Necesitas reflexionar

Martes, 1 mayo, 2007

 

Hoy 1 de mayo, san José Obrero, un día festivo en que hacemos un alto en el camino de nuestro trabajo cotidiano, me ha parecido una buena ocasión para empezar esta nueva categoría: “consejos”. En ella trataré de hacer breves indicaciones o advertencias prácticas sobre diversos aspectos que aunque conocidos olvidamos fácilmente. Espero que alguna vez te sirvan de ayuda. Empezamos:

“no debemos limitarnos a hacer cosas, a construir objetos. El trabajo nace del amor, manifiesta el amor, se ordena al amor” (san Josemaría)

“La razón por la cual no tenemos ratos de silencio en estas vidas programadas -explica para Alfa y Omega el escritor Juan Manuel de Prada- tiene que ver con la necesidad de los políticos y de los poderes en general, de que la gente no tenga tiempo para pensar, sumergiéndolos en ocupaciones que ellos creen importantes. Es un truco de esta sociedad consumista. La sociedad actual necesita la prisa, el ruido es necesario para mantenerla. Si la gente se pusiera a pensar, a meditar, posiblemente muchos renegarían de su vida y de su trabajo. Y es que el silencio, definitivamente, nos acerca a las verdades últimas de la vida”.

Cuando una persona se encuentra agobiada por el peso de una preocupación, solemos decirle que necesita distraerse. Y le recomendamos que salga un poco de todo ese entramado de tensiones que le oprimen, y busque fuera de él un horizonte más luminoso y recomponedor. Y efectivamente, lo normal es que ese periodo de descanso en un ambiente gratificante produzca el cambio deseado. Pero también se puede dar el caso de que lo que una persona necesite no sea distraerse sino reflexionar: volverse sobre sí misma para hacer de su vida objeto de sereno estudio, y encontrar así conclusiones válidas para eliminar errores y vivir con más acierto.

Recapacitar, pensar con calma puede tener resultados muy beneficiosos para quien esté convencido de su necesidad. Precisamente esto es lo más difícil, convencernos de que necesitamos pensar. ¿Por qué no suele costarnos entender que necesitamos distraernos, pero cuando la necesidad es de reflexión, nos cuesta más caer en la cuenta? Quizá se deba a que la reflexión va íntimamente unida a la conducta diaria, y quizá advertimos que hemos de cambiar algo en nuestra vida, y nos cuesta hacerlo, y rehuimos pensar en ello.

Necesitamos de unos ratos de silencio. La verdad de uno mismo sólo se percibe en el silencio. La paz, el conocerse a sí mismo, la reflexión profunda, la humildad y la perplejidad ante la vida sólo surgen escuchando el sonido más dulce y sencillo que Dios inventó para el hombre: el silencio.

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