¡Señor, que ponga hoy buena cara!

Miércoles, 20 Junio, 2007

Un miércoles más con esta meditación que ya empieza a ser habitual.

2Cor 9, 6-11; Sal 111; Mt 6, 1-6.16-18

Seguro que solo algunos os acordáis, porque hace quince años de aquello, aunque el hecho ya es leyenda en economía. Allá por 1992, James Carville, el director de la campaña de Clinton para las elecciones presidenciales, ordenó que en el cuartel general de la candidatura se colgara un cartel con ese provocativo lema: “La economía, estúpido”. Un recordatorio que no iba dirigido al oponente republicano en la pugna electoral, sino a todos los miembros del equipo del candidato demócrata. Para muchos, esa estrategia fue la que hizo que un entonces modesto gobernador de Arkansas diera la vuelta a todas las encuestas e impidiera la reelección del presidente Bush. Hoy a muchos cristianos se nos podría recordar algo parecido: “¡La cara, estúpido!”. Con gusto pondría hoy muy visible, para que no se nos olvidase a los cristianos al verlo cada día: “¡Señor, que ponga hoy buena cara!

“Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido”.

Efectivamente, cuántas veces al tener que hacer algo especialmente costoso por el Señor, en nuestra cara aparece para que la gente se de cuenta lo cansado que estamos, lo sacrificado que somos y gran esfuerzo que estoy haciendo. Es como una entrega a medias, un poco a regañadientes… Quizás a alguien al vernos así le entre ganas de decirnos: “¡Tranquilo, hombre, que no es para tanto!” Sí, en teoría queremos que nuestras obras hablen de Dios, pero en la práctica nuestras caras sólo hablan de nosotros mismos.

¡Señor, que ponga buena cara! Aunque esté cansado, aunque me esté costando muchísimo, aunque no pueda más y vaya a reventar de un momento a otro… ¡Aunque esté triste! Señor, que no cargue a los demás con mis pesares. Y ¿esto no es hipocresía? No, no lo es si se hace por Dios. Es caridad. Es humildad. Es generosidad. Lo leí en Camino (626):

“¿Verdad, Señor, que te daba consuelo grande aquella “sutileza” del hombrón-niño que, al sentir el desconcierto que produce obedecer en cosa molesta y de suyo repugnante, te decía bajito: ¡Jesús, que haga buena cara!?”

Y al revés, ese gesto triste y malhumorado, ese sentirte “víctima”, es tacañería y mira lo que dice hoy San Pablo de los tacaños:

“El que siembra tacañamente, tacañamente cosechará (…) Al que da de buena gana lo ama Dios”

Madre mía: ¡ayúdame a poner buena cara!. Creo que se lo leí a mi amigo Fernando, decía que el tenía una invocación especial para la Virgen en estos casos: “Madre de la buena cara ¡ruega por nosotros!”. Prueba a ver.

3 Responses to “¡Señor, que ponga hoy buena cara!”

  1. jose Says:

    muy bonito. El único defecto que le veo a esta lectura es que algunas personas son tan cristalinas y sinceras que enseguida se les nota en la cara lo que les pasa, pero estoy TOTALMENTE DE ACUERDO en lo que has dicho.


  2. En el último parrafo pone “se lo ley” Yo creo que debe decir “se lo leí”. Me gusta hacer de corrector de pruebas.Por lo demás estupendo

  3. rsanzcarrera Says:

    Muchas gracias. ¡Cómo se nota que eres una buena educadora!


Leave a Reply