduría del mundo no fue nada, hoy día es considerada por cientos de millones de personas el instrumento indispensable para el mayor acontecimiento y con diferencia de la historia: la encarnación de Dios mismo?

No sé lo que pasaría, pero tengo que decirlo porque yo… yo, soy también “Fruto de su vientre“.

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